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¿PORQUE OCULTARON AL VERDADERO MARTÍ? Democracia no es el gobierno de una parte

¿PORQUE OCULTARON AL VERDADERO MARTÍ?
Democracia no es el gobierno de una parte del pueblo o una clase del pueblo sobre otra, porque eso es tiranía. – José Martí
El concluyente juicio de Martí que encabeza este trabajo condena el régimen totalitario de La Habana, era desconocido, y estaba escrito en un libro que allá habían escamoteado. Es fácil entender las razones que tuvieron para ocultar esas palabras de Martí: tanto Marx como Lenin proclamaron la "dictadura del proletariado", la tiranía, como imprescindible para establecer su sistema de gobierno. En 1918 dijo Lenin: "La dictadura proletaria es el poder ganado y mantenido por la violencia del proletariado contra el poder de la burguesía, y que se ejercita sin limitación de ninguna ley". Así, la Plataforma Programática del Partido Comunista de Cuba determinó en 1975 que, "en el período de transición entre el capitalismo y el comunismo, durante la construcción del socialismo, el Estado tiene que ser la dictadura del proletariado". Por eso la Constitución Socialista de 1976 inspirada, como decía en su preámbulo, "por la doctrina victoriosa del marxismo-leninismo" en su artículo 1º declaraba: "La República de Cuba es un Estado socialista de obreros y campesinos"; y en el 4º se precisaba así el dominio de lo que llamaban la clase trabajadora sobre el resto de la población: "Todo el poder pertenece al pueblo trabajador…" Y al año siguiente, el alma de aquel documento jurídico, el ferviente estalinista Blas Roca a quien los hermanos Castro le rindieron honores de general muerto en campaña al enterrarlo junto a Antonio Maceo precisó en un trabajo publicado en la World Marxist Review: "La verdadera esencia de nuestra democracia socialista es una forma específica de la dictadura del proletariado". Y eso resultaba evidente puesto que en el artículo 5º de la citada Constitución se establecía que el Partido Comunista, la "vanguardia organizada marxista-leninista de la clase obrera" era "la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado".

Ese sistema de gobierno, el cual, como se predijo desde los tiempos de Marx, y luego se probó en la práctica, jamás fue en verdad una "dictadura del proletariado", sino una "dictadura sobre el proletariado", ejercida por una gavilla de oportunistas que se autocalificaron la vanguardia de la clase trabajadora, es el que se impuso en Cuba y aún rige los destinos del país. En ese gobierno, como bien se sabe, el poder lo ejerce "una parte del pueblo o una clase del pueblo, sobre la otra", lo que, en el correcto juicio de Martí, no es una "democracia", sino una verdadera "tiranía".

El secuestro de un libro

El día antes de su muerte, Martí le escribió a un amigo: "Sé desaparecer, pero no desaparecería mi pensamiento". Y ahora, a un siglo de Dos Ríos, nos llega su palabra otra vez condenando el gobierno totalitario que domina su patria: el mando de un grupo sobre el resto de la población, la ausencia de elecciones libres, el despotismo, el unipartidismo, la falta de libertad, la coacción y cuanto defienden hoy con todo fervor los gobernantes de Cuba.

El libro anotado por Martí, en el que aparecen las palabras que aquí se destacan, se titula Contemporary Socialism, fue escrito por John Rae, y lo publicó en Nueva York, en 1887, la editorial Charles Scribner's Sons. Era una reimpresión de su primera salida, de 1884, que luego amplió Rae, famoso historiador y economista escocés, en posteriores ediciones, hasta su muerte en 1915. ¿Cómo se escamoteó ese libro que pertenecía a Martí? La historia de la trampa es la que sigue. En noviembre de 1920 Carmita Mantilla, la fiel amiga de Martí, le entregó al Dr. Julio Villoldo, en Nueva York, 19 libros que ella conservaba de la biblioteca que tenía Martí en su oficina de 120 Front Street. Villoldo había conocido a la familia Mantilla en Nueva York, donde había estudiado la primera enseñanza; luego se graduó de abogado en la Universidad de La Habana y se dedicó al periodismo. La colección de libros estaba formada por siete títulos en español, entre ellos las Obras poéticas de José María de Heredia, en su edición de 1875, y los tres tomos de la Historia de San Martín y de la emancipación sud-americana, de Bartolomé Mitre de los que luego se hablará en estas páginas; otros siete en inglés, con el Lalla Rookh, de Thomas Moore, cuya traducción de Martí se perdió, y este Contemporary Socialism, de John Rae; y cuatro en francés, entre ellos el discutido Erotika Biblion, de Mirabeau.

