Cementerio Cristóbal Colón. Fue declarado Monumento Nacional por Resolución 51

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Cementerio Cristóbal Colón.

Fue declarado Monumento Nacional por Resolución 51 del Consejo Nacional de Monumentos de 18 de febrero de 1987.

Tiene 57 hectáreas, es uno de los cementerios más importante del país por sus valores artísticos-culturales, arquitectónicos e históricos.

En la Necrópolis "Cristóbal Colón" se ha sepultado a numerosas personalidades de gran significación nacional, y otras internacionalmente conocidas. A través de ellas, y de los sucesos a que están asociadas, es posible representarse la historia de Cuba desde el momento en que comenzó a constituirse la nación hasta nuestros días.

Los monumentos construidos para perpetuar la memoria de estas personalidades y de los acontecimientos que han marcado hitos en la historia de Cuba, constituyen un testimonio fiel de la formación de la identidad de su pueblo.

El primer cementerio construido en La Habana fue resultado de las ideas y el impulso del Obispo Juan José Díaz de Espada y Landa. Se llamó Cementerio General de La Habana, o, en honor a su fundador, “Cementerio de Espada”. Se levantó extramuros, en un terreno situado al Oeste de la ciudad, en las inmediaciones de la caleta de San Lázaro.

En septiembre de 1878 se ordenó su clausura, pues ya resultaba insuficiente para la creciente cantidad de enterramientos. En 1901, se comenzaron a trasladar todos los restos que allí quedaban hacia el cementerio de Colón. Durante la Segunda Intervención Norteamericana, en 1908, el Gobernador Militar Norteamericano Charles Magoon ordenó la demolición de los muros del Cementerio de Espada, aún en pie. Luego el terreno fue vendido y urbanizado.

En 1854 el Gobernador General de Cuba Marqués de Pezuela, consciente de las limitaciones espaciales del Cementerio de Espada, concibió la idea de construir un nuevo cementerio en La Habana, de mayores proporciones y prestancia. Su proyecto implicaba el traslado de los restos del Almirante Cristóbal Colón para el nuevo emplazamiento, que se nombraría en su honor.

En noviembre de 1870 la Junta de Cementerios, formada desde 1866, acordó abrir un concurso público para la construcción del Cementerio Cristóbal Colón, al que se presentaron siete proyectos, y el 17 de julio de 1871 se declaró ganador el señalado con el lema: “Pallida mors aequo pulsat pede tabernas pauperum regnum que turres” (La pálida muerte entra por igual en las cabañas que en los palacios de los reyes), suscrito por el arquitecto Calixto Aureliano de Loira y Cardoso, graduado de la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando de Madrid.

El 30 de octubre de 1871 quedó inaugurada la construcción con la colocación de la primera piedra, y el día 22 de noviembre comenzaron las obras.Luego de 15 años de trabajo, las obras constructivas del Cementerio de Colón quedaron terminadas en noviembre de 1886 en sus partes fundamentales, y en la Gaceta del 6 al 8 de ese mes se notificaba como abierto al público.

Los otorgamientos de parcelas desde 1874 se registraron -como hasta el presente- en los Libros de Protocolos, donde también queda registrado cualquier acto a realizar con las propiedades. En ellos se recoge documentación como la solicitud de parcelación al Arzobispado con las medidas a reservar, el primer propietario y los sucesivos, y las notas de actas explicativas ante cualquier eventualidad o modificación de la titularidad. Existen un total de 52 360 propiedades registradas en el cementerio de Colón. Una colección no menos importante que los citados Libros de Protocolo, son los Libros de Inhumaciones que se encuentran en el archivo del cementerio desde 1868, mucho antes incluso que el nacimiento de la propia necrópolis. Se encontraban separados en Libros de Blancos y Libros de Pardos y Morenos, hasta el año 1924 en que se unifican. En ellos se recogen la fecha de inhumación y todos los datos de la persona fallecida. Constituyen una importante fuente de referencia para cualquier investigación social, política, histórica, estadística, etnográfica y genealógica.

Su planta está formada por cuatro grandes áreas, que reciben el nombre de cuarteles y son designados según los puntos cardinales: Cuartel Noreste (N. E.), Cuartel Noroeste (N. O.), Cuartel Sureste (S. E.) y Cuartel Suroeste (S. O.). Cada cuartel está dividido en áreas llamadas cuadros.
Los cuarteles están delimitados por dos grandes avenidas centrales (una que corre de Norte a Sur, y otra de Este a Oeste), que a mitad de su recorrido se cruzan perpendicularmente formando una gran cruz central.

Al interior de los cuarteles se reproduce este mismo esquema: cada uno está dividido por una cruz. Estas cinco cruces que forman la planta del cementerio, corresponden a la simbología cristiana, y representan las cinco heridas que recibió Cristo al ser crucificado. A partir de ellas, Calixto de Loira estableció una jerarquización social de los espacios, marcada por la diferencia en el valor de los terrenos:

Zona de monumentos de primera

Zona de monumentos de segunda

Zona de monumentos de tercera

Cruz de Segundo orden

Campo Común

En el punto donde se cruzan las dos avenidas principales, se levanta la Capilla Central. La portada principal del cementerio está ubicada en el centro de su lado Norte, pero la necrópolis cuenta con otra portada en su lado Sur, así como dos puertas de acceso a la altura de las calzadas al Este y al Oeste.

Luego del triunfo de la Revolución en enero de 1959 se procedió a la intervención de la necrópolis, por Resolución 259 del Gobierno Revolucionario.

El 18 de febrero de 1987 la necrópolis fue declarada Monumento Nacional por la Resolución 51 del Ministerio de Cultura, atendiendo al carácter excepcional de sus valores entre los que sobresalen exponentes del devenir histórico- social, la arquitectura, la escultura, las artes decorativas y la notable presencia de elementos del imaginario popular, que contribuyen a la definición identitaria de la nacionalidad.

Uno de los Epitafios más hermosos de la Necrópolis está escrito sobre la tumba de dos seres buenos que se profesaban un amor, que trascendió más allá de la muerte. Dice así:

"Bondadoso caminante, abstrae tu mente del ingrato mundo unos momentos, y dedica un pensamiento de amor y paz a estos dos seres a quienes el destino tronchó su felicidad terrenal y cuyos restos mortales reposan para siempre en esta sepultura, cumpliendo un sagrado juramento te damos las gracias desde lo eterno:"Margarita y Modesto".

Cuentan los sepultureros más viejos, que Margarita fue la primera en morir. Modesto, durante años iba día tras día, vestido con elegante traje negro, para dedicarle a su amada un concierto de violín que duraba horas y horas, tal parecía que la música del instrumento, sino del corazón mismo del anciano…