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Huella de José Martí en España.

Huella de José Martí en España. 🏠🏢🇪🇸📝📑😊

José Martí llegó a España el 15 de enero de 1871, embarcado en el vapor “Guipúzcoa”, que hacia el viaje La Habana-Cádiz. No vino por placer, ni para ensanchar su horizonte cultural, sino deportado por las autoridades de la isla.“El grito de Yara, que en 1868 había inaugurado la rebelión armada de los independentistas en Cuba, había conducido a Martí hacia el presidio en el penal de San Lázaro. En las canteras cercanas había trabajado varios meses ceñido por una cadena desde la cintura hasta los pies. Gracias a las gestiones de su padre, don Mariano 2, pudo pasar varios meses en la casa del catalán José María Sardá, en Isla de Pinos, que trascurren en un ambiente de serenidad y cariño proporcionados por la familia del catalán, propietario de las canteras del presidio. Ya que el señor Sardá no puede conseguir un indulto total, Martí es deportado a España el 15 de enero de 1871 a bordo del vapor Guipúzcoa”

Desde Cádiz llega a Madrid, con dieciocho años recién cumplidos, escasos recursos económicos y la salud quebrantada debido a su cautiverio. La dura experiencia del presidio le había convertido en un convencido revolucionario 4. Se aloja en la casa de huéspedes (pensión), de una tal Doña Antonia en la calle del Desengaño, 10, 4, segundo 5. En la primavera de 1872 se mudó de pensión a la calle Lope de Vega, 40, 4, tercero

Políticamente se vivía en España una época de gran inestabilidad. La revolución “Gloriosa” de 1869 había derrocado a Isabel II y conducido en 1870, de la mano de Prim, a la monarquía democrática de Amadeo de Saboya, de corta duración, pues el Rey, cansado de las muchas dificultades y pocas colaboraciones, abdica a principios de 1873 y las Cortes proclaman la República. Son años de efervescencia, arrecian los movimientos periféricos (cantonalismo, tercera guerra carlista) y crece la inestabilidad social (huelga general revolucionaria de Barcelona, de 1873). Cuando en 1874 se produce el golpe de los generales Pavía y Martínez Campos, Martí ya no estará en España.

Nada mas llegar a la capital, Martí contacta con otros expatriados cubanos: Fermín Valdés Dominguez, a quien conocía desde los tiempos escolares y que será uno de sus grandes amigos a lo largo de su vida, y Carlos Sauvalle, a quien también conocía de antes, quienes son su vínculo de conexión con los distintos ambientes literarios, artísticos y políticos de la capital.

En seguida, en julio o agosto, escribe, en su humilde pensión de la calle de Desengaño “El presidio político en Cuba” (1871). El folleto, impreso en los talleres de Ramón Ramírez, San Marcos 32, de Madrid, se distribuye entre la comunidad cubana y llega a manos de políticos como Rafael María de Labra 6, defensor incansable de la abolición de la esclavitud en las Antillas, de Adelardo López de Ayala, ministro de Ultramar, y de periodistas como Francisco Díaz Quintero, director de “El Jurado Federal”. Desde las páginas de este periódico, Martí y Sauvalle polemizan con el diario “La Prensa”, defensor de la españolidad de las Antillas por haber calumniado (los llamó “filibusteros”) a los cubanos residentes en Madrid.

De este texto, escribe Carlos Javier Morales que “como texto de excelencia oratoria, resulta terriblemente conmovedor, mas que por sus argumentos políticos por el sentimiento desgarrado con que trasmite unas experiencias no menos cruentas”.

Entre los cubanos que conocen el texto se encuentra doña Barbarita Echevarría, una criolla, viuda de militar “con alma de ángel” quien pronto empezará a prestar a Martí un respaldo afectivo y económico, encargándole de dar clases particulares a sus hijos y, por su medio, también a los hijos de otras familias. A la vez, su conocimiento del inglés le permitirá aliviar su precaria economía al ganarse algunos duros como traductor.

Aprovecha también su tiempo para continuar estudios. Ese mismo año, 1871, se matricula en primer curso de la Facultad de Derecho, en la cercana calle de San Bernardo y sigue asignaturas de Derecho Romano, Político y Administrativo que supera en mayo de 1872, aunque suspende la Economía Política.

Su núcleo inicial de amigo se agranda. Carlos Sauvalle le condujo a Calixto Bernal 8, autor de la obra titulada “La vindicación”, con quien comparte su diagnóstico político sobre los errores de la política española en Cuba, aunque disiente de las soluciones de este en su deseo de unión con los Estados Unidos. Estaban además en este círculo de amistades José Ramón Betancourt 9 y Nicolás Azcárate 10.

