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¡Amigos míos! En nuestra niñez en compañía de nuestros padres muchas veces nos t

¡Amigos míos! En nuestra niñez en compañía de nuestros padres muchas veces nos tiramos estas fotos instantáneas…

Los experimentos con la Cámara Oscura y las sales de plata fueron múltiples y azarosos. Pero no es hasta principios del siglo XIX, más o menos por el año 1924, que el científico francés Joseph N. Niépce obtiene las primeras imágenes propiamente fotográficas.

Ya para 1839 otro francés, el inventor Louis Daguerre, íntimo colaborador de Niépce, saca al mercado su procedimiento para la obtención de fotografías fijas al que llamó «daguerrotipo».

La fotografía fue ganando en velocidad y ya para fines del siglo XIX e inicios del XX una pintoresca plaga de fotógrafos comenzó a invadir las plazas, parques, y alamedas de las ciudades. En España y Cuba los llamaron «minuteros». No usaban rollos, le entregaban al cliente, un infeliz que no podía pagar un estudio o un turista ansioso por llevarse un suvenir, una foto en sólo 10 minutos.

Para la década del 50 ya el sobrenombre había cambiado. Ahora se les llamaba «guerrilleros», dada su dura existencia, siempre cargando sus pesadas cámaras de cajón y demás elementos imprescindibles en su oficio.

Se ganaron un lugar en los afectos del pueblo y todavía hasta la década de los 60 del siglo pasado todo cubano del interior del país que visitaba La Habana, recurría a sus servicios y se retrataba frente al Capitolio.

Hasta que un buen día alguien consideró «chea», o sea ridícula, esta afición y ya la mayoría de los visitantes lo pensó dos veces antes de acudir a los «guerrilleros», temerosos de que algún bromista les gritara «¡Guajiros… guajiros!»

Quedan al menos tres en activo y son herederos de españoles, polacos, rusos y chinos, maestros del oficio alrededor del Parque Central. Sobreviven fundamentalmente por los turistas en estos momentos.



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