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Hotel Riviera El Hotel Habana Riviera se inauguró en 1957 en un terreno privile

Hotel Riviera

El Hotel Habana Riviera se inauguró en 1957 en un terreno privilegiado del malecón habanero. Con sus cuatrocientas cuarenta habitaciones, se constituyó e el hotel-casino más grande del mundo fuera de Las Vegas.

El proyecto original fue ideado por Philip Johnson, con Junco, Gastón y Domínguez, en el 1956; su casino ovoide de azulejos coloridos fue diseñado por Igor B. Polevitzky, uno de los principales arquitectos de hoteles Art Decó en Miami. Para la torre de las habitaciones Polevitzky empleó un plano en forma de «Y», perpendicular al océano y elevado sobre pilotis para aprovechar las vistas al Golfo de México. Losas voladas y ligeramente curvadas hacia el mar forman balcones que ofrecen protección del sol y añaden un elemento alegre a la fachada. Las paredes externas están cubiertas de azulejos vidriados en dos tonos de turquesa, una solución ambientalmente apropiada y expresiva de la lealtad del edificio a su situación marítima más que a su contexto urbano.

La piscina del Riviera estaba enmarcada por un club de cabañitas de dos niveles y setenta y seis vestuarios individuales. El trampolín de tres niveles arqueado sobre el agua azul destellante se convirtió en el centro del decorado para los espectáculos acuáticos.

Los eclécticos interiores del Riviera, el primer gran edificio con aire acondicionado central de La Habana, fueron diseñados por Albert Parvin de Parvin-Dohrman de Los Ángeles, la empresa responsable de la decoración de los más recientes complejos hoteleros de Las Vegas. Estos interiores rivalizaban en su ostentación del lujo con las deslumbrantes invenciones de Lapidus en Miami Beach. Ginger Rogers fue la estrella de la gala de inauguración (el 10 de diciembre de 1957) en el fastuoso Copa Room, la gran atracción del Riviera.

Las publicaciones que promocionaban «Dining in the Grand Manner» (cenar a lo grande) en el suntuoso restaurante L’Aiglon del hotel ponían de relieve el «ambiente cosmopolita, el decorado tropical, el servicio continental, la comida exquisita». Arañas deslumbrantes, alfombras mullidas, candelabros barrocos, sillas Art Decó y la vajilla de porcelana especialmente diseñada se combinaban con los murales del artista español Hipólito Hidalgo de Caviedes, que representaban escenas festivas del carnaval para darle al restaurante un toque de autenticidad caribeña. Los cubanos negros alegraban las paredes de L’Aiglon, mientras que el Riviera observaba reglas estrictas de segregación racial.

Al bajar de sus coches con chofer, los huéspedes del Riviera eran acogidos por la estatua de cemento blanco sobre fondo negro de Florencio Gelabert, Ninfa con hipocampo. En el inmenso vestíbulo del Riviera se encuentra la escultura Ritmo Cubano, del mismo artista, y los murales abstractos de Rolando López Dirube. Una escultura abstracta de metal del mismo López Dirube forma el eje de la magnífica escalera circular que desciende al café Primavera, asciende hacia el vacío y termina en un rellano a medio camino del cielo raso, siguiendo al pie de la letra la fórmula de Lapidus y de Hollywood. Hasta hoy en día, parejas de novios utilizan este escenario teatral para dar glamour a sus fotos.

La legislación de la época exigía que el 3 % del costo de construcción de cada edificio privado se destinara a la adquisición de obras de artistas cubanos, una concesión modesta al talento nativo si se tiene en cuenta que el gobierno cubano había cedido seis millones de dólares estadounidenses para la construcción del Riviera. El 18 de abril de 2012 el hotel Riviera fue declarado Monumento Nacional por el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural.

Publicación de Angel Gutierrez Fernandez





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