"Mafifa La Campanera", Personaje popular, Santiago de Cuba.

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"Mafifa La Campanera", Personaje popular, Santiago de Cuba. ūüéČūüé≠ūüéä‚ėļ

Intitulada ‚ÄúLa Dama de la calle‚ÄĚ, Mafifa, cuyo nombre legal es Gladys Linares Acu√Īa, fue la √ļnica campanera reconocida y famosa en la ciudad de Santiago de Cuba.

‚ÄúLa Ni√Īa‚ÄĚ, como le dec√≠an sus compa√Īeros, estuvo vinculada a la conga de Los Hoyos por 25 a√Īos. Al fallecer, en Santiago de Cuba, el 12 julio de 1984, sus restos fueron acompa√Īados por la conga hasta el cementerio, lo que constituy√≥ la primera vez que una agrupaci√≥n de este tipo hizo esta especie de homenaje.

Repique por Mafifa o La √ļltima campanera es una obra teatral inspirada en la vida de Mafifa, cuya autora es la actriz y directora teatral santiaguera F√°tima Patterson Patterson.

Gladys fue una mujer incorporada al mundo machista que es la Conga de Los Hoyos ‚ÄĒrecuerda F√°tima‚ÄĒ. Criticada por la sociedad de todas las maneras posibles, que si era prostituta o lesbiana, pero nunca se le conoci√≥ ninguna relaci√≥n en ese sentido, ni de una ni de otra. Fue excelente trabajadora y amiga; se hizo respetar por ese grupo de hombres y por quienes la conocieron. Cuando muere, es la primera vez que una conga acompa√Īa a uno de los suyos hasta su √ļltima morada. Pero lo m√°gico, lo hermoso de todo esto es que, cuando se le hace la autopsia a esta mujer, era virgen.

En la obra, Mafifa es una mujer valiente y retadora, convertida en esp√≠ritu que no se ‚Äúresigna a abandonar la carne‚ÄĚ.

Est√° muerta, y es ese repaso de su vida, los conflictos de g√©nero y sexo; ese trance de dolor y √©xtasis hacia el ‚Äúmundo de la verdad‚ÄĚ ‚ÄĒperspectiva desde la cual est√° concebida la puesta, y la enriquece much√≠simo‚ÄĒ lo que va mostr√°ndonos magistralmente la Patterson.

Hay una dial√©ctica de razonamiento en Repique‚Ķ, a partir del discurso que constantemente hace asociaciones a la vida desde la muerte, la cual a√ļn no es asumida o ella desconoce, hasta el final de la pieza, que alcanza un alto lirismo.

Aparecen tambi√©n dos planos diferentes: los vivos y los muertos, y ambos convergen en la m√ļsica. Tal como se palpa en los soliloquios que establece el personaje con los m√ļsicos, los cuales no pueden verla.

Emergen del argumento, escrito con la colaboraci√≥n dramat√ļrgica de Marcial Lorenzo Escudero, los imaginarios que conforman la cultura sincr√©tica y las costumbres del pueblo santiaguero, vistas a trav√©s de la rutina de este personaje; el cual, a su vez, va construyendo una historia de marginaci√≥n de la mujer negra desde la misma marginalidad. El primer elemento identitario que salta de golpe es la Conga de Los Hoyos, referente constante durante toda la obra; incluso, hay descripciones incorporadas al conflicto que ilustran la significaci√≥n de ese hecho cultural:

‚ÄúPorque la conga es la libertad, que pa‚Äô eso la inventaron los esclavos y hoy d√≠a hasta los blancos arrollan en ella. (Pausa. Reflexiona. Sonriendo.) Es como la libertad‚Ķ por eso es tan bonita (‚Ķ) Na‚Äô m√°‚Äô hay que ver que la gente se vuelve loca si la siente sonar. (Pausa.) El que est√° en la cocina baja el caldero, ¬°y a arrollar, pa‚Äô luego es tarde!‚Ķ Y el paral√≠tico suelta la muleta ¬°y a gozar! Como en esa canci√≥n de Matamoros: suelta la muleta y el bast√≥n‚Ķ (Pausa. Reflexionando y sonriendo.) Yo tengo un sue√Īo que se repite desde que estoy en esto. (Repite.) Es un sue√Īo que empieza bonito y acaba triste‚Ķ Yo sue√Īo que estoy en el cielo (Coro: La luz, la luz, radia la luz, hermano m√≠o.) mirando para abajo, viendo cuando Los Hoyos sube San Antonio despu√©s del desfile, cuando va pa‚Äôl encuentro‚Ķ Todo se ve clarito: los pendones; las lentejuelas que adornan las capas; los guardias, molestos porque no pueden estar en la gozadera como todo el mundo y andan de un lado para otro vigilando el ambiente, que pa‚Äô eso les pagan; un turista que apellunca a una muchacha pero no puede seguirle el paso y pone cara de no entender (‚Ķ), aunque sigue ah√≠ pegado‚Ķ arrastrando los pies y haciendo lo que puede; Chan que pita y los m√ļsicos paran‚Ķ a coger un diez y seguir pa‚Äôlante que la cosa no se acaba hasta por la ma√Īana‚Ķ Yo misma me veo sonando el hierro con tremendo car√°cter. ¬°Sudando como el demonio! ¬°Tragando aguardiente para que el brazo no se enfr√≠e ni el alma se caiga! (Sonr√≠e. Aspira el espacio muy concentrada.) Y siento el tufo de la conga‚Ķ de caballo y de tren‚Ķ de alcohol y cebolla‚Ķ de colonia de altar y az√ļcar prieta‚Ķ‚ÄĚ (2)