Al morir en 1954 el Dr. Villoldo, esos libros fueron a dar a la oficina del Historiador de la Ciudad, en La Habana, y allí los vio el profesor argentino Dardo Cúneo, según dijo en su José Martí: La Argentina y la primera Conferencia Panamericana, que se publicó en Buenos Aires en 1955, donde se lee:

Durante nuestra estada habanera, Emilio Roig de Leuchsenring nos introduce en ese sector secreto del mundo martiano. Cuida él ahora de aquellos libros que esperaron el reencuentro con el héroe. Los examinamos. Como era Martí lector que elaboraba sus lecturas, estos libros contienen una zona de su labor, de sus jornadas: notas marginales, acotaciones y subrayados en el rasgo mortal de un lápiz apurado. Así están anotadas las poesías de Heredia, y el estudio de esas anotaciones equivaldrá a recomponer un suficiente juicio crítico de Martí sobre ellas. Así un pequeño Contemporary Socialism de John Rae, edición Charles Scribner, en Nueva York y 1887.

Y a continuación transcribe dos anotaciones manuscritas de Martí, a lápiz, que encuentra en su breve revisión del tomo primero de La Historia de San Martín; una de ellas dice, en la página 71: "La raza india oprimida el pensamiento colonial del criollo anhelante de su personalidad sojuzgada y el mismo espíritu noble y en cierto sentido de civilizador segundón y altivo, ahogada sólo por lo que en el español hay, a la vez, de mandón y señor".

Muerto Emilio Roig en 1964, Julio Le Riverand, el historiador marxista que fungía como Director del Archivo Nacional, dispuso que esos libros que pertenecieron a Martí pasaran a la Biblioteca Nacional, pero allá no llegó el Contemporary Socialism de John Rae… El hecho de que Martí hubiera sido propietario de ese libro resultaba imposible de tolerar por los censores del marxismo-leninismo criollo. Que Martí hubiera tenido en su biblioteca esa denuncia del socialismo, ese análisis devastador del marxismo, era insoportable, y al igual que los miembros más intransigentes del tribunal del Santo Oficio en tiempos de los Reyes Católicos, lo secuestraron, quizás con la esperanza de que nadie se diera cuenta del robo, sin recordar que había constancia escrita, la del profesor Dardo Cúneo, de que era parte de la biblioteca de Martí.

Enterado de la trampa, la denunció en 1983 el autor de este trabajo, en una conferencia del Círculo de Cultura Panamericano, con el título de "Martí y el socialismo". Al año siguiente, al traducirse al inglés dicha conferencia, se recogió en José Martí, the United States, and the Marxist Interpretation of Cuban History, libro publicado en Inglaterra y los Estados Unidos, por Transaction Books, de la Universidad de Rutgers, en New Jersey. La importancia de esa revelación hizo que de nuevo volviera yo sobre ella en otra charla, también en Miami, en la Florida International University, en 1991, la cual apareció publicada en el Diario las Américas a principios de noviembre de 1991, y por la propia universidad poco después en un folleto titulado La falsificación de la Historia y de Martí en Cuba. Un año más tarde, ya en "edición anotada" y con el título de La falsificación de Martí en Cuba, la dio la Unión de Cubanos en el Exilio, de Nueva York, la que de nuevo, bajo el título de "The Falsification of José Martí in Cuba", apareció en el número de 1994 de la revista Cuban Studies, de la Universidad de Pittsburgh.

El interés en ese asunto radicaba en que, a todas luces, había sido ese libro de Rae el que más había influido en las ideas de Martí respecto a las doctrinas socialistas de su época. Tanto influyó en él, que muchos de sus juicios sobre figuras de que trata (Henry George, Herbert Spencer, Marx, Bakunin, Marlo, Proudhon y Herzen, entre otras), en general coinciden con los de Rae; y hasta copió pasajes de Contemporary Socialism en su Cuaderno de Apuntes.

