(Primera parte ) HOLA AMIG@S AQUI LES REGALO UN BREVE RECUENTO HISTORICO

15

(Primera parte )
HOLA AMIG@S ūüôč‚Äć‚ôāÔłŹAQUI LES REGALO UN BREVE RECUENTO HISTORICO DE El REY DE SAN ISIDRO, EL CHULO MAS FAMOSO DE LA HABANA

ALBERTO YARINI PONCE DE LE√ďN Y SU QUERIDO AMIGO , JOSE BASTERRECHEA (PEPITO)
Nacido en La Habana el 5 de febrero de 1882. Fue bautizado en la iglesia parroquial de Nuestra Se√Īora de Monserrate, como Alberto Manuel Francisco Yarini Ponce de Le√≥n.

Hijo de Cirilo Yarini, cirujano dentista, miembro fundador de la Sociedad de Odontología y catedrático titular de la Escuela de Cirugía Dental de la Universidad de La Habana, y de Juana Emilia, tan virtuosa del piano que llegó a tocar para Napoleón III en Las Tullerías.

Alberto fue el √ļltimo de tres hermanos. Curs√≥ estudios en el colegio habanero San Melit√≥n y despu√©s prosigui√≥ su educaci√≥n en los Estados Unidos, de donde regres√≥ a los 19 a√Īos para convertirse de inmediato en un cl√°sico representante de la juventud burguesa de su √©poca. Habitual de la Acera del Louvre donde acud√≠a cada tarde con sus amigos distinguidos -ninguno de los cuales trabajaba- a beber unos tragos y a lucir sus trajes cortados a la medida, hechos con las mejores telas y adornados con yugos, leontinas, botonaduras y pasadores de corbata que val√≠an fortunas. Y m√°s tarde a sus juergas nocturnas.

Yarini, de gran belleza f√≠sica, pose√≠a gran porte natural, incrementado por su dandismo. Siempre bien rasurado y mejor peinado, de hablar pausado, en voz baja y bien modulada y con un refinamiento que le ven√≠a desde la cuna. Hablaba el espa√Īol y el ingl√©s con la perfecci√≥n de quien no posee gran cultura. Era educado, todo sonrisas y gestos refinados con las damas cuando se encontraba en el mundo social, pol√≠tico y familiar, mientras que en San Isidro era el guapo al que hab√≠a que hablarle bajito y rendirle pleites√≠as y respeto.

Simp√°tico, generoso, distribu√≠a por igual monedas y palmadas entre los habitantes del barrio de San Isidro, el peor afamado de la ciudad, donde Yarini era amigo de pobres y ricos, de negros y blancos, a quien siempre se pod√≠a recurrir con la certeza de no ser defraudado. Pagaba con su propio dinero los alquileres de unas cuantas negras viejas retiradas ya de la prostituci√≥n, quienes lo adoraban y halagaban. De √©l se dec√≠a en San Isidro que era ‚Äúhombre a todo‚ÄĚ, frase que le ha sobrevivido.

Manten√≠a en su domicilio de Paula 96 entre tres y siete mujeres que trabajaban para mantenerlo y se liaba a pu√Īos y balazos con lo peor de las alcantarillas con el mismo entusiasmo con que se iba a bailar a los peores salones de La Habana. Pero ten√≠a otra vida ,que inclu√≠an desayunar cada d√≠a en la casa de sus padres, reunirse con los correligionarios de su partido, ir en las noches a la √ďpera y otros centros de cultura de √©lites y cortejar, o ser amante, de distinguidas damas de la aristocracia y la alta burgues√≠a habanera. Yarini no hac√≠a un secreto de su ambici√≥n de postularse para concejal y, en un futuro no muy lejano, llegar hasta la silla presidencial.

Los apaches, como llamaban los cubanos a las pandillas de chulos franceses de San Isidro capitaneadas por el parisino Luis Letot, de temperamento tal vez no demasiado violento, que acostumbraba decir que hab√≠a que ‚Äúvivir de las mujeres, y no morir de ellas‚ÄĚ, y pod√≠a mostrarse en ocasiones tan exquisito como un cortesano de Versalles.

