La Habana no le había hecho nunca a artista ni visitante alguno, un recibimiento

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La Habana no le había hecho nunca a artista ni visitante alguno, un recibimiento como el prodigado al actor y cantante mexicano Jorge Negrete, la tarde del lunes 3 de enero de 1944”. Desde temprano, los micrófonos de la RHC Cadena Azul dan amplios detalles del itinerario seguido por la comitiva de recibo. Del aeropuerto de Rancho Boyeros a la carretera del mismo nombre… hasta llegar a la Avenida Carlos III, siguiendo por Reina, Prado, Malecón y Hotel Nacional, donde se hospedaría el protagonista de “Ay, Jalisco, no te rajes”, película que lo catapultó a la fama internacional.

Más de 30 automóviles, llenos hasta los topes de artistas, precedidos por dos oficiales de la Policía Nacional en motocicleta, enfilaron por aquella carretera, para ir a esperar el avión…

Dos carros amplificadores van dando detalles de la llegada del astro…

Unos discos, lanzaron al aire la maravilla de su voz…

Una figura gallarda y varonil que se planta en la escalerilla del avión, agita la mano derecha en el aire, correspondiendo a la enorme ovación que se le tributa al pisar tierra cubana.

Es Jorge Negrete: “Si todos mis esfuerzos hubieran servido nada más que para experimentar la emoción que me ha producido el cariño demostrado por el público de La Habana a mi llegada, —dice— ya están por bien empleados… ¡Caramba! Casi me hacen llorar…”

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