Durante su estancia en Madrid frecuenta el Ateneo, cercano a su domicilio, en la calle de la Montera, y la Biblioteca Nacional, así como las tertulias y reuniones de cubanos emigrados del Café Oriental, Café de los Artistas, de la Cervecería Inglesa, del Suizo y de la Iberia. La asistencia a estas tertulias y reuniones le pone al corriente de las noticias de Cuba. Una de las que más le hiere es la del fusilamiento del poeta Juan Clemente Zenea en ese mismo año de 1871, en cuyo honor compondrá un poema.

En noviembre de 1871, Martí cae enfermo a causa de un tumor de sarcocele adquirido en presidio. Será intervenido quirúrgicamente, en operación costeada por su amigo Sauvalle quien le ofrece asimismo una habitación de su casa para su restablecimiento. En esos días recibe la triste noticia del fusilamiento, el 27 de noviembre de 1871, de ocho estudiantes de Medicina de la Universidad de La Habana, acusados, sin pruebas, de haber profanado la tumba de un español. Martí informa del trágico suceso a Díaz Quintero, director “El Jurado Federal”, quien, a principios de 1872, defiende en las Cortes a los ocho estudiantes ejecutados. Su amigo, Fermín Valdés Domínguez que estaba detenido por estos incidentes, es indultado de la pena de prisión a seis años y desterrado a España donde se reúne con Martí.

Pocos meses después, el 27 de noviembre de 1872, al cumplirse el primer aniversario del fusilamiento de los ocho estudiantes, aparece una hoja impresa “El día 27 de noviembre de 1871”, firmado por Pedro de la Torre y Fermín Valdés, pero redactado por Martí. El grupo de cubanos lo fijarán en árboles y paredes y la prensa se hace eco de la noticia. Ese mismo día se celebra una misa por los estudiantes difuntos en el Oratorio del Caballero de Gracia en la calle del mismo nombre, muy cercana a la pensión donde vive Martí. Por la noche, en la casa de Sauvalle, Martí pronuncia un discurso

Ese mismo año, 1872, Martí ingresa en la logia masónica “Armonía”. En una de sus reuniones disertará sobre “El amor Universal” despertando la admiración de los oyentes. También dio clases a los niños del colegio de pobres que la citada logia auspiciaba.

Sus ocupaciones políticas no le impiden, empero, gustar de las ofertas literarias y artísticas. Con frecuencia asistía a las representaciones del Teatro Real y del Español, donde pudo conocer a los mas populares actores del momento Rafael Calvo, Antonio Vico y Teodora Lamadrid. A quien si conoció, seguro, fue al célebre José de Echegaray, en una velada teatral en 1872.

Asimismo concurre al Museo del Prado, en el que admirará, en primer lugar, la maestría de Goya 12 y la Academia de San Fernando, donde apreciará sobremanera el cuadro “Casa de los locos” del genial pintor aragonés.

El año 1873 se abre con visos de esperanza. El 11 de febrero, tras la abdicación de Amadeo de Saboya, se proclama la Primera República, presidida por Estanislao Figueras y, a partir del 11 de junio, por Pi y Margall. El discurso de este en su toma de posesión, anunciando reformas sustanciales para la isla, alimenta las esperanzas de los cubanos que son convocados en el mes de abril en la Academia de Jurisprudencia para ganar sus voluntades hacia la recién nacida República. Antes, el 15 de febrero, Martí había remitido a Figueras su escrito “La República española ante la Revolución Cubana”, impreso en los talleres de “El Jurado Federal”, en la calle de San Mateo, del que enviará ejemplares a Néstor Ponce de León, miembro de la Junta Central Revolucionaria de Nueva York, a quien expresa su disposición para colaborar en la lucha por la independencia cubana.

Pero la nueva República ya tiene bastantes problemas y los nuevos presidentes que suceden a Pi y Margall, Salmerón, primero y Castelar, después, se decantan por un línea continuista en lo referente a la política cubana.

José Martí y su amigo Fermín Valdés, desencantados y desalentados por la política española, deciden marchar a Zaragoza. Allí Martí finalizará sus estudios de Derecho y de Filosofía y Letras, hará nuevas amistades y ganará un amor que no olvidará nunca, la aragonesa Blanca de Montalvo, una belleza rubia perteneciente a una distinguida familia de la ciudad.13 En noviembre de 1874 regresa a Madrid desde donde viaja a París para embarcarse al mes siguiente en el puerto de El Havre con destino a Méjico.