As√≠ se comport√≥ con Yarini cuando este le rob√≥ escandalosamente la joya m√°s valiosa de su √ļltimo cargamento de prostitutas desembarcado en La Habana, la peque√Īa Berthe, hermana de su concubina Jeanne Fontaine, y por tanto su propia cu√Īada. Berthe, de 21 a√Īos, rubia y de ojos azules, se la ten√≠a como la mujer m√°s bella que pase√≥ por las calles del barrio.

Yarini en persona anunci√≥ a Letot su relaci√≥n con Berthe, y el franc√©s se encogi√≥ de hombros. No contento con eso, poco despu√©s, completamente solo pas√≥ frente a la casa de Letot y le grit√≥ burl√≥n a voz en cuello que guardara muy bien a sus putas, porque la Petit Berthe no bastaba para calmarle la calentura que ten√≠a en aquellos d√≠as. Letot, sin perder la calma, le respondi√≥: ‚ÄúYo me voy a morir una sola vez‚ÄĚ, y esa simple frase actu√≥ como el conjuro que decret√≥ la extra√Īa tragedia donde fueron protagonistas dos antih√©roes.

En ese momento Yarini compart√≠a su casa de la calle Paula con tres mujeres en perfecta armon√≠a. Elena Morales, una mulata en la flor de sus 22 a√Īos, Celia Mart√≠nez, una mestiza preciosa y la discutida Petit Berthe, la francesa por la que lo mataron.
Días después los dos capos caían abatidos a balazos en una embestida que nunca ha sido del todo aclarada para la Historia, y en la que participaron, de un lado, Letot revólver en mano disparando contra Yarini a quemarropa en plena calle y sus compinches armados tirando desde las azoteas, y del otro un Yarini que supuestamente no alcanzó a disparar su revólver, seguido de un tal Pepe Basterrechea que, de un solo tiro en medio de la frente, tendió difunto a Letot sobre las sucias piedras de la calle.
JOSE BASTERRECHEA .
¬Ņqui√©n era Jos√© Basterrechea?
El cabo suelto en la muerte violenta del Rey de San Isidro fue José Basterrechea, joven vizcaíno de gran belleza física y elevada estatura, su mejor e inseparable amigo por razones que escapan a una total comprensión.

De extracci√≥n humilde, com√≠a en una fonda de mala muerte, donde Yarini acud√≠a cada tarde puntualmente despu√©s de cenar en la casa paterna, solo para encontrarse con Pepito y de ah√≠ continuar en su compa√Ī√≠a las andanzas nocturnas.
De Basterrechea se conoce poco, no se le conoció como chulo, y como tampoco trabajaba, Yarini lo mantenía a él y a su madre. Pepito mantuvo hasta su propia muerte en la pared principal de todos sus domicilios un retrato de cuerpo entero de Yarini, y se afectaba visiblemente cuando se le nombraba en su presencia.
Antes de morir, en el Hospital de Emergencias, Yarini escribió, en un recetario de hospital de Emergencias, una nota en que se culpaba de haber disparado con su arma la bala que mató a Letot, exonerando así de toda responsabilidad a su querido Pepito.

Diez mil personas asistieron al entierro del Rey de San Isidro un 24 de noviembre de 1910.
en el entierro de Alberto Yarini ‚ÄĒnueve de la ma√Īana del 24 de noviembre de 1910‚ÄĒ los √Ī√°√Īigos que acompa√Īaban el cad√°ver entraron al cementerio de Col√≥n bailando el lloro, para lo que fueron autorizados expresamente por la Polic√≠a, mientras las 11 ¬ęviudas¬Ľ del difunto lloraban de manera inconsolable. Era un arist√≥crata o un h√©roe, un santo o un guerrero? Para algunos, Alberto Manuel Francisco Yarini y Ponce de Le√≥n era, antes que todo, un pol√≠tico, alguien que, con sus agallas, hubiera llegado lejos en la cosa p√ļblica cubana‚Ķ ministro, senador y, por qu√© no, presidente. Todas esas posibilidades se frustraron con su asesinato. Era el ¬ęgallo¬Ľ de San Isidro, el rey de los chulos cubanos,y aun cuando han trascurrido muchisimos a√Īos de su muerte, nadie ha osado disputarle su bien ganada corona.