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LA AUTOPSIA DE JOSÉ MARTÍ

Al tener noticia de su muerte, las más altas autoridades en la isla determinaron exhibir el cadáver de Martí. Creían que iban así a debilitar el esfuerzo revolucionario. Tan convencidos estaban los enemigos de la independencia que aquello era un golpe fatal para los insurrectos que el jefe militar, Arsenio Martínez Campos, prodigó ascensos y condecoraciones entre los que intervinieron en la acción de Dos Ríos, y el obispo de La Habana, Manuel Santander, celebró un Te Deum en acción de gracias por el acontecimiento. Desde Santiago de Cuba recibió José Ximénez de Sandoval, jefe de la tropa que dio muerte a Martí, una orden donde se lee:

Amigo Sandoval: La muerte de Martí ha de ser muy discutida. Para que no se dude de ella es indispensable la traslación aquí de su cadáver. Esto ha de ser además de gran efecto moral y ha de contribuir a la resonancia del gran servicio prestado por usted y su columna. Haga usted, pues, uso de los medios que tenga a su alcance para conservar el cadáver y conducirlo a esta plaza a la mayor brevedad posible. Atienda con preferencia a esto sobre todo lo demás. Adjunto el retrato y noticias sobre Martí para que usted adquiera el conocimiento de que el cadáver encontrado es el de él, antes de enviarlo a ésta. Repite la enhorabuena y le envía un abrazo su affmo. amigo M.

Terminado el combate, Ximénez de Sandoval se limitó a ocuparle las pertenencias de Martí, montar su cadáver como un fardo en el lomo de una mula y enterrarlo sin caja y desnudo en el cementerio de Remanganaguas, en cuyo poblado se bebieron los soldados de España el dinero que llevaba el muerto en el bolsillo.

Parte de la correspondencia particular que le encontraron se reprodujo en este Web Site, en el trabajo que lleva como título “Martí, la amante y las niñas“. De la correspondencia oficial se da aquí, como ejemplo, la carta del general Bartolomé Masó, fechada en el barrio rural de Cabezuela, en Holguín, 28 de marzo de 1895  —todo procedente del Archivo Central del Instituto de Historia y Cultura Militar, de Madrid. También se le ocupó su carta inconclusa a Manuel A. Mercado, del día 18 de mayo, la cual quedó en poder del capitán Enrique Ubieta, ayudante del jefe militar del distrito, el general Jorge Garrich; Ubieta la reprodujo en el periódico El Fígaro en 1909, y luego la dio en facsímil en el tomo IV de sus Efemérides de la Revolución Cubana (1920), de la que se reproduce aquí una página

Para satisfacer los deseos de las autoridades se le ordenó al médico militar Pablo A. de Valencia y Forns, que fuera a Remanganaguas, reconociera el cadáver y lo embalsamara con el fin de trasladarlo a Santiago de Cuba.  Así lo hizo: allí lo encontró, en una fosa común de tierra, junto al cuerpo de un soldado español muerto en aquellos días.

La autopsia se realizó en el cementerio de Ramanganaguas el 23 de mayo, y el acta aparece fechada en Santiago de Cuba el día 26. Ante un grupo de cubanos al servicio de España (Jorge Garrich, Enrique Ubieta y Enrique Satué), y otros, residentes en la ciudad  (Joaquín Castillo Duany, Antonio Bravo Correoso y Ramón Regüeiferos); y autoridades españolas y curiosos, después retratar el cadáver descompuesto, se le depositó el 27 de mayo el nicho del cementerio de Santa Ifigenia. Despidió el duelo Ximénez de Sandoval, quien después de haberse comportado de manera tan miserable con el cadáver de su víctima, quiso en aquel acto representar la tradicional hidalguía de su raza con unas palabras que recogieron los periódicos La Bandera Española, de Santiago de Cuba y El Nuevo Mundo, de Madrid.

Buena parte de los documentos relacionados con la muerte, la autopsia y el entierro de Martí, que se conservan en ese Archivo de Madrid, fueron recientemente reproducidos, y con inteligencia comentados, por Rolando Rodríguez en su libro Dos Ríos, a caballo y con el sol en la frente (2001). Del acta de la autopsia, cuyo original fue entregada a Martínez Campos, se hicieron varias copias: una es la de ese Archivo, el periódico La Discusión, de La Habana, el 1° de junio de 1895, y luego reprodujo Emilio Bacardí en 1924, en sus Crónicas de Santiago de Cuba; y aun otra es la que dio en 1920 Enrique Ubieta en sus Efemérides de la Revolución Cubana. Es curioso que Rolando Rodríguez no tuviera conocimiento de esa copia de Ubieta, toda vez que dice desde la primera página de su libro, que “siempre se ha citado la versión —hasta donde yo conozco— que el gran patriota y escritor Emilio Bacardí incluyó en sus Crónicas de Santiago de Cuba…”; y más adelante de nuevo deja ver su desconocimiento de esa transcripción cuando dice: “Evidentemente Bacardí tomó la aparecida en el periódico habanero [La Discusión] para reproducirla y a ella se dirigen, hasta donde conocemos, todas las referencias”.