Todavía volverá una segunda vez a Madrid, nuevamente deportado, de septiembre a diciembre de 1879, pero esta segunda estancia, reviste, según sus biógrafos, menos importancia.

Por último, no quisiera terminar esta entrada, que no tiene nada de original y si mucho de recopilatorio, sin trascribir los párrafos de un artículo, “Lindo es Madrid”, que Martí escribió en 1881, dedicado las fiestas celebradas en la Villa y Corte con motivo del segundo centenario de la muerte de Calderón de la Barca y que me parecen muy expresivas del cariño que Martí tuvo por la capital de España a cuyos gobiernos combatió, ciertamente, por su errada y criminal política colonial, pero si abjurar nunca de la patria de sus padres 14.

“Lindo es Madrid en todo el mes de mayo, y en sus rubias mañanas. Amanecen con el día, faenas y amores: cuadrillas revoltosas ríen sin miedo de los chiste de don Juan de cuartel que, cesta al brazo, que es por cierto arma indigna de un soldado, las celebra y persigue; burrillas próvidas ofrecen al transeúnte su excelente leche; ábrense por manos perezosas de horteras soñolientos, las casas de prendas de la carrera de San Jerónimo, con sus estantes llenos de las menudas maravillas de los herreros de Eibar; las de paraguas y bastones, resto único de las afamadas covachuelas; y las casas de libros, donde en fraternal mezcla campean este cuento sabroso de Alarcón, aquel ceñudo poema de Núñez de Arce, cual panegírico inquisitorial del batallador Menéndez, el donairoso libro de Valera, la crítica traviesa de Palacio. Y discurren por las calles espaciosas, camino del Retiro, placer antes de reyes y hoy popular dominio, grupos de esbeltas niñas casaderas, escoltadas del cesante pensativo, de la madre provecta, del galanteador tenaz en aquella misma mañana recogido, mariposilla de verano, que dejará en el corazón su polvo de oro, y morirá con las primeras nieblas autumnales”

No es esta placa callejera, el único signo de reconocimiento madrileño al político y poeta cubano. En 1986, en un ensanche del Paseo de la Habana, conocido como Plaza de Quito, se instaló un extraño monumento, un monolito compuesto de dos piezas de piedra placadas de marmol verde unidas por la base y separadas en su coronación por dos volúmenes que presentan en sus caras exteriores la bandera de Cuba. El monumento, donado por el Gobierno cubano, es obra del escultor José Villa Soberón y del arquitecto Rómulo Fernández y fue restaurado en 2004.

© Manuel Martínez Bargueño
Octubre, 2010

TRAS LOS PASOS DE JOSÉ MARTÍ EN ZARAGOZA

Aquí vivió José Martí en esta ciudad”. Una placa en la fachada del número 13 de la calle de la Manifestación recuerda que allí se alojó el joven de 20 años recién llegado a Zaragoza en 1873.

Desde la Edad Media, las agrupaciones gremiales en esta zona conformaron el nomenclátor callejero de la ciudad, que aumentó con nombres como Cuchillería, Sombrerería o Platerías –llamada De la Toronjera, en su tramo entre la calle de Loscos y de Alfonso I–. Esta última, la de Platerías, fue la que terminó por denominarse calle de la Manifestación.

El casero se llamaba Don Félix Sanz y en sus escritos Martí la menciona varias veces.

Martí se trasladó de Madrid a Zaragoza, en busca de mejor clima para sus males, que arrastraba desde los duros días de trabajos forzados como preso en las canteras de San Lázaro, en La Habana, adonde fue enviado bajo castigo de trabajo forzado con 17 años.

José Martí retrato junto a Eusebio y Fermín Valdés en Madrid 1872
José Martí retratado junto a Eusebio y Fermín Valdés en 1873

José Martí (poeta, periodista, dirigente político y considerado como el héroe de la independencia de Cuba) residió en Zaragoza desde mayo de 1873 hasta noviembre de 1874, periodo en el que realizó su último año para conseguir la titulación de Bachillerato en el Instituto Goya y obtuvo los títulos de Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras por la Universidad de Zaragoza.

Entonces, el instituto y la universidad ocupaban un mismo edificio en la plaza de la Magdalena, en el actual solar del Instituto Pedro de Luna.

