EN MUCHAS OCASIONES CONOCEMOS A NUESTROS PROCERES SOLO POR SUS ACTIVIDADES PATRI

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EN MUCHAS OCASIONES CONOCEMOS A NUESTROS PROCERES SOLO POR SUS ACTIVIDADES PATRIOTICAS, PERO PARA MI Y ESPERO QUE PARA UDS. TAMBIEN RESULTE MUY INTERESANTE CONOCER TAMBIEN AL HOMBRE QUE HUBO DEBAJO DE ESE HEROE, NUESTRO JOSE MARTI.

"Puede ser que llegues a amar a alguien. Puede incluso ser, que te reconcilies con el novio que te causó tanto dolor antes de conocernos. Puede ser que le creas de nuevo, y consientas en unirte a él de por vida. Y cuando ese momento llegue —recuerda que te he dicho esto—, yo estaré en la tierra, muerto, con una bala del enemigo en mi sufrido corazón. De modo que no lo lamentaré y tú podrás ser feliz…".

José Martí
(De su epistolario privado)

Este es el fragmento final de una carta que Martí envió a su última amante. Cuenta la leyenda urbana tejida en torno a ella, que su destinataria se casó con el novio a quien el Apóstol se refiere, justo el 19 de mayo de 1895, el mismo día de su muerte en Dos Ríos.

La biografía martiana complaciente, resume los últimos años de la vida de Martí en New York, de un plumazo, cargando tintas en su labor patriótica y en su producción poética, pero pasando de puntillas sobre los avatares de su vida privada, que no fueron pocos ni exentos de interés. Martí hizo en 15 años lo que el resto de los mortales tardamos 50 en hacer, y tampoco se puso límites para satisfacer las urgencias del cuerpo y el espíritu.

La vida sentimental de Martí suele resumirse oficiosamente después de 1890, en que Carmen Zayas-Bazán ya estaba demasiado lejos de él, física y sentimentalmente, como para despertarle algún sentimiento añejo, y que lo que antes fue un fogoso romance con Carmen Miyares, -ya entonces viuda de Manuel Mantilla-, se empezó a enfriar en cuanto el Poeta dejó de ser un huésped en su casa , y se fue a vivir solo al 120 de Front Street, donde empezó a trabajar como Cónsul.

Después de marcharse del hogar de los Mantilla, Martí no dejó de frecuentar a Carmen ni de visitar a la pequeña María, pero su presencia allí se hizo cada vez más esporádica, y se fue apagando el fuego del amor, que años antes le había hecho cometer la locura de cortejar a su casera bajo el mismo techo y en las narices de su marido , amigo y correligionario de causa.

La vida social de Martí en New York tomó otros caminos después de Carmen Miyares, y el Poeta conoció a otras mujeres. Aquí saltan algunas preguntas:

¿Fue una, ninguna o fueron varias las féminas que frecuentaron a Martí en la intimidad en New York, en este período? ¿Qué sugieren los nombres de María Desquez, Lily Curry "Tyner" y Miss Paul Rochester? ¿Qué es mito y qué es realidad de lo contado sobre la última mujer a quien se supone que Martí amó? ¿Y qué tenía que ver en esas ocultas pasiones del Poeta, un personaje masculino que lo acariciaba en sus crónicas, con femenina devoción?

Acompáñenme hoy a especular un poco sobre la vida amorosa de José Martí en sus últimos años de exilio neoyorkino, y de paso, sumergirnos en uno de sus secretos mejor guardados; el de su último amor.

UN ARTÍCULO EN “THE GLOBE”

No hay, para muchos biógrafos de Martí, ninguna veleidad amorosa documentada del Apóstol durante sus últimos años en New York. Pero ésta sin dudas, existió, sí está documentada y tuvo una altísima temperatura.

Es cierto que entonces a Pepe no le sobraba el tiempo; llevar los asuntos consulares de dos países era agotador, y además, preparaba una guerra, era responsable de reunir los fondos para ella y de coordinar el trabajo de todos los revolucionarios del exilio. Y recordemos que Martí estuvo en sus últimos años, enfermo de forma casi permanente.

