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El 7 de diciembre de 1896 caen en combate Antonio Maceo y Francisco Gómez Toro.

En la madruga del 8 de diciembre los cuerpos se trasladan a la finca Cacahual, en donde fueron sepultados secretamente por el campesino Pedro Pérez y sus hijos, quienes en lo adelante se convirtieron en depositarios y celosos guardianes del secreto, que solo se conoció concluida la contienda.

Terminada la Guerra, el 17 de septiembre de 1899, fueron exhumados los restos de Maceo y Panchito en presencia de Máximo Gómez, su esposa Bernarda Toro y en representación de la viuda de Antonio Maceo, los mayores generales Pedro Díaz y José María Rodríguez.

El doctor Bernardo Gómez Toro, hermano de Panchito, escribió en la revista Carteles en octubre de 1932: “Que Maceo y su ayudante cayeran en el campo de batalla, nada tiene de excepcional ni de único; que las huestes mambisas recogieran los cadáveres (…) tampoco tiene nada de extraño (…) lo que sí es obra de un designio al parecer ineluctable es que, al confiarse sus despojos a hombres modestísimos en hábitos y mentalidad, a rudos campesinos, guardaran el secreto como en sagrario de oro tal como supieron hacerlo al enterrar los restos, con unción beatífica”.

El 24 de febrero de 1946
la escultora Jilma Madera, conocida por su famosa escultura "El Cristo de La Habana levantó un merecido monumento a Pedro Pérez y sus hijos, en el Mausoleo del Cacahual donde ellos habían dado sepultura, provisionalmente a Maceo y a Panchito. Lo develaron con el nombre de “El Pacto del Silencio”.