BLANCA ROSA GIL EL ALMA QUE CANTA Blanca Rosa Gil es uno de los mitos de popul

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BLANCA ROSA GIL EL ALMA QUE CANTA

Blanca Rosa Gil es uno de los mitos de popularidad más sorprendentes en la música cubana del siglo XX. Su carrera como cantante la inició con 17 años en Venezuela, donde su voz deslumbró y saltó de un programa infantil al Plaza Cabaret de Caracas. Pero el huracán emocional que desataron sus boleros se produciría de regreso a Cuba, de la mano del empresario Gaspar Pumarejo, interesado en darla a conocer entre sus compatriotas en la isla.

​Pumarejo la invitó a Cuba en 1957 y Blanca Rosa comenzó a imponer su presencia en el Alí Bar y en la radio cubana, mientras asciende como estrella en el programa Jueves de Partagás, de CMQ Televisión. El lanzamiento de Sombras, su primer LP con el sello Modiner, la situó en la cumbre de la canción romántica en Cuba y Latinoamérica. Hacia 1960 sus interpretaciones de “Sombras” y “Besos de fuego” arrasan en las emisoras radiales, los cabarets, los bares y las vitrolas de la isla, cautivan escenarios en Venezuela, Chile y Colombia, y la bolerista escala la gloria con su voz y su pasión inconfundibles.

“Tengo el orgullo de que me di a conocer en mi tierra. Ese fue el momento más grandioso para mí”, recuerda la artista, nacida en el poblado de Perico, en Matanzas, y residente en Puerto Rico por más de 40 años. “Y mi sueño es volver a cantar para mi pueblo, aunque sea con un bastón”.