LA NOCHE DEL INSOMNIO Y EL ALBA – Rosa Maria Andrade Velasco

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Noche triste viste ya, aire, cielo, tierra y mar
mirando del mundo profundo, solaz
esparcen los sueños beleños de paz.
Y se gozan en letargo tras un largo padecer,
los heridos corazones con visiones de placer.
Más siempre velan mis tristes ojos;
ciñen abrojos mi mustia sien,
sin que las treguas del pensamiento,
a este tormento descanso den.
El mudo reposo fatiga mi mente.
La atmósfera ardiente me abraza doquier.
Y en torno circulan con rápido giro,
fantasmas que miro brotar y crecer.
¡Dadme aire! necesito de espacio inmensurable,
do el insomnio al grito, se alze el silencio y hable.
Lanzadme presto fuera de angostos aposentos.
¡Quiero medir la esfera! !quiero aspirar los vientos!
¡Por fin dejé el tenebroso recinto de mis paredes!
Por fin ¡Oh espíritu puedes por el espacio volar!
Más ¡Ay! que la noche oscura cual un sarcófago inmenso,
encubre con manto denso calles, campos, tierra y mar.
Ni un eco se escucha ni un ave,
respira turbando la calma.
Silencio tan hondo tan grave…
suspende el aliento del alma.
El mundo de nuevo sumido,
parece en la nada medrosa.
Parece que el tiempo rendido,
plegado sus alas reposa.
¿Más que siento? ¡Balsámico ambiente!
Se derrama de pronto el capuz,
de la noche razgando en oriente
se abre paso triunfante la luz.
¡Es el alba! se alejan las sombras,
y con nubes de azul y arreból…
se matizan etéreas alfombras,
donde el trono se asienta del sol.
Ya rompen los vapores matutinos
la parda cresta del vecino monte.
Ya ensaya el ave sus melifluos trinos.
Ya se despeja inmenso el horizonte.
Tras luenga noche de vigilia ardiente
es mas bella la luz, más pura el aura.
Como esté libre y perfumado ambiente…
¡ensancha el pecho, el corazón restaura!
Cuál virgen que el beso de amor lisonjero,
recibe agitada con dulce rubor…
del rey de los astros al rayo primero
Natura palpita bañada de albor.
Y así cuál guerrero que oyó enardecido
de bélica trompa la mágica voz;
El lanza impetuoso de fuego vestido
al campo del éter su carro veloz.
Yo palpita tu gloria mirando sublime
noble autor de los vivos y varios colores.
¡Te saludo si puro matizas la flores!
¡Te saludo si esmaltas fulgente la mar!
En incendio la esfera zafirea que surcas
ya convierte tu lumbre radiante y fecunda:
Y aún la pena que el alma destroza profunda…
Se suspende mirando tu marcha triunfal.
!Ay de la ardiente zona do tienes almo asiento!
Tus rayos a mi cuna lanzaste abrazador.
Por eso en igneas alas remonto el pensamiento…
Y arde mi pecho en llamas de inextinguible amor.
Más quiero que tu lumbre mis ansias ilumine.
Mis lágrimas reflejen destellos de tu luz.
Y solo cuando yerta la muerte de avecine,
la noche tienda triste su fúnebre capuz.
Que horrible me fuera brillando tu fuego fecundo,
cerrar estos ojos que nunca se cansan de verte.
En tanto que ardiente brotáse la vida en el mundo
cuajada sintiendo la sangre por hielo de muerte.
¡Horrible me fuera que al dulce murmullo del aura…
unido mi ronco gemido postrero sonáse.
Que al plácido soplo que al suelo cansado restaura.
El último aliento del pecho doliente apagáse
¡Guarde guarde la noche callada sus sombras de duelo!
hasta el triste momento del sueño que nunca termina.
Y aunque hiera mis ojos cansados por largo desvelo…
¡Dale oh sol a mi frente cansada tu llama divina!
Y encendida mi frente inspirada con férvido acento;
Al compás de la lira sonora tus dignos loores,
Lanzará fatigando las alas del rápido viento…
a do quiera que lleguen triunfantes tus sacros fulgores.
Gertrudis Gómez Avellaneda.
Poetisa cubana