HOLA amig@saquí les regalo la super Espectacular historia de quien fuera un

22

HOLA amig@s🙋‍♂️aquí les regalo🎁 la super Espectacular historia de quien fuera uno de los mejores jugadores de billar🎱en el mundo🌍 quien deberia ser honrado y recordado como todo un Verdadero Orgullo CUBANO 💪🇨🇺 sin más 😉 Con Ustedes👇
🏑 🎱 Alfredo de Oro 🎱🏑
Campeon del mundo🌍 25 veces😲💪 y quien se encuentra entre los mejores jugadores de billar🎱 de todos los tiempos 💪👏👏👏

La revista especializada Billiards Digest seleccionaría al cubano como el cuarto mejor exponente de esa disciplina en el siglo pasado.
LES ADJUNTE LA ESPECTACULAR DESCRIPCION DE AQUEL QUE Para la revista Pearson’s Magazine fue uno de los partidos de billar más increíbles de la historia. Así lo reseña en su número de mayo de 1905, poco tiempo después del célebre encuentro. A más de un siglo de aquellos hechos, todavía muchos lo creen así. LEER ABAJO.

En los albores del siglo XX Alfredo de Oro, una gloria del billar cubano y del planeta, obtuvo el campeonato mundial…¡ 25 veces!

Su nombre estuvo ligado por esos años a los del ajedrecista José Raúl Capablanca y el esgrimista Ramón Fonst, émulos en lauros y virtuosismo. Un trío de ases, cuyos talentos hicieron historia y atrajeron las miradas del mundo hacia esta pequeña isla.

Oriundo del municipio de Manzanillo, en la provincia de Oriente, en la actual Granma, nace el 28 de abril de 1863. a fines del 77 lo llevó su hermano Joaquín a un salón de billar y puso un taco en sus manos. Alfredo quedó maravillado y enamorado a la vez de la compleja actividad, pero cursaba interno el bachillerato, lo que limitaba su participación en los juegos. No obstante, en enero de 1881, ya son noticias en los corrillos de jugadores sus victorias frente a billaristas reconocidos en La Habana de entonces.

Seis años después interviene por vez primera en un campeonato mundial y empata en la cima con los favoritos, pero queda tercero en la discusión de los lugares. Otra vuelta de almanaque y en 1888 el cubano se proclama campeón en un juego reñidísimo que lo favoreció 16 mesas por 15.

Al año siguiente De Oro pierde el campeonato contra Albert G. Powers, en juego de "piña continua" (se cuentan el número de bolas y no el de las mesas), pero en 1891 va al desquite y lo vence 600 por 527, para iniciar su increíble leyenda al adjudicarse el título mundial en 18 ocasiones consecutivas.

En este período destaca su triunfo en la justa del orbe que se realizó en el marco de la Exposición Mundial de San Luis —al unísono de los Juegos Olímpicos de 1904—, donde triunfó el esgrimista Fonst abrumadoramente.

En su número de mayo de 1905, la revista norteamericana Pearson's Magazine bajo el título de: Como De Oro ganó el campeonato de piña describió su célebre desafío con Keogh, en que al norteamericano le faltaban nueve bolas para ganar y a De Oro 63, las que fue descontando lentamente ante los ojos atónitos de su rival: ¡Faltaba una! Y esa una estaba a un pie de la tronera, y la tiradora a un pie más de distancia, en línea recta. No había un solo hombre en la desbordante concurrencia que no se sintiese capaz de colarla. Y no había uno tampoco que no hubieses dado lo mejor en el mundo por tener ese honor. Con toda su calma estuvo apuntando, para que la delicia del momento se prolongase, momento del que no volvería a gozar, y finalmente cuando la anhelante multitud no quiso esperar más y expresó su intensa emoción en inmenso y entusiástico vocerío, tiró acertando, al mismo tiempo que todos los que se hallaban en el salón lo estrujaban en una ola de congratulaciones por el final de torneo más hermoso que se ha jugado jamás en una mesa de piña.

Con fecha seis de enero de 1918 (Alfredo tenía 56 años de edad), el libro Crónica Cubana recoge en sus páginas…"El campeón mundial de carambolas por tres bandas, Alfredo de Oro, llegó después de 20 años de ausencia y triunfó en match contra Charles Otis celebrado en el teatro Payret, reteniendo el campeonato.

Era el asombro de todos. El periodista José Sixto Sola en la revista Cuba Contemporánea, de gran prestigio en esa época, describe al estelar jugador: "aún con la edad que cuenta, conserva su maravillosa habilidad, serenidad imperturbable, pulso fijo como si fuera de acero, ideación rápida y original, que ha hecho de él, el más grande de los billaristas modernos."
En 1922, con 60 años de edad, de Oro cayó derrotado por el estadounidense Johnny Layton. Muchos pensaron entonces que ese sería el final de su carrera. Pero once años después regresó para vencer a Layton y recuperar su corona. Al año siguiente anunciaría su retiro. Era el fin de una era.

Radicado en los Estados Unidos,se retiró oficialmente en 1934 .Alfredo de Oro falleció el 2 de junio de 1948, Estados Unidos a los 85 años de edad . Dos décadas después fue exaltado póstumamente al Salón de la Fama del billar estadounidense y en 1999 la revista especializada Billiards Digest lo situó en el cuarto puesto entre los 50 mejores jugadores del siglo XX.

((( OJO 📣Espectacular descripción de los momentos finales del campeonato por el título mundial de Billar)))) 👌👏👏👏👏👏👏

El público rodea la mesa expectante. Jerome Keogh acaricia la punta de su taco mientras observa con atención el turno de su rival. Solo 9 bolas lo separan del título mundial de billar en la modalidad de piña continua, mientras su contrincante necesita embocar 63. Pero su contrincante es Alfredo de Oro.

Con asombrosa tranquilidad, casi con displicencia, de Oro acierta una bola tras otras. Sus movimientos son seguros y elegantes. El flemático Keogh hinca el palo de billar en el suelo mientras los espectadores ahogan sus exclamaciones.

Cuando resta una bola, una sola bola, el billarista cubano se recrea. Demora el golpe, se regodea en los gestos, detiene el tiempo como un maestro del suspense.

El público se impacienta. Los periodistas, que habían escrito ya el titular del día, se apresuran a borrar su sentencia: “Cae el campeón”. Keogh, atónito, no aparta los ojos de la tronera.

La bola decisiva está a un pie del agujero y la bola tiradora a un pie más de distancia, en línea recta. De Oro, aupado por un creciente murmullo, lanza de una vez el golpe. La bola blanca embiste de lleno a la otra, que se precipita tronera adentro. La multitud estalla en un grito.

Para la revista Pearson’s Magazine no hay dudas: se trata de uno de los partidos de billar más increíbles de la historia. Así lo reseña en su número de mayo de 1905, poco tiempo después del célebre encuentro. A más de un siglo de aquellos hechos, todavía muchos lo creen así.

Esta no es, sin embargo, la única anécdota memorable de Alfredo de Oro. Su trayectoria, exitosa y longeva, fue rica en juegos tensos, temerarios, asombrosos, deslumbrantes. Y, más que nada, en victorias.