Las noches de magia – Rosa Maria Andrade Velasco

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Recuerdo hermoso aquellas tardes cuando junto con mis amigos de la colonia en el cerro, jugábamos hasta cansarnos; y justo cuando la reina de la noche asomaba, nos quedábamos ahí esperando a Don Tacho.
El era un anciano que vivía solo a orillas de un arroyo y justo a la misma hora pasaba por ahí.
El se mantenía vendiendo cacahuates a las afueras de un mercado hasta que se hacía de noche.
Era una aventura maravillosa charlar con él.
Recuerdo que llegaba y prendía una fogata justo en medio de la callecita de terracería, y todos nosotros nos poníamos en círculo a su alrededor.
El nos contaba historias bonitas que nos hacían volar en aras de la imaginación, y nuestras emociones se veian volando como palomas blancas a medida que avanzaban en sus increíbles relatos.
El se quedaba con nosotros por un par de horas compartiéndonos sus historias.
Y nosotros le esperábamos cada día con la emoción y curiosidad que siempre habita a los niños.
Era como entrar en un mundo increíble al que él nos llevaba de la mano.
Esta persona vive y vivirá siempre en mi mente, porque escribió bonito en mi página de vida.
¿Cuántas veces cerramos nuestros ojos (los del alma)
Y no nos damos cuenta que todo aquel que irrumpe en nuestra vida lo hace dejando recuerdo y enseñanza?
Todos somos en alguna parte de este viaje llamado vida, importantes para alguien pero muchas de las veces ni siquiera nos enteramos.
¡Cómo me hubiese gustado decirle a ese lindo señor que el dibujó bonito en mi niñez! Y que esas chispas felices aún las tengo en las memorias de mi corazón.
En estos tiempos se me apachurra el alma, al ver la poca o nada importancia que se les da a nuestros ancianos.
Ellos son maestros que siempre tienen algo interesante que aportar, y lo menos que podemos hacer es regalarles tiempo y respeto.
Ellos siempre tienen algo que decir.
Esas noches de magia y de cuentos mientras la luna alumbraba bonito aún se pasean en mi mente.
Su voz tranquila y pausada y el brillo de sus ojos me mostraba como disfrutaba hacerlo.
El fue para nosotros importante ….¡No sé si lo fuimos también para el!
Han pasado muchos años.
Quizá el ya no habita en este espacio. Pero sin duda alguna dejo huella por lo menos en mi corazón.
Rosa Andrade.
Maby