Las denuncias sobre la desaparición del libro iban, por supuesto, siempre acompañadas de citas y juicios de Rae que dejaban ver el por qué la censura de Cuba había escondido esa notable pertenencia de Martí. Entre las más significativas opiniones de Contemporary Socialism, como ejemplo, resulta oportuno recordar las siguientes: Rae defiende "la propiedad privada" y destaca "el mérito civilizador de la propiedad y de la herencia", las que considera "medios para el progreso y el desarrollo moral" de los pueblos, por lo que creía que "la verdadera solución" de los problemas sociales debía mantenerse "dentro de los límites del presente sistema industrial, los límites de la libertad industrial y de la propiedad privada". Por otra parte, Rae condenaba, al igual que Martí, el totalitarismo de Estado, al que califica de "mandarinato socialista" ("socialist mandarinate"), el cual había de detener el progreso y la producción, aumentando así los sufrimientos del obrero y obligando al Estado a "recurrir al látigo y volver a la esclavitud industrial". Y agrega el tratadista escocés: "Aún otro motor importante del progreso ha de destruir el socialismo: la libertad", sobre la que concluye: "La libertad, por supuesto, es un elemento integral y directo de todo noble ideal humano, porque es condición indispensable para el progreso social… En un régimen socialista, la libertad tendrá que ser ahogada", por todo lo cual advierte, que "el socialismo tendrá que implantar el gobierno más vejaminoso totalitario y absolutista que se haya inventado jamás…" ("Socialism would introduce, indeed, the most vexatious and all-emcompassing absolutist government ever invented"). Por último, también cabe destacar la concreta opinión de Rae sobre el marxismo, la que resume de manera admirable en este otro profético juicio: "El comunismo lleva a todo lo contrario de lo que pretende alcanzar: busca igualdad y concluye en desigualdad, busca la supresión de los monopolios y crea un nuevo monopolio, busca aumentar la felicidad humana y en realidad la reduce. Es una pura utopía, y "¿por qué es una utopía?" se pregunta Rae, y responde "Porque… la mayor igualdad y la mayor libertad posible sólo pueden lograse juntas…"

¿Como habría podido el régimen estalinista de La Habana, que siempre pretende ampararse en Martí para justificar sus abusos del poder, el que se supiera que ésa fue su obra de consulta al estudiar los problemas sociales? Por la mera posesión del libro ya era evidente la necesidad del secuestro, pero ahora que sabemos que el ejemplar suyo tenía anotaciones de Martí suscribiendo las opiniones de Rae, se comprende mejor el robo.

La resurrección del libro

Descubierta la trampa, y ya conocida por estudiosos y lectores de Martí, los esbirros disfrazados de intelectuales que allá viven en alquiler de las autoridades, se dieron a la tarea de explicar de alguna manera el infame desfalco. La estrategia fue no darse por aludidos de las acusaciones y publicar unos inocentes comentarios sobre el libro para dar la impresión de que nunca hubo ocultamiento de él, y presentarlo como si se tratara de un "hallazgo" fortuito. A los efectos de lograr este objetivo se valieron de un profesor de lengua española, José Ballón, de la Universidad de Ohio Wesleyan, en Delaware, quien visitó La Habana en 1991. Una buena dosis de ignorancia de ciencia política por parte de ese profesor de literatura, y otra no menor de deseos de servir a sus huéspedes, hizo que Ballón, en un artículo que apareció hace poco en el número 16 del Anuario del Centro de Estudios Martianos, pasara con notable rapidez por lo más significativo de la obra de Rae, y llegara a decir con la mayor arbitrariedad: "Este hallazgo, me parece, contribuirá a establecer más directamente cómo, entre 1884 y 1887, Martí incorporó el socialismo moderno en su pensamiento" . Ya se sabe que no hubo tal "hallazgo", que el libro lo habían secuestrado, pero dicha la información de esa manera, tomando el término "incorporar" con el recto valor que le da el Diccionario de la Academia, en su primera acepción, de "unir dos o más cosas para que hagan un todo y un cuerpo entre sí", parece que Martí y el socialismo llegaron a ser una y la misma cosa; y, a partir de esa premisa se puede inferir lo siguiente: si el socialismo tal como lo practican en Cuba y Martí llegaron a formar "un todo y un cuerpo entre sí", y el gobierno de Cuba es socialista, Martí y el castrismo son la misma cosa, por aquel simple razonamiento de que "dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí".

