Conoce la leyenda de la Torre Iznaga de Trinidad En el Valle de los Ingenios,

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Conoce la leyenda de la Torre Iznaga de Trinidad 🤓

En el Valle de los Ingenios, vecina de la ciudad de Trinidad, casi la mayoría de los ingenios azucareros están en ruinas. Las estructuras intactas perduran en algunos sitios, incluido Guachinango, donde hay restos de una casa de plantación, y una hermosa torre de la antigua familia Iznaga.

Los Iznaga eran los propietarios del lugar en los años 80. Todavía, hoy en día, se conserva la casa del propietario, la torre y algunos barracones, los barrios de esclavos originales. Aunque los barracones se usan ahora como viviendas y están en mal estado, la casa y la “Torre Iznaga” están bien cuidadas.

La torre Iznaga, de 45 metros de alto (147 pies), fue construida alrededor de 1816 por su propietario, Alejo María Iznaga y Borrell. Según los expertos, la campana que anteriormente colgaba en la parte superior de la torre anunciaba el comienzo y el final del día de trabajo para los esclavos, así como los tiempos de oraciones a la Santísima Virgen en la mañana, el mediodía y la tarde. De igual forma, la campana se usó para hacer sonar una alarma en caso de incendio o escape de esclavos.

La altura y magnificencia de la torre sirvieron para mostrar el poder de Iznaga sobre sus esclavos y su estatura en la industria azucarera y la sociedad local. De hecho, en un momento, fue la estructura más alta en Cuba. Un hito reconocido de la región, la Torre Iznaga es testimonio de la floreciente cultura material de la zona en el período colonial español. Hoy por hoy, la gran campana ahora descansa al pie de la torre.

Hasta nuestros días han llegado numerasas leyendas de este lugar. Entre ellas, la de la dulce novia que murió recluida por la fuerza en tan bella construcción.

La leyenda de la Torre Iznaga
Una de las familias más acaudaladas de Trinidad eran los Iznaga Borrell. Ellos poseían cientos de caballerías de tierra empleadas en el cultivo de la caña de sus ingenios y miles de esclavos para producir y llenar sus arcas con el producto de esa inmensa producción azucarera.

Para 1826, los hermanos, Alejo y Pedro, eran los dueños de toda la comarca. Al año, la torre se había concluido y había alcanzado los 45 metros: la más alta de Cuba. Después de ese momento, como ya lo mencionamos, la torre campanario serviría para vigilar las plantaciones de caña, anunciar la jornada laboral y las horas de oración a la Virgen.

Don Alejo, ya cincuentón, contrajo nupcias con una hermosísima joven aristócrata de Trinidad: la niña Juana. Existen quienes afirman que la muchacha no se había casado de buen grado.

Lo cierto es que Don Alejo terminó sintiendo unos celos feroces y tormentosos a causa de un joven apuesto que pasaba frente a su casa diariamente a caballo. Terminó retándolo a un duelo y lo hirió mortalmente. Seguidamente, encerró a su pobre esposa Juana nada menos que en el penúltimo piso de la torre Iznaga, a la que solo le fue dado desde entonces observar el maravilloso paisaje de los verdes campos sembrados de caña. Finalmente la joven acabó perdiendo el juicio, se debilitó y murió.

Vista desde la Torre Iznaga

A raíz del trágico final de Juana, surge la leyenda que habla de un fantasma en la torre.
Según los vecinos, en algunas noches de luna llena, es posible ver en los últimos niveles de la Torre Iznaga una silueta blanca vagar, como iluminada por un halo y que en las ventanas aparece un hermoso rostro de mujer de cuyos ojos caen lágrimas en forma de perlas que se deshacen en el aire. De igual forman, aseguran que se escuchan los lamentos y gritos con que implora ayuda para ser liberada de su encierro.

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