19 de mayo de 1895 Caída en combate de José Julián Martí Pérez Los días 16, 1

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19 de mayo de 1895
Caída en combate de
José Julián Martí Pérez

Los días 16, 17, 18 y 19 de mayo de 1895 el Coronel Ximenez de Sandoval se dirigía desde Palma Soriano, al frente de un convoy, hacia Remanganaguas, mandaba una fuerte columna de tropas bien armadas de infantería regular, de escuadrones de caballería y de fuerzas auxiliares, entre los cuales se encontraban los prácticos Antonio Oliva, Cayetano Martí, Manuel Pasos y Rogelio Sigarreta, vecinos todos de Palma Soriano. Fueron estos individuos los que consiguieron información acerca de la presencia de mambises en las cercanías de la Boca de Dos Ríos. El Coronel Sandoval decidió entonces salirles al encuentro marchando por las márgenes del río Contramaestre en dirección noroeste hacia la Boca de Dos Ríos. Por Limones vadeó el río y encontró recientes huellas de la caballería de los insurrectos. Lograron detener a un campesino sospechoso que resultó llevar dinero y una lista de encargos para comprarlos en las Ventas de Casanova.
Finalmente confesó la presencia en la zona de Gómez, Martí y Masó. Sandoval le exigió, muy posiblemente como condición para salvarle la vida, que lo condujera al lugar o campamento donde estaban los mambises. Los llevó a Jatía donde había estado el campamento con el Apóstol durante una ausencia de Gómez. Allí Sandoval ordenó descansar a la tropa y distribuir el rancho.
Observó que el sitio era ideal para hacerse fuerte en él; en el flanco izquierdo tenía el río Contramaestre, muy crecido y con barrancos de unos seis metros de altura, lo que le cubría de un ataque sorpresivo; por el derecho había un bosque espeso de Jatía que era como un alto muro natural protector; por la retaguardia, en caso de retirada, podía hacerlo hacia Remanganaguas; frente a sus tropas estaba el enemigo. Una cerca de alambre de púas que iba desde la orilla del Contramaestre hasta el bosque de Jatía, le ofrecía una buena defensa por el único lugar donde podía ser atacado. Situado en tan ventajosa posición, decidió esperar, bien atrincherado, la embestida de Gómez y Masó. La infantería la colocó detrás de la cerca de púas, y la caballería a unos 500 metros cubriendo la retaguardia. Entonces mandó una patrulla para explorar la zona, y otra de caballería con el objetivo de hacerse notar y provocar el ataque de los cubanos hacia donde estaba la fusilería de Sandoval. Frente a él estaba el camino hacia Vuelta Grande donde estaba el enemigo. El capitán Ramos le avisó a Gómez de que una columna de unos 1,000 hombres estaba acampada a la orilla del río. Este, tal vez creyendo que estaba descansando después de una jornada de camino y podía sorprenderla, dio la orden de "a caballo", ordenándole a Masó que lo siguiera con sus 300 jinetes, y a Martí "retírese hacia atrás que este no es su puesto". Los cubanos consiguieron cruzar el río a pesar de estar muy crecido, y cuando se acercaron a La Jatía los españoles los recibieron con una lluvia de balas.
Tal fue el fuego de la fusilería que Gómez anotó en su diario que "jamás me he visto en trance más comprometido". Los mambises tuvieron que desbandarse ante tan inesperado recibimiento.
Martí había quedado en el campamento acompañado por un teniente y doce hombres. Sintiéndose humillado en ese estado de pasividad frente al peligro, por orden de Gómez, esfumándose así la primera oportunidad de pelear por Cuba con las armas en la mano, se montó en su caballo Baconao, regalo de José Maceo, salió del campamento acompañado del joven Miguel Ángel de la Guardia Bello y se lanzó a buscar a Gómez. Vadeó el río Contramaestre, y al llegar a la cima de un barranco vino a parar frente a la línea de fuego de la infantería colonial, parapetada detrás de la cerca de alambre de púas. Al verlo seguido sólo de un joven mambi, fue fácil blanco de la fusilería enemiga. Era un día lluvioso. Su sueño de morir combatiendo cara al sol se lo negó la naturaleza. Fue, sin duda, un día negro para el poeta de la rosa blanca.
Su cadáver fue primero enterrado la tarde siguiente sin ataúd en el cementerio de Remanganaguas, provincia de Oriente, y le pusieron encima el cuerpo exánime de un sargento del ejército español. Cuatro días después, cuando las autoridades españolas se convencieron de la importancia de la jerarquía del Jefe insurrecto, determinaron que debían trasladarlo hacia Santiago de Cuba el 27 de mayo.
EL 24 de febrero de 1907, para rendirle honor, lo llevaron a un pequeño templete, con unas lápidas que tenían inscritos algunos de sus más profundos pensamientos, poniendo su busto al frente.
Pero un grupo de jóvenes del Club Rotario de patriotas, convocaron a un concurso para escoger el mejor proyecto, siendo ganador el escultor santiaguero, nacido en 1911, Mario Santí, quien se sintió inspirado al leer una misiva que escribió nuestro prócer en el diario argentino La Nación, en la que éste describía cómo se debía rendir honor a los grandes hombres.
Gracias a la iniciativa de estos jóvenes y a la contribución del pueblo por fin son llevados los restos del Maestro a su morada final el 30 de junio de 1951. Para llegar al lugar donde reposan los mismos es un camino de mármol, ancho y blanco a cuyos lados pueden leerse pensamientos del Apóstol en columnas de piedra, relacionados con los sitios que le sirvieron de campamentos militares durante la campaña libertadora.
Para construir la escalinata en la base del monumento se trajo el mármol de la Finca El Abra de Isla de Pinos. En cada esquina del mausoleo hay una estatua de las antiguas provincias de la nación, con el símbolo que las identificaba. En la parte superior está la figura del Prócer en mármol mirando hacia el Este por donde sale el sol, y abajo la cripta de bronce que guarda sus restos; debajo de la misma hay tierra de las distintas naciones americanas que tanto amaba, en significación de la unidad que él soñaba, de toda la América y complementando la idea, a su alrededor se sitúan los escudos de las repúblicas del continente americano.

Y para complacerlo, como expresara en sus versos sencillos, sobre la estructura metálica hay una bandera cubana, y muy cerca un recipiente que tiene forma de libro, donde se puede leer:

No me pongan en lo oscuro
a morir como un traidor:
Yo soy bueno, y como bueno
¡Moriré de cara al sol!"