Hay curiosas afirmaciones y diferencias entre las tres copias de la autopsia. Véanse estos ejemplos: una dice que Martí tenía los ojos “azulados”, otra, “claros”. Parece que los tenía negros, como los pintó Norrman en su célebre retrato al natural, en 1891. De “negrísimas pupilas”, lo recordaba quien lo conoció bien, Alberto Plonchet, en su artículo sobre “Los ojos de Martí” (1932). Carlos A. Aldao en su libro A través del mundo (1914) dice que eran “pardos, limpidos, grandes, notablemente apartados entre sí”; y el pintor Federico Edelmann, en “Recuerdos de Martí”(1927) dijo que eran “pequeñitos, negros un tanto oblicuos y deslumbradores de inteligencia”.

En las tres copias de la autpopsia se le atribuyen a Martí más de los 42 años que tenía (“unos 48 años”, “entre 45 y 50”). Uno dice que la huella de la cadena del presidio estaba en el “tercio superior” de la pierna derecha; otro que en el “tercio inferior por encima del tobillo”.

Quizás para no poner en evidencia el torpe tratamiento del cadáver, ni Ubieta ni Bacardí recogen lo dicho por el médico, de que Martí había sido enterrado en Remanganaguas “completamente desnudo a excepción de los pantalones”; además, también por respeto no reprodujeron todas las palabras de Valencia sobre las “contusiones” que presentaba el cadáver ya que eran debidas a su mal tratamiento, llevado sobre una mula, por lo que tropezaban sus brazos y piernas con los obstáculos del camino, y cuando lo tiraron en el piso antes de llegar a Remanganaguas, y después en el cementerio. Y por discreción o pudor, parece, ambos omitieron lo de que dijo De Valencia, que a Martí “le faltaba un testículo” aunque más adelante expresó sus dudas al añadir: “No se ha podido comprobar la falta del testículo de que se hace mención entre los datos, por encontrarse ya dichas partes bajo la forma de putrílago”. Un golpe le había producido a Martí una tumoración de la que habló su íntimo amigo Fermín Valdés Domínguez en “Martí: ofrenda de hermano ” (1908); allí dijo de cuando vivían en España, en 1872:

Dos veces lo habían operado de un sarcocele producido por un golpe de la cadena de presidiario en las crueles faenas de la cantera. Nunca se curó de la que para él fue terrible dolencia, por las operaciones hechas a destiempo y en malas condiciones, y que tantas veces le obligó a guardar cama y le impedía andar… Los doctores Vandela y Gómez Pamo lo atendían. Acordaron operar de nuevo a Martí, y en aquella difícil intervención quirúrgica se vieron los defectos, ya irremediables, de las anteriores.

Años más tarde, sin embargo, ya en México y comprometido en matrimonio, lo operó el médico Francisco Montes de Oca con “tacto sumo, precisión sorprendente y éxito feliz”, según confesó el propio Martí en artículo publicado en la Revista Universal el 13 de julio de 1876, y pudo ser entonces cuando le extirparon el testículo. Quedó en los periódicos de aquellos días constancia de la enfermedad de Martí: en su libro Martí en México (1996), Alfonso Herrera Franyutti relaciona notas de prensa que muestran que tuvo que guardar cama más de un mes por la operación. Pero no parece que ésta tuvo todo el “éxito feliz” de que habló la gratitud de Martí: Ramón Luis Miranda, su médico en Nueva York, dijo en una oportunidad: “El mal fundamental que postraba a Martí frecuentemente era la lesión inguinal producida por las cadenas que le aplicaron en presidio. Varias operaciones quirúrgicas sufrió, pero jamás sanó del mal”. Y en lo que recoge el libro Martí en el Diario de Soldado de Fermín Valdés Domínguez (1972) recuerda el amigo de Martí la conversación que tuvo con el general Gómez tuvo durante la guerra:

Me dijo Gómez que Martí tenía un tumor en la pierna derecha que le impedía hasta cargar el machete y el revólver. Pero a nadie se quejó y tenía que obligarlo a que dejara el trabajo para que curara. En aquellos primeros días [de desembarcar en Cuba] no se separaba Martí de la hamaca escribiendo todo el día. Me dijo también que en Santo Domingo [durante la preparación del viaje] compró un machete largo que por falta de costumbre se le metía entre las piernas y no lo dejaba andar. Pancho le compró este machete que yo uso y luego se lo quitó, y hasta lo tuvo que enseñar, por su carbunclo, a llevar atado a la silla el revólver, y no fue el que le cogieron los españoles [en Dos Ríos], el que trajo de Nueva York para venir con él, era aquel revólver grande que Pancho mi hijo se lo cambió por otro más pequeño que compró con ese objeto.