Por si fuera poco, Martí colaboraba como columnista en varios periódicos y empezó a prestar más atención a su producción literaria con la intención de publicar rápidamente todo lo que pudiera, porque sabía que le quedaba muy poco tiempo en los Estados Unidos. Quizás por eso, también frecuentó nuevos círculos de amigos relacionados con el giro editorial e hizo muy interesantes relaciones con importantes figuras de las letras latinoamericanas y norteamericanas. Hombres y mujeres.

MARIE DESQUEZ

El 18 de julio de 1895, apenas dos meses después de la caída de José Martí en Dos Ríos, el diario The Globe, publicó un candente artículo que dejó en la opinión pública indicios claros de que, en sus últimos días en Norteamérica, el Apóstol había estado interesado en otra mujer que no se llamaba Carmen. O sea, que no era su exesposa, ni tampoco su examante.

El artículo de The Globe se titulaba “Martí as a lover”, y lo firmaba un nombre misterioso y desconocido: Marie Desquez.

Era -según The Globe-, “una joven de ascendencia española, a la que Pepe había conocido cinco años antes, en 1890, mientras le impartía clases de Arte e Historia Española en un colegio nocturno de New York”. Pero este dato, en el mejor de los casos solo lo supimos por ella, o -en el peor- por la persona que escribió el artículo que publicó el periódico.

“Martí as a lover”, es -entre otros contenidos- un compendio de traducciones al inglés de supuestas cartas de amor de Martí a una mujer hasta entonces desconocida.

Venía acompañado de un dibujo del también supuesto rostro de Marie, y otro de Martí, muerto hacía solo semanas. Contaba que José Julián había estado enamorado de Marie y que le había escrito muchas cartas que “aun traducidas al inglés, mantenían la naturaleza refinada y poética de su estilo”.

Marie Desquez, o quien fuera, publicó en “Martí as a lover”, fragmentos de dos misivas que decía haber recibido del Apóstol, de las que reproduzco un pasaje:

“Yo no estaría ni un instante a tu lado si supiera que te hacía algún daño. Siento que te puedo sostener como un pajarito herido en las palmas de mi mano. Y de nuevo te veo como cuando nos vimos la última vez —caminando lento, lento, como si te negaras a dejarme, y cada paso tuyo es como un beso. Porque después de conocerme, has de sufrir menos; nunca, aun en tu soledad más grande, te sientas sola. Acude a mí y vivirás día y noche en mi corazón —como un pájaro en su nido. He visto los pájaros en sus nidos felices en lo profundo de nuestras montañas, y tú me los recuerdas. La vida más feliz que es posible en el mundo es la del amor y el trabajo. Esta vida, tan natural como la luz del sol: ¡hubiera podido ser nuestra! Pero todavía podríamos haberla conocido lo suficiente para sostenernos y darnos coraje por el resto de nuestras vidas. Tu deseo de verme hoy, tu deseo piadoso y elocuente, me revela que entre tú y yo hay ese poder extraño y divino, nacido solamente del intercambio y unión de dos almas que sufren. Tu cara está enfrente de mí, y parezco llenarme con la luz de tus ojos. Y aquí, con el alma nuevamente iluminada, aquí me siento en mi habitación vacía…"

The Globe revela que Marie era también compositora y cantante, quizás la razón por la que Martí escribe que “sigue escuchando una canción, un susurro o una pequeña voz" que le recuerda a ella. Dice también que Marie sabía que Martí era un hombre casado, con una esposa y un hijo en Cuba, y que por esta razón, resolvió alejarse de él.

“Un día, -cuenta el diario-, Martí fue a visitarla, pero Marie se escondió detrás de unas cortinas y pidió a una de las sirvientas que le dijera que no estaba. Martí se fue y no regresó más, pero dos años más tarde ambos se encontraron por casualidad en la calle, y el cubano le contó entonces que había hablado en uno de sus mítines de Tampa, que no se explicaba cuánto poder tenía, pero que debía ser porque pensaba en ella: "Yo te quiero, yo te quiero", le dijo Martí a Marie, y después ambos se fueron cada uno por su lado.

