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Con la pequeña historia que les dejo a continuación no se trata para nada demeritar ni un ápice a nuestro Titán de Bronce, es solo mostrarles su lado humano. Es importante resaltar esto para que se contengan los más extremistas y conservadores miembris del grupo.

MACEO Y EL DENTISTA
Está Antonio Maceo en Nueva York reunido con amigos y compañeros de lucha y se queja de un fuerte dolor de muela. Uno de los presentes le aconseja que visite a un dentista, le recomienda uno, norteamericano, y a su consultorio se encamina el Titán llevando como intérprete al hijo de su amigo.
Contó el muchacho después que notó a Maceo nervioso e intranquilo durante la espera. No le dio importancia, sin embargo, al asunto, que atribuyó a la molestia que producía la pieza caridad.
Examinó el dentista a Maceo, la muela estaba en tan mal estado que no dejaba más alternativa que la extracción.
– Hoy no puedo, vuelvo otro día, comentó Maceo y, sin perder un minuto, abandonó el sillón del especialista. Ya en la calle, el bravo entre los bravos, que tenía ya en su cuerpo 21 cicatrices de guerra, sonrío y con cierta ingenuidad infantil dijo a su acompañante: ¡Tengo horror a que me saquen una muela !