Después de esa tan caprichosa afirmación sigue una reseña de Contemporary Socialism evitando las opiniones de Rae que pudieran disgustar a los que presentan a Martí como un precursor de Lenin y como mentor de Fidel Castro, y de los que con su cobarde silencio aplauden esa herejía. Muy pronto en la reseña se advierte que su autor se cansa del tema que no le interesa, ni conoce, pues la atención que le prestó a las primeras 70 páginas del libro desaparece a partir de los capítulos que tratan de Marx y Marlo. Salta entonces a la página 300 para terminar apurado con unas ambiguas conclusiones que nada dicen de la verdadera posición de Martí ante el socialismo. Ni tampoco queda clara en la reseña la verdadera posición de Rae respecto al mismo asunto.

Al recorrer el libro, Ballón menciona varios pasajes que Martí subrayó, alguno ciertamente revelador para lo que aquí interesa; uno dice: "La estabilidad de Europa se puede decir que reside en el número de campesinos acomodados; la contención de la revolución es la pequeña hacienda"; otro: "La condición de Suiza muestra de manera suficientemente clara que la democracia bajo un régimen de libertad no presta oído al socialismo sino que enfila el rostro a direcciones completamente distintas"; y éste que coincide con la opinión de Martí sobre "la guerra necesaria" en Cuba, que le combatían los que buscaban un arreglo con el despotismo de España: "La resistencia pacífica es una contradicción en sí misma, es como el cuchillo de Lichenberg, sin hoja y sin mango, o como la lana que tuviera que lavarse en seco. Es como la mala voluntad por dentro sin la acción externa.. . "

Pero lo más lamentable de esta deficiente y mal ordenada revisión del Contemporary Socialism es que, de las anotaciones de Martí en más de veinte páginas que encontró Ballón, sólo transcribe unas pocas. Casi siempre se disculpa diciendo que son "ilegibles"; bastan estos ejemplos: "En una de las páginas iniciales", afirma, "bajo el título del libro, se encuentra un comentario de Martí, de dos líneas que parece decir: el dogma comunista seguido de palabras ilegibles. Las dos páginas siguientes, en la [sic] que vuelve a aparecer el título del libro, contienen unas treintaidós líneas escritas a lápiz por Martí, en su mayoría ilegibles…"; y en otro lugar: "Esta sección [la que trata de Lassalle] contiene dos anotaciones importantes…" pero no dice cuáles son ni cómo puede considerarlas importantes si no las pudo leer; y sobre el capítulo que trata de "El socialismo y la cuestión social" escribe: "En esta sección, que va de la página 319 a 379, también se encuentran anotaciones hechas por Martí…" pero otra vez tampoco dice nada de ellas…

Todo el que se ha enfrentado con manuscritos de Martí sabe la dificultad de descifrar su caligrafía, casi siempre apurada, que a veces se convierte en una especie de taquigrafía. Pero cuesta trabajo creer que entre tantas anotaciones sólo se pudieran salvar las pocas que Ballón transcribe. En su revisión de las anotaciones de Martí en otro de los libros de su biblioteca, en las Poesías de José María de Heredia, Fina García Marruz, transcribió cerca de un centenar de ellas, al margen de los versos, en su estudio sobre "Martí y los críticos de Heredia del siglo XIX"; algunas son de mayor interés, como éstas que por curiosidad, y como ejemplo, aquí se copian: "La pasión [de Heredia] por sus versos, que ahora se oculta porque el mundo está ocupado en otra cosa y entonces era la forma natural del heroísmo naciente"; "Por ella, Lesbia, vio [Heredia] la corrupción del mundo, que es pena de que no vuelve nunca más el alma honrada"; "[Heredia] es entre los hombres el único poeta que se parece a Safo"; "Y como todas las almas sublimes, le halla al dolor gozo"; "Anda sorbido en literaturas, y se detiene, con ingenuidad inmortal, para comparar a su amada con la rosa que vio al amanecer"; "A Lola ama después [Heredia]. Al pasear con ella por el Yumurí, se siente renacer. ¡Así es el corazón: la losa que levantará (dos palabras ilegibles) Y se levanta! La levanta el amor, o la muerte, que es un amor apetecible y seguro"; "Él se queja a la luna, que sabe mucho de amores, de que se muere y no halla mujer ardiente y sensible"; "Y deja incompletos, con efecto grande, los versos de esos dolores que no se han de profanar hablando de ellos"; "Ennoblece lo más pueril del amor, y lo más delicioso, el darse y quitarse y volverse a dar las manos, el no tener qué decirse, el decírselo todo de repente"; "Ama lo que no es suyo, y huye de sí y de la que ama, porque quiere ser inocente" ; y este último notable comentario, por no abusar de las citas: "¿Quién sabe si Heredia ha escrito en el Niágara los cuatro mejores versos de que pueda envanecerse literatura alguna?" Y esa pregunta se encuentra junto a los del "Niágara", en el que Martí había subrayado los siguientes: "Ved ¡Llegan, saltan! El abismo horrendo/Devora los torrentes despeñados:/Crúzanse en él mil iris, y asordados/Vuelven los bosques el fragor tremendo".