Ya hoy se sabe que la falta de un testículo en nada limita el funcionamiento normal del hombre, pero en la época de Martí no se tenían esos conocimientos, y a veces se pensaba, con todo el peso de la creencia, que equivalía a una parcial castración, y aún hoy, en lenguaje figurado, la palabra castrar conserva el valor de apocar o reducir. Si de verdad le fue amputado un testículo a Martí, es licito suponer que no todos los efectos del trauma debieron ser físicos.

Lo que sigue aquí es la transcripción del acta de la autopsia de Martí tal como aparece en la copia de Enrique Ubieta. Sobre ella se indica con letra negrita y entre corchetes lo que es diferente en la copia que se conserva en el Archivo de Madrid. Y con letra cursiva, también entre corchetes, se indica lo que es distinto en la copia de Bacardí. En todos los casos, sin embargo, sólo se destacan las diferencias esenciales y, en casos aislados se respeta la ortografía de los documentos.

El que suscribe, Ldo. en Medicina y Cirujía [Cirugía] etc. etc.— Certifica: Qué el día 22 del mes y año que cursan, por orden del Excmo. Sr. General Salcedo, comandante general del 1er. Distrito de la provincia de Santiago de Cuba, se personó en el poblado de Remanganaguas [hubo de trasladarse al poblado de Remanganaguas] con el objeto de identificar un cadáver que se suponía fuese el del titulado Presidente de la Cámara insurrecta don [D.] José Martí, a tenor de los datos que acerca de dicho señor se tenían [tenía y acondicionarlo para su inmediata traslacion], acondicionándolo al propio tiempo para que pudiese ser trasladado a esta ciudad.

Que los datos relativos al don [D.] José Martí, suministrados por personas que lo habrían [habían] tratado íntimamente son los que siguen [los datos suministrados por personas que le habían tratado íntimamente relativos al que fue en vida don José Martí son los siguientes]:

1° Se cree que tendría próximamente [sic] unos 48 años de edad.[tuviera aproximadamente 48 años de edad, casado, natural de La Habana, el cual desembarcó en la Isla para ponerse al frente del movimiento separatista]

2° A la sazón en que desembarcó en esta Isla para ponerse al frente del movimiento revolucionario, [que a la sazón de su desembarco] estaba regularmente nutrido, [tenía una] constitución regular y [de] temperamento bilioso. Aunque delgado, bien conformado; de estatura regular; pelo castaño oscuro [muy] [muy] rizado; una pequeña calvicie en la coronilla y entradas muy pronunciadas en las sienes [que ponían de manifiesto una]; frente ancha y despejada [despejadas]; cejas de igual color que el pelo y no muy pobladas; ojos claros [ojos claros] [azulados]; nariz aguileña; orejas pequeñas; boca regular [rematada superiormente por un]; bigote fino y poco poblado [y poblado, labios entreabiertos de ordinario dejaban ver una]; buena dentadura, sólo que le faltaba el segundo incisivo de la mandíbula superior del lado derecho, y los dientes, en su mayor parte eran puntiagudos; cara de forma oval [obal].

Y 3° Que [le faltaba un testículo y] presentaba en las piernas señales de haber llevado grillos. [Y 3° Que presentaba en las piernas señales de haber llevado grillos].

Que en presencia de dichos datos se procedió a los cinco y media de la tarde del día 23 del propio mes y año [mes que cursa], al reconocimiento del cadáver [cadaber el de un individuo, cuya edad fluctuara entre los 45 y los 50 años de edad de musculatura firme y algo enjuto de carnes a pesar], después de exhumado, y a pesar de encontrarse bastante adelantada la putrefacción se observó en él lo siguiente:

Dicho cadáver parece ser [Parece ser dicho cadaber] el de un hombre cuya edad [fluctuase] en­tre los 45 y 50 años [entre los cuarenta y cinco y cincuenta], de musculatura firme y algo enjuto de carnes, circunstancia que aún podía observarse a pesar de la reformación [sic] [deformación] [deformación] propia del estado en que se hallaba, y de estatura regular.

