Hoy , 23 de junio, es el 199 aniversario del natalicio de Francisco Vicente Agui

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Hoy , 23 de junio, es el 199 aniversario del natalicio de Francisco Vicente Aguilera. Hombre augusto de la patria , del cual Martí dijo que era el padre de la República. Fundador y VM de la Logia Estrella Tropical , de la cual coordinó la conspiración revolucionaria que desemboca el 10 de octubre. Reconocido como el hombre mas Rico de la provincia de Oriente murió pobre y enfermó de cáncer en NY. Al encontrarse en miseria un amigo de antaño le dio diez dólares para que se comprará ropa. Al pasar la recoleta habitual , don Pancho dijo el aporte de un cubano para que Cuba sea libre. Al enterarse el amigo le reprochó y dijo : Nada tengo mientras no tenga Patria. Honor y Honra a Francisco Vicente Aguilera. Esto es un trabajo de mi hermano Jose Mario Viamonte Piña . A continuación los dejo con una pequeña anécdota.

LA PROMESA DE FRANCISO VICENTE AGUILERA

En 1867 la ciudad de Bayamo era un hervidero de sentimientos separatista. En tiempos de tiranías y crisis los opresores intentan controlar férreamente las celebraciones y fiestas populares donde se pueden encubrir acciones beligerantes. Bayamo ciudad devota al catolicismo celebraba religiosamente el santoral católico. El 25 y 26 de julio de todos los años, tradicionalmente se celebraban en la ciudad las Fiestas de Santiago Apóstol y Santa Ana respectivamente. El convite religioso se sincretizaba con tradiciones profanas, como juegos, bailes, procesiones y cabalgatas.

El gobierno español encabezado por su teniente coronel Julián Udaeta, había dictado un bando especial para vetar actividades que convocaran tumultos cómos los desfiles de caballos y comparsas, previendo notificaciones de posibles conspiraciones y sentimientos de desafectos a la corona. Los bayameses acostumbrados a desafiar el poder ibérico, habían seguido con las acostumbradas celebraciones desconociendo las órdenes de Udaeta. El 26 de julio de 1967 celebrando el día de la Santa Ana, la joya del Cauto amaneció con muchos bayameses vestidos de la manera típica, con ropas blancas y franjas y cintas rojas y azules. Los colores republicanos, los que a la postre devendrían los colores patrios. Al arrancar las tradicionales comparsas y cabalgatas, los gendarmes españoles salieron al paso, lo que terminó en un espontáneo acto de confrontación que desató forcejo y agitaciones entre criollos y adeptos a la corona peninsular.

Julián Udaeta máximo representante del yugo español en la ciudad, no dudo para declarar un estado de sitio y mandar a calar las bayonetas. Los bayameses airados se replegaron hacia sus casas ante la ferocidad ibérica. La bota española oprimía la ciudad. Los españoles estaban furiosos no admitían semejante rebelión. Exigían de manera exasperada la prisión a los cabecillas. Desde la Plaza de Armas Isabel de Armas II, corazón de la ciudad, el gobernador se rodeó con el alto mando militar y sus acólitos. El servicio secreto y otros instigadores incitaban que ese motín tenía un nombre y apellido. Ni corto ni perezoso, desde las oficinas de la cárcel tomo papel y pluma, escribió una citación extraordinaria, para que se presentara de carácter urgente el presunto cabecilla.

El soldado con la citación salió de la cárcel, atravesó la calle El Salvador y se dirigió a la mejor mansión de la ciudad. Cumplió su misión y salió rápidamente. Al poco tiempo, salió de las fatuas puertas un elegante caballero, con paso firme y calculado. Rubio, alto y delgado, con una larga y espesa barba similar a un rabino hebreo, vestido de manera sobria y pulcra, solo le colgaba una leontina de un reloj de oro, con un bastón con empuñadura preciosa. Se presentó en la entrada de la cárcel, los soldados que custodian la puerta lo saludan militarmente. No mira ni los guardias, se dirige a la oficina principal. El conserje lo anuncia, en el interior de la oficina sobre un amplio gabinete de madera lo espera el teniente coronel. Le solicita que se siente en mueble de pajilla y brazos. Con tono de despótico y áspero, le advierte en castellano clásico:

– “Don Aguilera, sepa usted que le he mandado a llamar, porque me advierten que su persona es el instigador de esta asonada. Extrañándome mucho que un hombre de su alcurnia y que ya peina canas, se meta en asuntos de esta turbia naturaleza. Sepa Ud. que tengo tomadas mis medidas. ¡Y le juro por Dios y por el Rey que le daré un castigo ejemplar a todo aquel que conspire contra su majestad o gritad muera España!”

Dicho esto, gobernó una pauta de silencio. El interpelado dijo con voz serena, pero con cierta fiebre por dentro:

– “Aseguro a su excelencia, que no he tomado parte alguno en este asunto. ¡Pero también le juro, como caballero, que si alguna vez Francisco Vicente Aguilera tomara partido en asuntos de esta naturaleza, ha de temblar España!”

Dicho solamente esto, dio un suave golpe con el bastón. Se paró y saludó. Dándole la espalda al gobernador azorado. Unos días después, en agosto se fundaba el Comité Revolucionario de Bayamo, bajo la presidencia de Francisco Vicente Aguilera, el cual gestó la conspiración revolucionaria que estallaría el 10 de octubre de 1868, haciendo asi cumplir la promesa de la Aguilera a Udaeta. Por José Mario Viamonte