Nunca más se volvieron a ver, pero durante un tiempo después, Martí siguió escribiéndole a Marie, y, consciente de que su amada planificaba retomar una antigua relación truncada con su primer amor, en la última de sus cartas le decía:

"Puede ser que llegues a amar a alguien. Puede incluso ser que te reconcilies con el novio que te causó tanto dolor antes de conocernos. Puede ser que le creas de nuevo, y consientas en unirte a él de por vida. Y cuando ese momento llegue —recuerda que te he dicho esto— yo estaré en la tierra, muerto, con una bala del enemigo en mi sufrido corazón. De modo que no lo lamentaré y tú podrás ser feliz."

No ha aparecido nunca, acta de matrimonio alguna que pruebe que Marie Desquez y su primer novio se casaron el mismo día que murió Martí, tal y como profetizó el Apóstol a su amante. Es más; ni en el epistolario martiano, ni en el índice onomástico de sus Obras Completas, ni en ninguna correspondencia de terceros, cercanos a Martí y a su misteriosa amante, aparece el nombre de Marie Desquez por ningún sitio. Tampoco como autora de ningún otro artículo en ninguna prensa escrita de la época.

Martí dedicó Los Zapaticos de Rosa “a Mademoiselle Marie", dedicatoria sobre la que hay consenso entre casi todos sus biógrafos, de que esta Marie era María Mantilla, la hija de Carmen Miyares, de entonces solo nueve años. Pero la propia María Mantilla nunca dijo ni escribió que Martí le hubiera dedicado la poesía a ella. ¿Pudo ser Marie Desquez la destinataria de estos versos, para los que el Poeta encontró inspiración en la playa neoyorkina de Bath Beach?

Los datos de la vida personal de Marie publicadas por The Globe, habrían sido suministrados por quien escribió el artículo, pero ¿era Marie Desquez la escritora? También The Globe pudo haber publicado el texto incendiario, aprovechando la muerte de Martí, como un señuelo para alimentar el morbo de sus lectores y aumentar sus ventas. Pero el siglo XIX terminó sin que nadie pudiera todavía hacerse una idea de quién era Marie Desquez, la mujer misteriosa a quien Martí escribió sus últimas cartas de amor.

Convengamos en que ninguno de los biógrafos serios de Martí, antiguos o contemporáneos, firmaron la existencia real de Marie Desquez. Pero es probable que Marie, -fuera cual fuera su identidad real-, significara alguna vez para José Julián la posibilidad de volverse a casar cuando la guerra terminara.

Su viuda, Carmen Zayas-Bazán, ignoró la solicitud de Martí, contenida en su "Testamento Literario", de que se preparara un catálogo de sus libros antes de su eliminación, y, en cambio, los hizo empacar y enviar a México para su venta. Posteriormente se perdieron, y con ellos las invaluables anotaciones de Martí en casi todos ellos. Sin embargo, una gran cantidad de libros al azar, que Martí había guardado en la casa de Carmen Miyares, se preservaron y finalmente encontraron su camino a la Oficina del Historiador de La Habana, donde presumiblemente todavía están guardados. Entre once libros en inglés (de lo que alguna vez debieron haber sido cientos si no miles) se encontró una edición original de 1890 publicada por Rand, McNally & Company, del libro “Honduras: La tierra de las grandes profundidades” de Cecil Charles…”.

¿Cecil Charles?

Hace unos años cayó en mis manos una edición en inglés del libro “Poemas de E. Wheeler Wilcox seleccionados por Cecil Charles”. Y recordé que "Cecil Charles" se conocía como la marca del primer editor al inglés de José Martí, y también el primero en traducirlo del español a cualquier otro idioma, con parte de sus Versos Sencillos.

El libro que había caído en mis manos, compilaba la obra poética de Ella Wheeler Wilcox, traducida y publicada por Cecil Charles, el editor en inglés de José Martí. Fue entonces que supe que Cecil Charles no era un hombre, y que tampoco este era su nombre verdadero.

CECIL ERA UNA MUJER

Cecil Charles en realidad se llamaba Mrs. Lily Curry Tyner, y era una señora que armó durante años un gran arroz con mango en el último segmento de la biografía martiana, porque escribió, tradujo y publicó varias obras literarias bajo varios seudónimos femeninos distintos. Pero, sobre todo, porque se confesó públicamente amante del Poeta, sin decirlo. Simplemente publicó una brillante traducción al inglés de las cartas que Martí le escribió en español, cuando ambos se amaban. Lo hizo utilizando el seudónimo de Marie Desquez, pero por única y última vez. Desde entonces firmaría sus trabajos solo con un nombre masculino que también era de mujer: Cecil Charles.