El edificio de la Universidad en la Plaza de la Magdalena. en 1930 (Imagen: Fototeca del Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura bajo licencia CC BY-NC 2.5 ES)
El edificio de la Universidad de Zaragoza en la Plaza de la Magdalena en 1930

Martí se adentró en el mundo de la filosofía, se interesó en el transcendentalismo del filósofo alemán Krause, relacionando a este con el filósofo norteamericano Emerson. Ambos filósofos fueron verdaderamente admirados por Martí.

Aunque se licenció en Derecho y en Filosofía y Letras con sobresaliente, Martí no pudo recoger sus títulos porque no tenía dinero para que se los expidieran. La Universidad de Zaragoza corrigió esa situación a título póstumo en 1995 y descubrió un busto en bronce, que es el que todavía se mantiene en la entrada del edificio Paraninfo.

Busto dedicado a José Martí en la entrada del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza
Busto dedicado a José Martí en la entrada del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza

José Martí tenía 20 años cuando decidió trasladarse a Zaragoza desde Madrid y allí vivió durante 20 meses, en una modesta casa de huépedes con Fermín Valdés, su mejor amigo y cómplice en su pensamiento revolucionario.

En la casa servía un cubano negro, del que sólo se conoce su nombre, Simón, que inmortalizará Martí en uno de sus artículos, empuñando las armas para defender la Primera República Española desde las barricadas de Zaragoza, en enero de 1874. Se desconoce cómo llegó desde Cuba a Zaragoza, donde, además de sirviente, ejercía de limpiabotas en los porches del paseo de la Independencia.

“Cuando termino mis clases en la Universidad, me gusta pasear por la plaza del Mercado y llegar a la animada calle Platerías. Y ahí, no muy lejos de las ruinas romanas vivíamos como en familia. Mis días en la Pensión Don Félix fueron los más felices de mi vida estudiantil. Don Félix era nuestro amable y servicial casero, además de padre de dos bellas hijas.”

La correspondencia de José Martí durante su estancia aquí está plagada de referencias a su vida en Zaragoza, con frecuentes alusiones a su siempre precaria salud, a consecuencia de los maltratos recibidos en las canteras habaneras de San Lázaro, y también a sus escasos medios económicos con los que subsistía.

Durante su estancia en Zaragoza, José Martí conocio una ciudad de poco más de 70.000 habitantes (La Habana, de donde venía, tenía entonces 200.000) que vivía años de importantes reformas urbanas y una intensa vida cultural en la que participó, acudiendo a las tertulias literarias organizadas por los escritores aragoneses Marcos Zapata y Eusebio Blasco y colaborando en el “Diario de Avisos de Zaragoza” (aunque no hay rastro de un escrito suyo ni firmado, ni con seudónimo o iniciales), publicación de tendencia republicana dirigida por Calixto Ariño.

portada del diario de avisos de zaragoza
Portada del Diario de Avisos de Zaragoza (Foto: Biblioteca Memoria de Madrid bajo licencia CC BY-NC 2.5)

El Diario de Avisos de Zaragoza era uno de los dos periódicos más importantes de la Zaragoza de la época, el otro era el conservador Diario de Zaragoza que dirigió Mariano Peiró y luego su hijo, el escritor costumbrista Agustín Peiró.

En este solar (Coso 100) se encontraban la redacción y talleres del Diario de Avisos de Zaragoza
En este solar (Coso 100) se encontraba antiguamente el Diario de Avisos de Zaragoza

Martí asistió en Zaragoza a una sociedad en plena ebullición política con constantes enfrentamientos entre monárquicos y republicanos, la aparición de un incipiente movimiento obrero organizado, la insurrección carlista y la revolución cantonalista.

Parece claro que Martí tuvo que empezar a forjarse como poeta de acción y a poner pasión en sus versos durante su estancia en Zaragoza, pues la ciudad que conoció y vivió pasó en menos de dos años por todas las vicisitudes y agitaciones que ha configurado la historia de España en el siglo XIX.

Tenía España abiertos en aquellos meses dos frentes de combate. Uno en Cuba contra los rebeldes mambises. Las noticias de los muertos en aquel desgaste permanente para las tropas españolas llegaba a Zaragoza, como a otras capitales de España, en forma de avisos en la prensa a los familiares de soldados para que pasaran por el ayuntamiento a recoger sus pertenencias o a recibir noticias sobre su estado.

Otro frente más sangriento era el de la guerra civil carlista, con combates que se habían hecho especialmente intensos en el cerco de Bilbao, en las provincias vascas y en Navarra y a lo largo del valle del Ebro, donde las facciones carlistas eran una amenaza permanente para los pueblos.

