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Las páginas dedicadas a la heráldica y las genealogías indican su origen catalán

Las páginas dedicadas a la heráldica y las genealogías indican su origen catalán, pero su verdadera trascendencia la alcanza cuando algunos de sus portadores se afincan en Cuba y se convierten en el antecedente de la gran dinastía musical. Los primeros fueron Antonio María Romeu Marrero (Jibacoa, La Habana, 1876 – La Habana, 1955) y su hermano Armando Romeu Marrero (La Habana, 1891 – Texas, 1991), y comenzaron estableciendo marcas perdurables: Antonio María, cuyo ligero estrabismo lo hizo conocido como El Bizco de La Diana, comienza a hacerse notar cuando por once años hizo las delicias de los asiduos al café del mismo nombre en la esquina de las habaneras calles de Reina y Aguila. Allí se reunía la creme de la creme de la sociedad intelectual y artística de La Habana y se hizo una costumbre ir a escuchar a Antonio María y su piano, acompañado únicamente de un elemento rítmico: un güiro, se dice que tocado por su hermano Armando. En el café La Diana un año después, compuso y estrenó su primer danzón: Ten Dollars o Ten Days, inaugurando una forma de tocar el llamado baile nacional cubano; pero que a su vez, El Mago de las Teclas –como se le conoció para siempre- supo adaptar y evolucionar con los tiempos: primero con su Charanga Francesa, luego con su Orquesta, y después con su Orquesta Gigante. Antonio María fue un destacadísimo compositor, legando danzones icónicos, como Tres Lindas Cubanas, quizás el más famoso de todos los suyos.
De toda la dinastía, Armando Romeu González (La Habana, 1911-2002) es el músico de mayor trascendencia internacional: si simplificáramos su gran aporte, bastaría mencionar que alcanza la fama como director de la orquesta del cabaret Tropicana. Allí acompañó a Nat King Cole en sus presentaciones allí y en las grabaciones que hiciera el crooner norteamericano para el sello Capitol en el estudio Panart. Armando Romeu Jr. -como aparece en discos, prensa e impresos- es el autor del famoso Mambo a la Kenton, que dedicara al músico norteamericano Stan Kenton, quien sin embargo, no lo grabó, y al parecer le prestó atención cuando lo graba Dámaso Pérez Prado, con oscuro episodio de intento de suplantación autoral incluido, lo que provocó la confusión total de Kenton, quien emocionado, grabó en agradecimiento la pieza Viva Prado, escrita por Shorty Rogers. Aunque la incuestionable autoría de Armando Romeu Jr pudo ser reinvidicada de inmediato, fue un triste episodio sobre un tema que se inspiró en la profunda admiración que Romeu sentía por Kenton.
Pero Armando Romeu González fue mucho más que eso: teniendo en su formación inicial la enseñanza de su padre y también de músicos como Alfredo Brito y Antonio Arcaño, trabajó como flautistas y saxofonista con bandas de músicos estadounidenses como la de Ted Naddy en el Jockey Club y la de Earl Carpenter, en el Casino Nacional. Es contratado por directores americanos durante temporadas de verano en los años 20 y 30. Toca en bailes con las primeras orquestas de jazz que se organizan en Cuba: sólo entre 1920 y 1930 trabaja con las orquestas Hermanos Palau, Los Diplomáticos de Maya y con la Siboney, de Alfredo Brito, con la que viaja España en 1932 acompañando al Trío Matamoros y se presenta en París, el teatro Empire, y luego en Lisboa. Ahí está quizás el origen de su sólida capacidad para asimilar el jazz.
Con 22 años, en 1933 funda su propia orquesta con la que debuta en el cabaret Edén Concert (luego Zombie Club y antecedente de Tropicana). Trabaja en el Hotel Nacional con la orquesta de planta, y con ella viaja a Perú, Chile y Argentina, donde la banda se rompe y Romeu pasa a tocar el saxofón con otra orquesta americana: la de Paul Wyer. Regresa a Cuba y se integra a la orquesta de René Touzet, que se presentaba en la Taberna Cubana y el Casino Nacional hasta que funda la Bellamar, en 1940 y que dirigirá hasta 1942, y que es contratada como orquesta del cabaret Sans Soucí, hasta el primer cierre de este centro en 1942.
Es ahí donde Armando Romeu González crea la gran orquesta del cabaret Tropicana integrada por los mejores instrumentistas del momento y contratando a los mejores arreglistas: Bebo Valdés, Arturo Chico O’Farrill, Leopoldo Pucho Escalante, Isidro Pérez, Pedro Jústiz Peruchín y Roberto Sánchez Ferrer. Romeu también hace arreglos y transcripciones directas de discos de Duke Ellington, Tommy Dorsey, Stan Kenton, Woody Herman, Dizzy Gillespie y muchos otros. El resultado es un repertorio impresionante, actualizado y enraizado tanto en el jazz americano como en la música popular cubana e internacional, que hizo de esa orquesta una formación legendaria y el sello musical del cabaret que se hacía llamar «Un paraíso bajo las estrellas». Este camino convierte a Armando Romeu González en uno de los primeros músicos en dirigir orquestas en los primeros cabarets que surgieron en La Habana en esos años, y casi el único que puede exhibir el palmarés de haber continuado la historia que iniciara en el Edén Concert, el Zombie, el Casino Nacional y la Taberna Cubana, después en Sans Soucí –con la Bellamar –, en el Hotel Nacional y en Tropicana.




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