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SOBRE LA FORMA NATURAL Y ESPONTÁNEA DE HABLAR CON REFRANES QUE TENEMOS LOS CUBAN – Nostalgia Cuba

SOBRE LA FORMA NATURAL Y ESPONTÁNEA DE HABLAR CON REFRANES QUE TENEMOS LOS CUBANOS
.“Hay más refranes que panes; y cuando no tengas pan, pide consuelo a un refrán”, o “La persona que es curiosa, tiene un refrán para cada cosa”: así pensamos muchos cubanos, quienes tenemos una forma de hablar característica. El cubano se distingue por su desenfado, y sobre todo, por el empleo de frases que son el resultado de siglos de sabiduría popular condensada. Son dichos, dicharachos, refranes, frases, como se desee llamarlos, pero la manera en que la mayoría del pueblo cubano emplea códigos verbales para referirse a determinadas cosas en Cuba, es algo que nos caracteriza; un lenguaje rico en aforismos, en frases que pasan de boca en boca y se van haciendo populares para una generación de personas. En este grupo entran los llamados refranes, expresiones breves que van cargadas de consejos y enseñanzas.
Desde el muy citado “A quien madruga, Dios le ayuda”, hasta “Árbol que nace torcido jamás su tronco endereza”, entre otros, considero que Cuba es rica en la creación y apropiación de estos dichos sentenciosos, que funcionan a manera de consejo o moraleja y que, casi todos, solo tienen sentido para nosotros los cubanos. Por ejemplo, decimos “cuando el río suena, es porque piedras trae”, o sea: los rumores pueden tener algo de cierto; o “más vale precaver que tener que lamentar”, si debemos adelantarnos al problema para que no cobre fuerza; o “a buen entendedor con pocas palabras basta”, para indicar que no son necesarias muchas palabras a quien se presupone que entiende lo que se le dice; y “a caballo regalado no se le mira el colmillo”, si pensamos que no hay que ser exigente con lo que se recibe gratis y sin esfuerzo; y si decimos “agua pasada no mueve molino”, estamos considerando que el pasado no produce efectos en el presente; o lanzamos un “al mal tiempo, buena cara” para recomendar mantener el ánimo en los momentos difíciles; y “a lo hecho, pecho” al asumir las consecuencias de nuestros actos; o “eres un barco”, si dejas los deberes para última hora; o “estás detrás del palo”, cuando alguien no sabe la última noticia. Y así centenares de frases que nadie que no sea cubano las entenderá, como “me dieron gato por liebre”; el profe “metió pesca’o”; “me sacaron un sable”; fulano “es un quema’o”; la vieja “amaneció con el moño virao”; “no hagas leña del árbol caído”; o él “está hecho un maceta”.
Se imaginan a alguien que haya estudiado español en otro país, venga a Cuba para practicar lo aprendido y, conversando con un cubano este le diga: “Asere, qué bolá, estás en llama, tienes que coger un diez pa’ estar arriba de la bola y agarrarte de un clavo caliente si no quieres sacarte la rifa del guanajo, porque esa jeva es más rollo que película”.
Los cubanos también tenemos muchas formas ocurrentes para decir que uno se está enfadando, algo muy propio de nuestra idiosincrasia mal que nos pese, y aplicadas a ese nacimiento de la ira, decimos “habla lindo que a tu edad no salen dientes”, aclarando que lo próximo serán una o varias bofetadas “tumba dientes” sin misericordia; o “juega con la cadena, pero no con el mono”, señalando la “zona vedada” para que el interlocutor no siga andando por esa vía; o “le estás buscando las cuatro patas al gato”, significando que el hostigamiento del contrario está dando resultado, y está al encontrar nuestras garras felinas; y también “se me va a subir lo de negro a la cabeza”, porque es a la raza negra a quien le atribuimos la fuerza indómita, el genio vivo; o si no, “me tienes hasta la coronilla”, que casi siempre se acompaña con el toque de la punta de los pelos en el medio de la cabeza, una señal de hasta dónde nos llega el disgusto.
Así somos los cubanos, gente que nos reímos con la misma facilidad con la que peleamos, pero, eso sí: pueblo ocurrente bajo cualquier circunstancia, hasta para despedirnos de nuestros semejantes, cuando le echamos mano a términos que incluso constituyen “préstamos” de otras lenguas, y casi siempre con un tono marginal y callejero, a ratos chabacano, como “Voy en pira”; o “Andiamo”, que viene del idioma italiano; o “Chao pescao….”, ya muy común en centros escolares y laborales; o “Abur” que significa “hasta luego”, aunque los más utilizados son el “Voy tumbando”, “Voy echando”, “Voy bajando”, “Tunturuntu”, y hasta el “Gudbai”, una cubanísima derivación del Good Bye inglés.
Por otra parte, como ya se sabe los cubanos tenemos fama de ser bien enamoradizos, dada nuestra naturaleza intensa y pasional, y también tenemos nuestras formas de llamar a alguien que está pasando por lo mejor que puede pasarnos en la vida: estar enamorados; y al enamorarnos decimos “estoy partí’o contigo”, o “estoy engancha’o”. o “estoy frito”, o fulana “está super cogía conmigo”, o fulano “está muerto con mengana”.
Pero posiblemente las frases más ocurrentes de los cubanos están concentradas en los llamados “piropos”, y los hay de todos tipos: graciosos, románticos, groseros y picantes, pero siempre con el toque pintoresco de quién deja de lado la timidez, y para hacerse notar le dice a la muchacha que pasa a su lado: “Dios te guarde y me dé la llave, mami”; o “Mami, si San Lázaro te ve, suelta las muletas y sale corriendo”; o “Niña, si la policía te coge te pone una multa por exceso de carne en el maletero”; y también “Cariño camina por la sombrita, que en el sol se derriten los bombones”; o “Linda, ¿crees en el amor a primera vista, o tengo que pasar de nuevo?”; y hay más, como “¡Niña, tú con tanta carne y yo pasando hambre”; o “Chula, estás como la langosta: cola na’ma”; o “Cosa rica, tú mereces ser declarada patrimonio nacional”; o “Mami, tú con tantas curvas y yo sin frenos”; o “Muchacha, te ves tan dulce que sólo con mirarte engordo”; y también “Mamita estás como Santa Bárbara, santa por delante y bárbara por detrás”; o “Preciosa, si la belleza fuera pecado tú jamás irías al cielo”; y así, los ejemplos serían interminables, frases de conquista donde se ponen de manifiesto el ingenio y la picardía de los cubanos, a quienes los piropos se nos dan de forma natural y espontánea, como las plantas silvestres…
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