Una ceremonia f√ļnebre abre y cierra la obra. La entrada de los m√ļsicos de la comparsa de Los Hoyos ‚ÄĒDiosnelvis Ortiz, Leandro Portuondo, Yoilan Palacios, Jorge Patterson y Daniel Salazar‚ÄĒ que, en se√Īal de respeto, prenden las velas que bordean el escenario. No hay escenograf√≠a, solo el tel√≥n negro de fondo y una luz cenital apuntando a la protagonista.

Es muy certera la utilizaci√≥n de la m√ļsica en vivo, por la reafirmaci√≥n mel√≥dica a los di√°logos; especialmente los coros, el protagonismo musical de la campana y la relaci√≥n que tiene con Mafifa, y ese sabor de los instrumentos percutores, que solo es posible disfrutar in situ.

En el centro, reina Mafifa y la iluminaci√≥n acent√ļa el dramatismo de sus gestos y el vestido rojo subido, s√≠mbolo de la vida por la cual lucha a toda costa. Con una lengua l√ļdica y terrible rememora sus momentos m√°s felices y los m√°s tristes. El personaje le lanza varios retos a F√°tima Patterson, mujer negra y madura; pero ella sale triunfal: se desplaza por el escenario con gracia, tanto en la ejecuci√≥n de una rumba, al escenificar la realizaci√≥n de las labores dom√©sticas o el acto sexual; canta, y se desdobla en dos personajes al mismo tiempo. Su proyecci√≥n esc√©nica es muy completa: due√Īa y se√Īora de cada parte de su cuerpo y del escenario, F√°tima los aprovecha al m√°ximo en cada gesto o intenci√≥n de la cadena de acciones.

Pilil√≠, personaje de cara p√°lida cual difunto, interpretado por Mateo Pasos, casi imperceptible, aguarda tras los m√ļsicos, esperando el momento para realizar la encomienda divina. Pilil√≠ fue un m√ļsico emblem√°tico de ese colectivo. Su entrada a proscenio, a trav√©s de toques secos en la tambora, marca el punto de giro de la obra: Gladys Linares entra en combate con Ik√ļ ‚ÄĒla muerte‚ÄĒ, su realidad.

La m√ļsica sube la tensi√≥n, el pa√Īo blanco como recurso metaf√≥rico para representar la pureza de los muertos acompa√Īa a Mafifa desde el comienzo; pero ahora, adem√°s, es el camino por el que transita, el cord√≥n hacia ese ‚Äúmundo de la verdad‚ÄĚ. Conversan, se reconocen, Mafifa hace catarsis. Tiemblan los cueros, la conga sale a arrollar, Pilil√≠ y Mafifa bailan juntos, se van juntos. Se incorpora al mundo espiritual de la Conga de Los Hoyos:
Mafifa. ¬°Entonces vamos al repique, Pilili! ¬°Que se abran todos los caminos y que corra el aguardiente, Pilili! ¬°Que el carnaval invada el reino de los muertos y de los vivos! ¬°Que nunca se detenga!(3).

Una fuerte carga dramática se desborda en la caracterización de este personaje que Fátima Patterson lleva a la escena, para convertirla, por su representación toda, en un nuevo mito del teatro popular en Cuba.

NOTAS:

1. Persona que ejecuta el instrumento de la campana.

2. Fragmento del texto original de la obra.

3. Ibidem 2.

Afrocubanas.
Caimanbarbudo.