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<< La primera Reina del Carnaval de La Habana >>

En los primeros días de enero de 1908 Julio de Cárdenas, alcalde habanero, hizo una convocatoria a fin de que los gremios presentaran candidatas para escoger a la primera gran señora del carnaval de la capital.

Este inusual llamado no le hace el más mínimo chiste a varias empleadas, entre las que figuraba Ramona García, obrera en la fábrica de cigarros Susini, en la calle Carlos III, quien, con disgusto, se entera de que su nombre comienza a figurar entre las posibles aspirantes.

El 23 de febrero, día del evento, ella, tímida y sin ambiciones, se retira temprano del taller con el propósito oculto de no asistir en la noche al Centro Asturiano, donde debía reunirse el jurado.

No obstante, a la calle Santa Irene número 16, en Santos Suárez, van a buscarla sus amigas más íntimas, junto a la delegada del carnaval y, casi a la fuerza, entre risas y bromas, la obligan a participar.

Durante la espera del dictamen, ella se sienta en una esquina, casi arrinconada, mientras que las demás contendientes se pasean inquietas por el escenario. ¿El veredicto final? ¡Inapelable!

Ramona García, a los 26 años de edad, se convierte en Ramona I, la primera reina, elegida fundamentalmente por su belleza, pero también por su cultura general y sus modales.

Estaba acompañada de seis Damas, elegidas por los mismos atributos.

La elegida recibió obsequios de las empresas industriales y comerciales. Orbay & Cerrato, la mayor fábrica de muebles de Cuba, un lujoso juego de muebles; la agencia Frigidaire, un refrigerador; y las agencias automovilísticas, un automóvil.

La Primera Reina recibió más de 25,000 pesos en regalos, además de una casa en la calle Concepción, en La Víbora.

El 24 de febrero, primer día de carnaval, es proclamada reina , antes de dirigirse al Parque Central en compañía de sus damas de honor y del Alcalde para depositar varios ramos de flores al pie de la estatua de José Martí.

Durante el paso de la comitiva por las calles más transitadas, con la custodia de oficiales de la policía montada, el pueblo no cesa de aplaudir y tirar flores.

En los festejos carnavalescos, la reina, llena de esplendor y, a la vez, dueña de una naturalidad que desarma, es paseada por toda la geografía capitalina como una mujer feliz y venturosa.

Tambien se muestra en las fotos una de Ramona en el año 1954 a los 72 años donde aún conserva rasgos de su antigua belleza.