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**Almacenes Muralla.

**Almacenes Muralla.**

La Calle Real, principal vía de salida hacia el campo que tenía la antigua habana amurallada, se le cambia el nombre por el de Muralla en 1721, cuando fue abierta la Puerta de Tierra. Se extiende, de este a oeste, desde la calle Oficios hasta la unión de las calles Monserrate y Egido, donde se encontraba la Puerta de Tierra.

En su primer tramo, desde Oficios hasta San Ignacio, era donde se encontraban las principales mansiones y viviendas. Este tramo colinda con la denominada Plaza Vieja, que ocupa el cuadrilátero formado por las calles de San Ignacio a Mercaderes y de Teniente Rey a Muralla.

Su segundo tramo (desde la Plaza Vieja hasta las Ursulinas) es la que hizo famosa a la calle Muralla en la primera mitad del siglo XX, debido a la existencia a lo largo de la misma de numerosos almacenes y tiendas dedicados a la actividad textil, establecidos por los emigrantes judíos principalmente de Polonia, Alemania, Rumania, Lituania, Rusia y Austria, así como por los llamados “moros”, que venían del Líbano, Siria y otros países árabes, todos denominados por los cubanos “polacos”. Aquí se ofertaban telas al por mayor y al menudeo a buenos precios. Una característica original de estas tiendas era la venta de retazos, que eran los recortes de las telas que quedaban al final de las piezas, de los cuales era conveniente salir lo antes posible, para colocar las nuevas. La otra característica consistía en el regateo entre el vendedor y el comprador por el precio a pagar.

Además de telas, se ofertaban encajes, broches, cremalleras, cintas, botones, alfileres, agujas, hilos y todo lo necesario para las costureras. Era normal copiar los modelos que se exhibían en las vidrieras de las elegantes tiendas El Encanto y Fin de Siglo, y visitar Muralla para comprar las mismas telas a precios módicos y, después, confeccionar el vestido copiado. En Muralla se ofertaban todo tipo de telas: gabardina, frescolana, muselina, casandra, hilo, lino, terciopelo, pana, corduroy, paño, lana, seda, crash, dril, algodón, casimir, olán, raso, rayón, dacrón y muchas más. También se podían adquirir diferentes encajes: chantillí, bolillo, gallego, de Calais, tirabordada, punta, entredós y otros.

Hoy los almacenes, talleres de confecciones y tiendas de la calle Muralla no existen. Sus locales o se han perdido por derrumbes o están ocupados mayoritariamente por familias, que los han convertido en viviendas. De la transitada calle de los “polacos” y los retazos, sólo queda el recuerdo en las generaciones más viejas. Si en el año 1902 había en Cuba 1.500 judíos, y en 1944 habían aumentado a 21.000, después comenzaron a disminuir, existiendo en el año 1952 un total de 14.200 y, en 2003, sólo 1.500, cifra que ha continuado reduciéndose.

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