Zaragoza, por la situación tan estratégica de sus comunicaciones, se convirtió en un hospital de guerra, a donde llegaban por ferrocarril cientos de heridos que atestaban hospitales y hasta algún hotel, habilitado para ello.

Pero Zaragoza va a ser también protagonista durante unas horas cruentas de la defensa del gobierno legal de la República en España desde febrero de 1873. No durará siquiera un año, pues a primeros de enero de 1874 el general Pavía disolvió por la fuerza, como es bien sabido, las Cortes, entrando a caballo con las tropas en el palacio del Congreso.

La única ciudad española que salió espontáneamente a la calle en defensa del gobierno legítimo de la República fue Zaragoza con su alcalde a la cabeza. Apenas un día –el 4 de enero de 1874– duró la resistencia. Martí la vivió de manera personal y directa y dejará un vibrante homenaje en sus versos sencillos, en su prosa y, como no, en los argumentos de sus ideas políticas.

Ilustración de “Le Monde Illustré” en la que se muestra a las tropas del General Pavía asaltando las barricadas de la Plaza de la Constitución (actual Plaza de España) el 4 de enero de 1874

Como ciudad muy antigua, tenía Zaragoza muchos palacios de los siglos XVI y XVII e iglesias centenarias. Dos grandes templos, la catedral de La Seo y el del Pilar, donde Goya había pintado una bóveda y una cúpula a las que alzaría la vista Martí.

Pero también se había modernizado pocos años antes de llegar Martí con ensanches y nuevas calles rectas y anchas como en las capitales europeas. Tenía una nueva calle, la de Alfonso I y un paseo con árboles, el de la Independencia, que eran la imagen y el orgullo de la Zaragoza moderna. Pero la más larga, ancha y concurrida era la del Coso, que siguiendo el perímetro de las antiguas murallas romanas y medievales, rodeaba la ciudad hasta el río.

José Martí y Fermín Valdés visitaban con frecuencia el Teatro Principal y debido a su amistad con los actores Leopoldo Burón y Teodora Lamadrid, se les permitía sentarse en el palco 13, el cual disponía de una posición muy privilegiada.

En la temporada teatral zaragozana había funciones de Bretón de los Herreros, Marcos Zapata, Calderón de la Barca o el ‘Don Juan Tenorio’ de Zorrilla. El teatro era entonces la oferta cultural popular por excelencia, expresión política y marco social de la vida de Zaragoza.

Vista del Palco 13, en el que se sentaban José Martí y Fermín Valdés cuando acudían al Teatro Principal de Zaragoza,
Vista del Palco 13, en el que se sentaban José Martí y Fermín Valdés cuando acudían al Teatro Principal de Zaragoza

Durante este periodo también tuvo tiempo para enamorarse, sentimiento que dejó escrito en el siguiente poema, incluido en sus “Versos Sencillos“:

“Para Aragón en España,
Tengo yo en mi corazón
Un lugar, todo Aragón,
Franco, fiero, fiel, sin saña.”

“Si quiere un tonto saber
Por qué lo tengo, le digo
Que allí tuve a un buen amigo,
Que allí quise a una mujer.”

“Alla, en la vega florida,
La de la heroica defensa,
Por mantener lo que piensa
Juega la gente la vida.”

“Y si un alcalde lo aprieta
O le enoja un rey cazurro,
calza la manta el baturro
Y muere con su escopeta.”

“Quiero a la tierra amarilla
Que baña el Ebro lodoso:
Quiero el pilar azuloso
De Lanuza y de Padilla.”

“Estimo a quien de un revés
Echa por tierra a un tirano:
Lo estimo, si es un cubano;
Lo estimo, si aragonés.”

“Amo a los patios sombríos
Con escaleras bordadas;
Amo las naves calladas
y los conventos vacíos.”

“Amo la tierra florida,
Musulmana o española,
Donde rompió su corola
La poca flor de mi vida.”

La mujer que menciona Martí es la zaragozana Blanca de Montalvo.

Nada más llegar a Zaragoza, Martí conoció a la joven Blanca Montalvo, la cuarta de una familia modesta de seis hermanos, de la que se enamorará. La pasión, a pesar de la oposición paterna, fue adelante y se veían a escondidas.

