¿Conoces la historia del militar español que prohibió a los cubanos usar bigotes

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¿Conoces la historia del militar español que prohibió a los cubanos usar bigotes?
Las barbas y los bigotes descomunales estuvieron muy en boga en Cuba a mediados del siglo XIX, sobre todo entre los nacidos en España, que los llevaban como signo de distinción e hidalguía. Muchos cubanos les imitaban también en esa costumbre y lucían mostachos no menos impresionantes. Sin embargo, y es un hecho comprobado, existió un militar español que prohibió a los nacidos en la Isla usar bigotes.

Un comandante militar de la ciudad de Santa Clara, de apellido Villafranca, tomó el mando de la plaza durante la Guerra de los Diez Años y vio con muy malos ojos que los naturales de Cuba llevaran soberbios bigotes a semejanza de los nacidos en la metrópoli. Así que, contra todo sentido común dictó un bando prohibiendo su uso a los cubanos:

La orden militar que reproducimos textualmente aquí decía lo siguiente:

“Resultando: que he visto con bastante extrañeza que los naturales de esta villa se permiten usar bigotes imitando a los hijos de España, que ostentan con orgullo esta característica de abnegación y valor.

Considerando: que está en mis deberes impedir confusiones fisonómicas que oculten a los desleales, laborantes, desafectos que, por otra parte, se han hecho indignos de usar el mostacho, demostrativo de la virilidad e hidalguía española.

Ordeno y Mando: que dentro de tres días siguientes a la publicación de este Bando, los habitantes deben estar rasurados, bajo pena de destierro o muerte; según el caso. De igual manera queda prohibido el uso de peras, conocidas por el vulgo con el nombre de chivo.”

El bando causó verdadera consternación en los vecinos de la plaza que orgullosamente lucían sus mostachones. Algunos incluso, impulsados por el deseo de salvar sus bigotes y no por amor a España, corrieron a incorporarse al Cuerpo de Voluntarios.

Los más intransigentes se alzaron contra España y se unieron al Ejército Libertador; y los más, sufrieron en silencio la humillación de rasurarse.

Poco después, entre los vecinos de la villa comenzó a circular de forma clandestina una décima que decía:

Tuvo su fuerza Sansón,

En la punta del cabello

En la joroba el camello

Y en la garras el león.

En los dientes el ratón

En el pico el pajarote

En la palanca el garrote

En la concha el caracol

Y el coronel español

En su chivo y su bigote.

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