¿Martí fue un Caballero de la Luz?

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¿Martí fue un Caballero de la Luz?
La Orden Caballero de la Luz fue fundada el 9 de mayo de 1873 en la ciudad estadounidense de Filadelfia y por el tabaquero cubano José González Curbelo bajo el nombre de Sociedad de Socorros Mutuos La Luz. Se propuso agrupar a simpatizantes de la gesta emancipadora para surtir de pertrecho militar y hombres a los campos de la Mayor de las Antillas, todo ello mediante el trabajo discreto y organizado.

Aunque en un inicio la agrupación adoptó el estilo litúrgico de la masonería, ya para finales de 1874 acuerda regirse por las ideas del sabio mentor José de la Luz y Caballero, y toma el título de Caballero de la Luz. Según consta en su Declaración de Principios, asumió “la creencia en un Ser Supremo, la práctica del bien, la exaltación de la virtud, la conquista de la libertad, el imperio de la justicia, del amor y la fraternidad”.

La Orden de a poco ganó relevancia hasta convertirse en un eslabón imprescindible dentro de la emigración, pese a la férrea vigilancia de las autoridades norteamericanas y a las discrepancias entre los grupos seguidores de Miguel Aldama y Manuel de Quesada, en teoría, encargados de apoyar el conflicto con España desde el exterior.

Cartas similares a la envidada por el propio Quesada el 26 de noviembre de 1873 en nombre de la Agencia Confidencial de la República de Cuba a González Curbelo en la que abordó la imposibilidad de llevar a cabo una expedición para trasladar voluntarios “por falta de los recursos necesarios”, hablan por sí sola de la influencia de la recién creada organización y de las muchas flaquezas del exilio.

Una vez concluida la Guerra de los Diez Años, la Orden continuó expandiéndose por el territorio de los Estados Unidos y llegó a jurisdicción cubana el 18 de mayo de 1879 con la creación de la Logia Matanzas № 4. Siempre con la labor conspirativa para una nueva insurrección en calidad de principal objetivo.

La aparición de Martí en el escenario político en 1881 reavivó y fortaleció los clubes patrióticos, sobre todo aquellos radicados en el estado de la Florida, donde ya para la fecha se establecía el edificio de la Gran Logia de los Caballeros de la Luz. Con el establecimiento del Partido Revolucionario Cubano (PRC) el 10 de abril de 1892 la Orden, encabezada por González Curbelo, se subordinó a sus intereses. Incluso, en los Estatutos Secretos del PRC se estableció que este contaría para su funcionamiento con las Asociaciones Independientes.

Algo que en el periódico Patria número cuatro se dejaría saber al escribir Martí: “en las sociedades de Socorro, en las de los Caballeros de la Luz, en las Sociedades masónicas, cultivan, cubanos y puertorriqueños, las virtudes republicanas. Y cuanto las fomente merece elogio, como cuanto las merme merece censura”.

La complicidad del máximo ideólogo y gestor de la llamada Guerra Necesaria con los Caballero de la Luz se antoja un hecho irrefutable. Pero, ¿perteneció a dicha asociación? De acuerdo con el Gran Luminar Pasado de la Gran Logia de Cuba, Santiago Nogueira Pérez, tal cuestionamiento se torna una de las grandes incógnitas aún por resolver.

“Resulta difícil imaginarse a Martí fuera de una entidad surgida para liberar a Cuba del yugo colonial y de la que formaron parte, entre otros, Juan Gualberto Gómez o José Dolores Poyo, grandes amigos suyos. Hasta la fecha jamás se ha encontrado en el país certificado capaz de corroborar las sospechas. Si existe algún documento, se encuentra en los Estados Unidos”, aseguró Nogueiras Pérez.
Sin embargo, el Maestro Luminar Pasado y otrora gran funcionario de la Gran Logia de la Florida, Julio Fierro, lamentó la pérdida de documentación antigua por deterioro o descuido y manifestó su desconocimiento sobre algún expediente relacionado con Martí.

Aun así, en el libro Tras las huellas del patriota desconocido, de los investigadores Julio Ismael Martínez Betancourt e Idael Sanabria Gálvez, se recoge que el 3 de enero de 1892 José Martí se inició en los Caballero de la Luz en la Logia Perseverancia № 6 de la Florida y se le confirió al mismo tiempo los tres grados filosóficos que componen la Orden como especial deferencia.

Sobre esa misma línea se halla el texto Apuntes Históricos de la Orden Caballero de la Luz, Inc. Desde su fundación hasta el 1929, del intelectual Lázaro Ferrás Hernández, al afirmar que “la Logia Perseverancia (…) siendo una de las más nutridas de la época (…) tuvo el honor de contar a Martí en el Cuadro de sus Miembros”. Su visita a Cayo Hueso tenía una finalidad primordial: la constitución del Partido Revolucionario Cubano, lo que se efectuó con la colaboración, entre otros, de los señores José Dolores Poyo, Gualterio García, Frank E. Bolio, José González Curbelo, Aurelio C. Rodríguez, Ángel Peláez, Genero Hernández, Pompez, etc.

Una versión diferente ofrece la revista Luz y Verdad, en su publicación especial de 1953, cuando entrevistó al entonces integrante activo de Perseverancia №6, José Ramón Húguez. “Cuando Martí vino a Cayo Hueso ya era Caballero de la Luz. Conocía todos nuestros rituales; poseía la palabra de pase; sabía a plenitud el simbolismo de cada grado (…) El Luminar de nuestra logia (…) nos comunicó que Martí había recibido los tres grados en la Logia La Luz №1 de la ciudad de Filadelfia”, recordó Ramón Húguez.

Más allá de la lógica probabilidad de la iniciación en uno u otro lugar, para el asesor de la Oficina del Programa Martiano y Miembro del Consejo Científico de Estudios Martianos, Jorge Juan Lozano Ros, Martí debió pertenecer a la Orden “por ser un enorme seguidor de Luz y Caballero y porque los hombres dirigidos por González Curbelo en masa se adhirieron al PRC”.

Entre especulaciones y sospechas justificadas descansa la historia de la filiación del Más Universal de los Cubanos a una hermandad que encierra por antonomasia los principios rectores de nuestra nacionalidad. Si bien cada vez se supone menos probable encontrar las actas que concluyan con la incertidumbre, poco valor tendrían. Pues, aseguran los entrevistados, de cualquier forma Martí hizo méritos suficientes para llevar la honrosa distinción de Caballero de la Luz.

Por Haroldo Luis Castro