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Siguiendo por los caminos de cartas hermosas y conmovedoras, busco y encuentro lo que le escribe el generalísimo, Máximo Gómez, a la viuda de Antonio Maceo, María Cabrales.
Con la desaparición de ese hombre extraordinario, pierde usted el dulce compañero de su vida, pierdo yo al más ilustre y al más bravo de mis amigos y pierde en fin el Ejército Libertador a la figura más excelsa de la revolución". Y aludiendo también a la muerte de su hijo Panchito junto al bravo Lugarteniente, le confía: "Usted que puede -sin sonrojarse ni sonrojar a nadie-, entregarse a los inefables desbordes del dolor, llore, llore, María, por ambos, por usted y por mí".

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