El pelo rizado, de color castaño oscuro, con una calvicie en la parte más alta de la cabeza, tiene grandes entradas hacia las sienes, que ponen de relieve una frente ancha y despejada. No llevaba barba, sino bigote muy fino y [muy] poco poblado, y de color [un poco] más claro que el del pelo. La dentadura está conforme con los datos arriba mencionados, así como también todos los relativos a la cabeza y cara.

[No se ha podido comprobar la falta del testículo de que se hace mención entre los datos por encontrarse ya dichas partes bajo la forma de putrílago]

Que presenta además en la pierna derecha y en su tercio superior [superior] [inferior por encima del tobillo una depresión], una hendidura especial de la piel, correspondiendo a dicha hendidura un color algo más obscuro que [al] el del resto del cuerpo, pruebas evidentes [prueba evidente] de haber sufrido en aquella parte, durante algún tiempo, una presión con la contusión consiguiente, [que pudiera haber ejercido] producidas por un anillo [anilla] de hierro colocado en dicho punto.

[Que la vida había sido arrancada a aquel inánime cuerpo hacía como cuatro dias, explicandose lo avanzado de la putrefacción por las condiciones especiales del terreno humedo, haber sido enterrado no muy profundamente y completamente desnudo a excepcion de los pantalones, y que las heridas que presenta produjeron la muerte inmediata] [Que la vida había sido arrancada a aquel cuerpo hacía como cuatro dias, explicandose lo avanzado de la putrefacción por las condiciones especiales del terreno humedo y por haber sido enterrado no muy profundamente]

Que presentaba las siguientes heridas [Dichas heridas son las siguientes]:

Una herida de bala penetrante en el [de] [de] pecho, cuyo orificio de entrada parecía [parece] corresponder a la parte anterior del [torax] pecho, al nivel del puño del [esternón] externón, el cual había sido [estaba] fracturado, [el cual estaba fracturado] presentando al parecer dicha herida su orificio de salida por la parte posterior del tórax, en el cuarto espacio intercostal derecho como a diez centímetros de la columna vertebral. Otra herida de bala en el cuello cuyo orificio de entrada estaba [parecía corresponder por] debajo de la barba, [a un punto que estuviera] como a unos quince centímetros de la misma, y a cuatro [centímetros] de la rama derecha del [macilar] maxilar inferior y cuyo orificio de salida se encontraba [al nivel del] por encima del labio superior, [por el lado izquierdo] [lado derecho] lado derecho, [en cuyo punto se encontraba] cuyo labio se hallaba destrozado. Otra herida, [de bala igualmente] igualmente de bala, en el tercio inferior del muslo derecho y hacia su parte [posterior] interna. Además presentaba algunas contusiones [de diferentes grados en diversos puntos del cuerpo] en el resto del cuerpo.

De todo lo expuesto se deduce:

1° Que entre el individuo muerto en el encuentro que con los insurrectos han tenido [tenido con] nuestras tropas el día 19 del que cursa [de los corrientes en Dos Ríos], y cuyo cadáver he [examinado y los antecedentes y datos] se encuentra ante nuestra vista y los datos y antecedentes suministrados respecto a la [individualidad] persona de don [D] José Martí [Q.E.P.], hay completa conformidad.

2° Que en cuanto a los caracteres físicos y condiciones orgánicas, existe igualmente completo [hay completo] acuerdo , por lo que podemos asegurar que el cadáver [que hemos examinado] expuesto a nuestros ojos es el del [que en vida se titulaba Presidente de la República] titulado presidente [Presidente] de la República.

Una vez identificado se procedió a su conservación y preparación a fin de que pudiera ser trasladado [para su inmediato traslado].

[Que es] Es todo cuanto tengo que exponer [respecto al examen practicado], y para que conste donde convenga, expido la presente en Santiago de Cuba a los veintiseis días del mes de mayo de mil ochocientos noventa y cinco [27 de Mayo de 1895]. —Doctor Pablo A. de Valencia [Pablo A. de Valencia y Forns].

Carlos Ripoll
Carlos Ripoll (1922-2011) Nació en Cuba. Autor prolífico sobre José Martí y su obra. Ha ejercido como editor del Editorial Dos Rios y profesor del Queens College (Nueva York, EE. UU.). Carlos Ripoll, quien fuera en vida una de las máximas autoridades sobre José Martí, dedicó gran parte de su obra en desmontar las mentiras esgrimidas por los hermanos Castros sobre el prócer cubano.

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