Pero Cecil Charles siempre fue, realmente, Lily Curry Tyner.

Pero cuanto más insistente era el cuestionamiento, más histérica se volvía Lily Curry con la prensa. Ciertos medios comentaron que sus respuestas “indicaban que estaba temporalmente separada de la realidad o alejada de la verdad de forma permanente”, algo que la prensa maledicente de hoy insiste en recordar de forma ladina a la hora de dar crédito a sus afirmaciones posteriores sobre su relación con Martí.

En el artículo en The World fue la última vez que apareció una historia sobre Lily Curry en la portada de un periódico de Nueva York, hasta que Tyner fue arrestado tres años más tarde, en 1891, por falta de pago de la pensión alimenticia. El divorcio volvió a llamar la atención del público, pero no de manera tan prominente como antes.

Para entonces, Lily Curry había regresado a Nueva York, si no triunfal, al menos sin temor a ser procesada judicialmente. Se había inscrito en una clase de español impartida en una escuela nocturna para adultos, por un profesor cubano llamado José Martí. Dudo que Pepe llegara a conocer siquiera una fracción de la verdadera historia de su amada Lily Curry.

En cualquier caso, no le impidió enamorarse de ella tan impetuosamente como lo hizo Tyner. Si Curry no era el gran amor de la vida de Martí, ella era la última mujer que amaba apasionadamente y perseguía imprudentemente, como llegó a admitir. Sin embargo, en este caso, a diferencia del divorcio de Tyner, Curry pudo presentar los "bienes" habidos en ese matrimonio de almas: cartas de amor de Martí que daban testimonio del humo, si no del fuego.”.

LILY, DESCUBIERTA POR SNEARY

Eugene C. Sneary describe así cómo llegó a la conclusión de que Cecil Charles era Lily Curry Tyner:

“En la obra “Honduras” de Cecil Charles, que es en gran parte un libro autobiográfico, hallamos algunos datos que nos llevaron al periódico Honduras-Progress, publicado en Tegucigalpa durante los afios 1888-1890, la misma época que trata Cecil Charles en su libro. En este periódico aparecen varias noticias de las que se desprende que Cecil Charles es un seudónimo y que pertenece a una mujer, a pesar de que la única reseña del libro se refiere al autor como Mr. Charles.

Según lo que aparece escrito en la contratapa de la primera edición de su novela “Honduras”, Lily Curry “era una eminente dama de letras de Nueva York que escribía novelas, cuentos y artículos para revistas”.

Ahora sabemos que "Martí como amante", fue publicado anónimamente por Cecil Charles, aka Marie Desquez, aka Lily Curry Tyner, dos meses después de su muerte, y que contiene extractos de las cartas de amor de José Martí a Lily Curry enviadas por el autor a su traductora entre 1890 y 1894.

“Como no deseaba ofender a sus sobrevivientes con estas revelaciones, o hacer que se les rastreara, ella creó un destinatario ficticio para ellos, una "Marie Desquez", el último de sus alter egos”, dice Eugene C. Sneary.

Lily Curry conoció realmente al Apóstol en 1890 cuando se matriculó en una clase de español que Martí dictaba en la Escuela Superior Central Nocturna de Nueva York, y esta nota biográfica se la transfirió a su alter ego literario Marie Desquez, para inventarle una vida no muy distinta a la suya propia.

Lily fue alumna de Martí, su traductora, una ferviente partidaria de sus ideas políticas, y el último gran amor de su vida. “Cecil Charles" era su alias de guerra, porque vivía permanentemente escondida de la opinión pública, y utilizaba complicadas figuras literarias para trastocar su sexo y su identidad. Hasta lo que parecía obvio en su obra poética, no lo era. Lily Curry era toda una trampa, una “transformer” de la poesía moderna norteamericana y debió ejercer un fuerte atractivo personal en Martí, también en el campo intelectual.