Y uno se pregunta, ¿cómo pudieron leerse esas anotaciones de Martí sobre el libro de Heredia igual que hizo Dardo Cúneo, muy lejos de ser un especialista en Martí, con las que halló en el libro de Mitre, las cuales tanto dicen del crítico y del pensador, y no se pudieron descifrar las del libro de Rae? ¿O es que tendremos que concluir que Martí escribía con una letra cuando trataba de las doctrinas sociales y con otra más fácil de leer cuando hablaba de historia y de poesía? Por ahora no hemos de saber la respuesta: el ejemplar del Contemporary Socialism de John Rae, que perteneció a Martí, y que debe de tener tantos juicios que afectan el régimen de La Habana, sigue secuestrado en la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, al que, por supuesto, no tiene acceso el público, sino sólo los investigadores marxistas y los que no han de perjudicarlos revelando el verdadero pensamiento de Martí sobre los problemas sociales y el socialismo.

Conclusión

Han celebrado en Cuba el centenario de Dos Ríos con todo tipo de farsas: en abril, protegido por fuerte escolta, Fidel Castro visitó La Playita, donde se produjo el desembarco de Martí y Gómez acompañados sólo por cuatro hombres; allí, con el mayor descaro, se hizo retratar junto a la tarja de mármol de 16 pies de alto, erigido por iniciativa del martiano Arturo Carricarte durante el gobierno del Dr. Grau: en ella que se lee, sobre Martí, que "la Fe y el Amor fueron sus armas de combate", y sobre Máximo Gómez se dice que fue "grande por la virtud y el carácter, y más grande aún por la abnegación y el desinterés…" Al mes siguiente, el 19 de Mayo, Castro visitó el cementerio de Santa Ifigenia, y allí dijo hipócrita: "De los frutos de la enseñanza de Martí tenía que surgir una revolución como la nuestra y tenía que ser una revolución como la nuestra". Y en todos los rincones del país se repitió hasta el cansancio, la consigna obligada, de que la revolución, es decir, el fracasado gobierno de Cuba, tenía una "raíz martiana", por lo que había que apoyarla con todo calor. Y para justificar la ausencia de la democracia pluripartidista única posible dijo con todo cinismo Raúl Castro, que ellos, "como lo preconizara José Martí", no permitirían otro partido que el comunista, "el partido único". Y en los telones que adornaban las tribunas brillaron por su ausencia los antiguos retratos de Marx, Engels y Lenin, que cedieron el puesto al de Martí; pero en el dogmatismo, la arrogancia y la mentira, todo fue de los otros y nada del mártir de Dos Ríos.

Por suerte entre las poquísimas anotaciones de Martí que reprodujo en su reseña el profesor Ballón estaba la que inicia este trabajo. Tiene, además, ese juicio, gran actualidad, ahora que algunos allá, serviles, hacen juegos malabares con la palabra "democracia" para justificarle a los gobernantes sus crímenes, y otros le quisieran preparar una oposición complaciente para que con un nuevo disfraz engañen al mundo y puedan continuar en el poder.

Para de verdad honrar a Martí, debería grabarse en todos los avisos de propaganda de la isla, y proclamarse a toda voz, esas palabras suyas que nos llegan oportunas ahora en el centenario de su muerte: "democracia no es el gobierno de una parte del pueblo o una clase del pueblo sobre otra, porque eso es tiranía".

Por Carlos Ripoll
Era uno de los importantes ensayistas cubanos de las últimas décadas. Realizó estudios no solo sobre Martí, sino también sobre la historia y la literatura cubana

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