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Gonzalo de Quesada y Aróstegui, fue uno de los arquitectos clave en el el movimiento independentista de Cuba, junto a su gran amigo José Martí durante finales del siglo XIX. Hijo de emigrados cubanos, el joven Gonzalo de Quesada y Aróstegui (1868-1915) ganó la confianza de José Martí al punto de convertirlo en su íntimo colaborador y confiarle su testamento literario.

Había nacido en La Habana, el 15 de diciembre de 1868, de padres camagüeyanos, Gregorio de Quesada y Varona e Isabel Aróstegui y Quesada, quienes emigraron a Nueva York siendo Gonzalo un niño.

Horas antes de emprender su regreso a Cuba, el primero de abril de 1895, desde Montecristi, República Dominicana, Martí redacta una carta con indicaciones y sugerencias acerca de la posible publicación de su variada y múltiple obra escrita, dirigida a quien la conoce al detalle, la cual comienza con estas palabras: “Gonzalo querido…”

En el penúltimo párrafo de su denominado testamento literario, expresa: “Mi cariño a Gonzalo es grande, pero me sorprende que llegue, como siento ahora que llega, hasta a moverme a que le escriba, contra mi natural y mi costumbre, mis emociones personales”.

Abogado, escritor y elocuente orador, Martí lo designó secretario del Partido Revolucionario Cubano —fundado en 1892— y fue hasta 1898 miembro del consejo de redacción del periódico Patria y uno de sus puntales.

Por primera vez se los vio juntos, en público, el 10 de octubre de 1889; Quesada pronunció un patriótico discurso e hizo la presentación de Martí en la fiesta conmemorativa del inicio de la Revolución del 68, celebrada en el Hardman Hall, de Nueva York.

La relación creció entre ambos en los años siguientes y, al dedicarse Martí por entero, en 1891, a la labor de la independencia de Cuba, Gonzalo renunció al puesto que se le ofrecía de cónsul de Argentina en Filadelfia, para ponerse a su lado dedicándose a la propaganda revolucionaria.

Entre 1889 y 1890 había sido secretario del doctor Roque Sáenz Peña, delegado de Argentina al Congreso Panamericano en Washington, y brindó su concurso con informaciones precisas a la cobertura periodística martiana para el diario La Nación, de Buenos Aires.

Cuando el Maestro que tanto admiraba partió hacia Cuba, Quesada prácticamente quedó al frente de la organización hasta la designación del nuevo delegado, Tomás Estrada Palma.

Después, fue encargado de negocios en Washington de la República en Armas (1896-1898).

Quesada y Aróstegui realizó notables esfuerzos, siendo embajador cubano en Estados Unidos para lograr un Tratado respecto a la Isla de Pinos que restableciera la soberanía nacional de Cuba sobre esa parte integrante de su archipiélago.

No tuvo la dicha de verlo ratificado, pues esto ocurrió 10 años después de su muerte, ocurrida el 9 de enero de 1915, en Berlín, donde era embajador de su país.

En 1902, comenzó las primeras gestiones que culminaron el 2 de julio de 1903 con la firma en La Habana de un Tratado sobre la Isla de Pinos, entre el secretario de estado interino de Cuba, José María García Montes, y el embajador norteamericano Hebert G. Squiers.

Este documento caducó, pues tenía una cláusula de ratificación por el Senado estadounidense en un plazo de siete meses.

Quesada no desmayó en esta empresa hasta suscribir en Washington otro tratado (Tratado Hay-Quesada), el 2 de marzo de 1904, con el secretario de estado de EE.UU. John Hay, el cual carecía de fecha límite.

El 8 de junio de 1904 —sólo tres meses después— ya contaba con la ratificación del Senado de la República de Cuba, pero demoró casi un cuarto de siglo para recibir el visto bueno de los senadores estadounidenses, el 13 de marzo de 1925.

Depositario de su obra martiana escrita, hasta 1914 logró reunir 14 volúmenes y la víspera de su fallecimiento escribió el prólogo del volumen XV, que en parte pudo preparar, texto encontrado entre sus papeles por su viuda Angelina Miranda.

Esta labor fue continuada por su hijo Gonzalo de Quesada y Miranda (1900-1976), nacido el 2 de marzo de 1900 en la ciudad de Washington, donde su padre fue el primer embajador cubano en Estados Unidos; falleció en La Habana, en 1976, a causa de un accidente de tránsito.

Quesada y Miranda vivió muchos años fuera de Cuba y sus mayores le inculcaron el amor a la Patria cubana.

Inició sus estudios primarios en Estados Unidos, que continuó en Alemania, país en el cual Quesada Aróstegui ocupó igual cargo a partir de 1910 hasta su muerte en 1915.

En ese país los sorprendió la Primera Guerra Mundial, por lo que no pudo viajar a La Habana con los restos de su progenitor hasta 1919. En Berlín concluyó el bachillerato y comenzó la carrera de ingeniería civil.

Quesada y Miranda, historiador y periodista, fue fundador y director de la Fragua Martiana y del Seminario Martiano de la Universidad de La Habana.

Dirigió también la edición de las Obras Completas de Martí, publicadas por la Editorial Nacional de Cuba (1963-1965 y reeditadas en 1975).

Recopiló las Páginas inéditas o diversas del héroe nacional cubano (1963), el epistolario de su padre y su correspondencia con Martí.

Por Marta Denis Valle