InicioTodoPedro Antonio Santacilia Palacios, el yerno cubano de Benito Juárez.

Pedro Antonio Santacilia Palacios, el yerno cubano de Benito Juárez.

Pedro Antonio Santacilia Palacios, el yerno cubano de Benito Juárez. 🤓

Pedro Antonio Santacilia Palacios (Santiago de Cuba, 24 de junio de 1826–Ciudad de México, 10 de marzo de 1910), fue hijo de un militar español (Joaquín) y de una criolla dominicana (Isabel).

En 1836 viajó con su padre a España, quien fue desterrado de la Isla por el gobernador general Miguel Tacón, debido a su participación en un pronunciamiento liberal. En la península terminó su educación y luego volvió a la Isla para ejercer el magisterio. En su ciudad natal fundó, en 1846, con otros amigos, la revista Ensayos Literarios, de corta vida, además de colaborar en publicaciones como El Redactor, El Orden, Semanario Cubano, El Colibrí, Revista de Cuba, El Artista, El Almendares, La Piragua y La Semana Literaria. Fue un miembro notable del Liceo Científico, Artístico y Literario de La Habana. Se involucró en varias conspiraciones contra España, y colaboró con la expedición independentista de Narciso López, que había partido desde New Orleans (1850). Por ello, en 1852, fue encarcelado y deportado a España —siguiendo el destino de su padre—, donde no cesó sus actividades revolucionarias y aprovechó para revisar archivos y bibliotecas en varias ciudades (Madrid, Sevilla, Granada, Málaga y Cádiz). De Cádiz pasó oculto a la posesión inglesa del Peñón de Gibraltar, y ahí embarcó hacia Estados Unidos. Primero vivió en New York, donde ofreció en El Ateneo un ciclo de conferencias sobre Historia de Cuba (que luego publicaría como libro), colaboró en El Filibustero y El guao y dirigió la revista La Verdad, y también tomó parte muy activa en la Junta Revolucionaria Cubana. Es uno de los autores incluidos en la importante y significativa antología El laúd del desterrado (1858).

De New York se traslada a New Orleans donde, además de continuar su empeño por la independencia cubana, se vinculó y apoyó al grupo de exiliados mexicanos en esa ciudad. Allí conoció, en 1853, al oaxaqueño Benito Juárez, con quien mantuvo una estrecha amistad y dedicada colaboración. Con el tiempo, se dirigiría a él en su correspondencia como “amigo y padre”; por su parte, Juárez —quien dejaba a su cuidado la revisión y corrección de sus escritos por considerarlo un purista del idioma— se refería a él como “querido hijo Santa”. Cuando casa con Manuela, la mayor de las hijas del matrimonio Juárez-Maza, y al ocurrir la Invasión francesa y el Segundo Imperio mexicano, su suegro lo comisiona para que cuide y vele por su familia durante su exilio en Estados Unidos, así como para que promueva la causa mexicana y consiga allí armamentos y municiones.

Al triunfar la República restaurada, regresa a México, donde es elegido diputado de la Federación en siete oportunidades, a pesar de no ser mexicano por nacimiento, situación excepcional en atención a sus méritos y los servicios prestados. Desempeñó diversos cargos en la administración pública y en el periodismo nacional, como redactor de El Heraldo, El Nuevo Mundo y director del Diario Oficial de la Federación, así como frecuentes colaboraciones en El Cura de Tamajer y La Chinaca. Al reanudarse la lucha independentista cubana, en 1895, acepta ser el agente representante de la Junta Revolucionaria Cubana en México, ya en tiempos de Don Porfirio Díaz. Fue el primer cubano inscrito en el Consulado de Cuba en México, al inaugurarse la república el 20 de mayo de 1902.

De su unión con Manuela proviene la actual familia Obregón-Santacilia-Juárez, que donaron su archivo, así como el de Benito Juárez, a la Biblioteca Nacional de México, en cuyo Fondo Reservado se conservan para su estudio y consulta.

Recientemente ha sido recreado como personaje en la novela Los Juárez (Planeta, 2006) de Ricardo Orozco, y es mencionado ocasionalmente por Vicente Quirarte en La isla tiene forma de ballena (Seix Barral, 2015).

Por su pertenencia sentimental tanto a Cuba como México, fue llamado “el gran patriota dual”.

Como poeta fue un autor inscrito en el romanticismo, aunque por su pensamiento en sus obras en prosa y sus ensayos, es más cercano al positivismo filosófico.

Obra:

Instrucción sobre el cultivo del cacao. Puerto Príncipe (Camagüey), Imprenta del Fanal, 1849.

El diluvio. Córdoba (España), Establecimiento Tipográfico de D. Fausto García, 1852.

El arpa del proscrito. Nueva York, Imprenta de J. Durand, 1864.

Lecciones orales sobre la Historia de Cuba. Colectadas por Vingut. New Orleans, Imprenta de Luis E. del Cristo, 1859.

El genio del mal. México, Tipografía de Nabor Chávez, 1861.

La clava del indio. Leyenda cubana. Edición del Heraldo. México, Tipografía de Nabor Chávez, 1862.

Apólogos. México, Imprenta de J. Fuentes, 1867.

Del movimiento literario en México. México, Imprenta del Gobierno, 1868.

Observaciones al discurso de D. Joaquín F. Pacheco. ¿México, 1868?

Bibliografía mínima:

Pedro Santacilia, El hombre y su obra. 2 tomos. Editor: Boris Rosen Jélomer. México, Centro de Investigaciones Científicas “Ingeniero Jorge L. Tamayo”, A.C.”, 1983.

Diccionario de la literatura cubana. Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1984. Tomo II.

Alejandro González Acosta, Ciudad de México | 25/09/2019





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