El Pórtico de O'Reilly, una antigua entrada a La Habana Vieja.

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El Pórtico de O'Reilly, una antigua entrada a La Habana Vieja.

Para los que han escuchado o leído sobre la historia de la Habana no resulta relevante escuchar cómo se refieren a esta ciudad como una ciudad de fortalezas y portones, calificativo bien ganado a lo largo de los años pues durante la época colonial una de las características que más resaltaba era el muro que la rodeaba todo el territorio y protegía de los ataques de piratas y corsarios.

Para lograr ese fin jugaban un papel significativo las nueve fortalezas y múltiples puertas que garantizaban la protección y control del acceso a la ciudad que a la vez se encontraba custodiaba por más de 200 cañones que en la actualidad han quedado perpetuados y forman parte de los restos del pasado que contemplan cada día los capitalinos al igual que los fragmentos del muro.

Significativo resulta el hecho de que la puerta de O’Reilly no estaba comprendida en el fragmento de la muralla que se construyó entre los años 1674 y 1797 puesto que esta puerta se construyó en 1852 como una facilidad de acceso para los que necesitaban ingresar a la ciudad mediante la calle O’Reilly provenientes de la bahía.

Fue en el año 1863 cuando comenzó la destrucción de la muralla habanera pero sin embargo la puerta fue conservada hasta finales de la década del 20 del siglo pasado cuando por decisión del gobierno de Gerardo Machado fue demolida para aumentar el área ocupada por la Avenida del Puerto, este proceso conllevó a que la puerta obtuviera el nombre de “Portón Perdido” por los pobladores habaneros que se referían al desaparecido pórtico.

Dicen que la decimonónica puerta de hierro se abría entre sendas columnas de piedra cincelada.

Sobre su parte inicial permanecía intacto el escudo de la capital elaborado también a base de hierro, que a su vez mostraba ambos lados los cuernos de la abundancia y junto a ellos la reseña “Fidelísima ciudad de La Habana” que destacaba además el amor cariño y fidelidad de sus moradores.

Imposible resulta observar la obra y no quedar maravillado ante el excelente trabajo de quienes trabajaron en la construcción de las dos columnas de mármol blanco que sostiene la puerta y mucho más en el delicado trabajo de orfebrería realizado para obtener los escudos que adornan el pórtico, todo esto logrado gracias a la gestión y el interés de las autoridades de la capital y a la añoranza por años de todos aquellos que incluso fallecieron sin la oportunidad de ver la puerta devuelta a su sitio.

Como símbolo de conservación del patrimonio y la historia permanecen a la entrada dos cañones que apuntan hacia el mar como símbolo de defensa del área que sirve como acceso a través de un angosto camino compuesto por cientos de adoquines que conducen hacia el tan preciado centro histórico.

Resulta sorprendente el contraste que se establece entre la Puerta de O’Reilly y las construcciones colindantes que muestran un estilo más actual lo que da a entender que la modernidad puede ser asumida sin olvidar las raíces y la historia.

En un verdadero privilegio atravesar el pórtico pues significa atravesar un espacio que huele a pasado, a identidad y orígenes, significa vivir el presente incluyéndole siempre estos elementos de un pasado colonial que hace hermoso el entorno de hoy.

Todocuba.