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y Lo que hizo la inmensa poetisa, la más grande de las letras cubanas, al escr – Nostalgia Cuba

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Lo que hizo la inmensa poetisa, la más grande de las letras cubanas, al escritor español granadino….

Por. Henry Puente.

Hasta Federico García Lorca temblaba ante la grandeza de Dulce María Loynaz del Castillo, sin duda, una de las poetisas más grandes de hispanoamérica y más trascendentales en el Mundo.

CONTADO POR DULCE MARÍA:

“Se aparecía en la casa y sin pedir permiso se ponía a tocar el piano y a cantar fandangos ¡a las 11 de la mañana, imagínate!” –decía Dulce, airada porque a esa hora nadie respetable en La Habana estaba despierto o en situación de “recibir”.

“Además –agregaba- hablaba en voz muy alta y tenía una risa fuerte y chocante, pero lo peor de todo es que tenía la pésima costumbre cuando ofrecíamos algún ambigú, de guardarse “sin envolver” los quesos, jamones y chorizos en los bolsillos del pantalón, y de ahí los iba sacando en medio de la conversación para comer… y luego te daba la mano para despedirse, chorreando grasa… Yo creo que lo hacía a propósito para molestarme…”

Tanto la molestó que un día decidió cobrarse todos sus agravios y organizó una de las tertulias que habitualmente se realizaban en aquella casa de Línea, las llamadas “juevinas” (por el día de la semana). Cuando estuvieron reunidos en un salón, que según algunos recuerdan tenía el techo adornado con constelaciones y signos astrales, Dulce María propuso que el tema del día fuera que cada uno compusiera un poema pero en el estilo de otro poeta.

Hubo quien escribió uno a la manera de Góngora, otro en el estilo de Martí, y así cada quien. Pero Dulce María, con muy avieso propósito, compuso uno en el estilo de Federico, con profusión de “verdes”, “lunas”, “gitanos”, “chopos”, “chumbos” y “panderetas”… Cuando lo leyó se hizo un completo silencio y ella sonrió victoriosa con su pequeña venganza…

Todos se voltearon para mirar a García Lorca quien, impasible, fumaba un cigarrillo con las piernas elegantemente cruzadas, una fina sonrisa y los ojos chispeantes repletos de ironía (todo esto contado por la propia autora de la “hazaña”).

Y entonces Federico la miró apacible y dijo: “¿Sabes algo, Dulce? Eso es lo mejor que vas a escribir en toda tu vida…”


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