Durante los años que compartió trabajo e intimidades con Pepe (de 1890 a 1895), Lily Curry ya solo utilizaba como seudónimo el nombre de su mejor alias, “Cecil Charles”, y ocasionalmente el de "Miss Paul Rochester". Lily ya era editora y traductora especializada en literatura hispanoamericana, ad honorem, pero muy cualificada y despierta, y era también una protegida VIP de la poderosa Ella Wheeler Wilcox, por entonces la cumbre de la poesía más “belle epoque” de Norteamérica. Pero también Lily ya empezaba a ser conocida en los ambientes literarios, como la mujer que había provocado una fuerte y poco comentada fascinación en José Martí.

Después de ser su alumna, Lily apadrinaba las clases de literatura que daba Martí en algunos colegios de New York, cuando se alejó de Carmen Miyares. Por entonces Lily declamaba poemas para los estudiantes del Apóstol, -dice Eugene C. Sneary-, que alguna vez acompañada al piano por una pianista muy joven; la niña María Mantilla.

Cecil estaba tan enganchada a José Martí, sentimental y espiritualmente, que no dudo que le tradujera al inglés casi la mitad de sus Versos Sencillos, sin recibir ningún pago por eso -no estaba Martí para pagar nada- ni mediando pedido alguno por su parte, aunque seguramente sí con su inmediato asentimiento. Eran sus primeras traducciones a otra lengua, y se encargaba de ellas una traductora brillante, de la que estaba enamorado y le correspondía ¿qué más podía pedir?

Lily Curry, Cecil Charles, Marie Desquez y Miss Paul Rochester, fueron las cuatro, la misma mujer de Wisconsin, que vivió primero en Chicago, y que se hizo “famosa” a finales de 1880 en New York, no por su genuina obra literaria, sino por ser “la otra” de un juicio mediático infame, del que se habló durante meses en todos los periódicos de la Gran Manzana.

Después del juicio, Mrs Curry no volvió a usar nunca más el nombre de "Lily Curry" y adoptó el de "Cecil Charles" como nom-de-plume. Con él volvería a la carga en 1898 para publicar las primeras traducciones al inglés de una parte de los Versos Sencillos de José Martí, tres años después de su muerte, pero bajo un título incendiario: “Tuya”.

“TUYA”, ¿UN ÁRBOL O UNA CONFESIÓN?

Lily quería que se le reconociera su impronta literaria en la obra de Martí, pero también buscaba reivindicar la privilegiada condición de haber sido la última de sus amantes. Y lo consiguió: “Tuya” [Nueva York, Richardson, 1898] fue una bomba.

En 1898, pasados tres años de la caída en Dos Ríos del Apóstol, Lily Curry, bajo el seudónimo de Cecil Charles, publica la traducción parcial en inglés de diecisiete poemas completos de los Versos Sencillos.

Será la única literatura de Martí disponible en inglés en el mundo entero durante más de un siglo, y solo en las bibliotecas del Congreso de USA, la Pública de Nueva York y la Pública Gratuita de Buffalo (NY).

Lily Curry titula el libro, “Tuya, Other Verses and Translations from Jose Martí”, en franca y animosa intención de crear polémica. Se busca también una excusa poética para este título, casi subversivo; era, según ella misma, una referencia étnica muy sutil a una planta conífera, la thuha, tuya o tuja occidentalis, que da nombre al primer poema de la colección.

Por supuesto, no tengo ninguna duda de que Lily escogió este título con toda su doble y provocadora intención semántica, una forma silenciosa de blanquear su relación con Martí, confesándose su amante, o mejor, su pertenencia.

Gonzalo de Quesada y Rafael Estinger, a quienes este título les dio mala espina, y muchos amigos y familiares de Martí, incluyendo su infame Ismaelillo, creyeron que “Tuya” era una confirmación descarada del idilio de la traductora pizpireta con el noble revolucionario. Por eso menospreciaron la valía literaria del libro y a su autora, de quien pensaban que su único interés en Martí, había sido flirtear.

Lily describió a Martí en "Tuya" como "todavía joven; no alto ni de aspecto fuerte. Pálido, con rasgos refinados y ojos ligeramente almendrados, parecía el típico poeta exiliado de tierras más soleadas … sensible y fácil de conmover como una mujer". Mientras "trabajaba febrilmente durante horas en un solo artículo", o tal vez mientras participaba en otros actos creativos, "sus mejillas se sonrojarían, sus ojos brillarían y todo su cuerpo temblaría de emoción". Mirar fijamente a Martí durante horas mientras escribía, observando sus reacciones físicas, que parecen imitar el coito, o simplemente poder pasar horas enteras con él en el apogeo de su actividad revolucionaria cuando todos querían una parte de él y ninguno obtuvo todo lo que quería…”.

“Tuya” fue una suerte de matrimonio poético póstumo de Lily Curry con José Martí, una selección fascinante y rara de la poesía martiana más oscura, dicha y pensada en inglés. Lily omitió, por supuesto, que solo tres años antes, había sido también ella quien tradujo y publicó “Martí as a lover” bajo el nombre de Marie Desquez.

Por suerte, los hombres -y las mujeres- mueren y las obras quedan. Las traducciones de Lily Curry de las cartas de Martí son magistrales, muy modernas e innovadoras para la literatura de entonces.

Entre los martinólogos modernos, ya es casi unánime la opiniónde que Lily Curry fue importante en la vida editorial y también privada del Poeta.

Además de sus afinidades literarias con Martí, Eugene. C. Sneary cuenta que Lily Curry “tenía otros atractivos que no habrían pasado desapercibidos para alguien con la exquisita sensibilidad de Martí a la belleza”.

Probablemente en 1898, -dice Sneary- cuando Lily publicó “Tuya”, habría sido un acto audaz, si no temerario, que una mujer hablara, incluso en otro idioma, de una relación ilícita con un hombre casado, especialmente si ese hombre ya estaba muerto y sus sobrevivientes, obligados a enfrentar sus acusaciones. De hecho, Lily Curry era muy imprudente, lo que los victorianos llamaban "una mujer con un pasado", pero no quería ofender a la familia de Martí ni alejar a sus amigos, y encontró la manera de hacer que “Tuya” fuera aceptable para ellos y para las “buenas costumbres” prevalecientes, sin dejar de reclamar su pertenencia al universo amoroso de Martí.

Y tuvo un éxito admirable, incluso con Gonzalo de Quesada, el custodio designado de los archivos martianos y guardián autoproclamado de su buen nombre, quien infló su libro como "uno que todo patriota cubano debería poseer".

Después de leerme “Martí as a lover” y “Tuya”, creo tener una idea formada de quién era Mrs Lily Curry y comprender cómo funcionaba el tándem con su alter ego Cecil Charles en su oculta relación íntima y profesional con el Apóstol.

No creo que existiera un solo hombre cubano que Lilly Curry hubiera conocido, que no le gustara. Lily estaba permanentemente caliente con la testosterona isleña, y para comprobarlo, solo hay que leer sus recuerdos personales, no solo de Martí, sino también de Antonio Maceo y de Flor Crombet, mulatos guapos donde los hubo.

Lily se da gusto en “Tuya” alabando al hombre cubano, muestra su apoyo incondicional a los mambises y confiesa su creencia en la inevitable victoria de la revolución que preconiza su amado Pepe. Eran ideas muy poco ortodoxas y peligrosas para la sociedad norteamericana de entonces. Lily era una mujer adelantada a su tiempo, y esto se manifiesta claramente en su tratamiento a Flor Crombet y a Antonio Maceo en su artículo "Líderes cubanos". Dice Sneary al respecto:

“Lo que ella admite en este artículo, ninguna mujer blanca del siglo XIX se habría atrevido a admitirlo: invitó a los patriotas afrocubanos a visitar su casa, ¡a los dos! Ella usa el seudónimo de "Cecil Charles", como el nombre de un hombre y aunque no escribe como un hombre y puede distinguirse fácilmente como mujer, su seudónimo es una cobertura suficiente para su socialización subversiva”.

Era exactamente eso. Curry utilizaba a Cecil Charles, consciente de que un nombre de hombre le servía de coraza en la mar machista y picada del masculino gremio editorial norteamericano, y también le permitía, como autor, ciertas libertades que no se aceptaban entonces en una escritora mujer.

El artículo que Lily Curry escribió sobre el amor de Martí por ella, fue distribuido en numerosos periódicos, incluido The Burlington Gazette (Iowa), The Globe-Republican (Dodge City, KS) y The Ironwood News Record (Michigan).