Fermín Valdés describe a Blanca de Montalvo en su obra “Ofrenda de hermano” como “una blonda y bella y distinguida señorita a quien José Martí amó”. También cuenta, que “Blanca le preparaba a José Martí infusiones de violetas para curar la tos y la tristeza: esperaba, como consecuencia, que la decidida idea de Martí de regresar a Cuba se fuera debilitando poco a poco.”

José Martí regresó a Cuba, pero Blanca Montalvo no perdió la ilusión. Soñó que en algún momento volvería a buscarla. No fue así. José Martí amó a otras mujeres como Rosario de la Peña y Carmen Zayas-Bazán, con quien se casó en 1877.

En 1875, un año después de su partida, le dedicó un cuento a su amada de Zaragoza: “Hora de la lluvia”. En el preámbulo tiembla el hermoso recuerdo:

“Mi Blanca: A las ocho y media empiezo a escribir para ti esta brevísima historia -feliz ya, porque nace de tu cariño y tu deseo. Espacio estrecho es una hora, y cosa rápida y risible ha de ser todo lo que en ella precipitadamente escriba yo. Tiempo, papel -todo es estrecho para este poderoso amor que vive en mí. Llueve copiosísimamente; llueve sin cesar. Es, Blanca mía -y no te rías- que el cielo mismo frunce el ceño, y se pone mohíno, y llora, porque no hemos podido hablarnos hoy. Tú eres el cielo”.

El texto se publicó sin firma en “Revista Universal“, de Cuba, y concluía así: “Son las nueve y veinticinco minutos. – Ya acaba mi brevísima historia. – Aún llueve. Aún esperas. Salgo a llevártela. ¿Me quieres, Blanca mía?”.

Con el tiempo ella se casó con el prestigioso médico turolense Manuel Simeón Pastor y Pellicer, aunque dicen que Blanca no lo olvidó nunca. A su único hijo, que tuvo al año siguiente de la muerte de Martí en Dos Ríos el 19 de mayo de 1895, lo llamó José.

Hoy en día sigue siendo una delicia recorrer el entramado de calles y callejuelas que dibujaban el entorno donde vivió. El eje del encuentro vecinal estaba focalizado en la Plaza de la Justicia (justo enfrente de la casa de José Martí), con una fuente en la que se contempla desde 1866, año en que fue fundida en los talleres de Averly, y por tanto conocida por nuestro personaje, la escultura La Samaritana, que, con los árboles y la iglesia de Santa Isabel de Portugal -conocída como “de San Cayetano”, dada la influencia de la Orden en la ciudad- dan al escenario un ambiente de cercanía y familiaridad.

En Zaragoza José Martí escribió y publicó el libro “La Republica Española ante la Revolución Cubana” y la obra de teatro “Amor con amor se paga“.

Aún tuvo tiempo de mudarse a la calle Del Olmo, cercana a Manifestación y al Mercado Central. En Zaragoza también inició su labor de dramaturgo: poco antes de marcharse redactó el drama simbólico “La adúltera”.

En octubre de 1874 Martí se examinaba para obtener el grado de licenciado en cada especialidad. Consistía en exponer en público un tema a sorteo, a elegir entre tres del programa.

Para la licenciatura en Derecho eligió el tema: «Párrafo inicial del libro primero, título segundo de la Instituta de Justiniano. Del Derecho natural de gentes y civil».

Para la de Filosofía y Letras, el tema con el que se lució, pues obtuvo la calificación de sobresaliente, fue: «La oratoria política y forense. Cicerón como su más alta expresión; los discursos examinados con arreglo a sus obras de Retórica».

Se empezaba a hacer patente que las dotes persuasivas de José Martí eran la palabra hablada y escrita y la pasión que pondrá en ellas para comunicar sus sentimientos.

Finalizamos este artículo dedicado a la Zaragoza de José Martí rememorando la canción “Para Aragón”, que el poeta y compositor bilbilitano Ángel Petisme incluyó en su disco “Río Ebrio” (2009). El propio Ángel Petisme explica en un su blog como fue el proceso creativo de cantar y poner música al poema de Martí:

«“Para Aragón” es el archiconocido poema que José Martí, líder de la independencia de Cuba, que llegó a Zaragoza en 1873 para estudiar Derecho y Filosofía, le dedicó a nuestra tierra. Aparece en sus “Versos Sencillos” de 1891, es decir cuatro años antes de morir en combate. Pues bien, a este poema le puse música en 2001 y la canción aparecerá en mi nuevo disco. También en el de Carmen París, que creo que sale ya, porque el año pasado en Palestina, cuando me dijo que se iba a Cuba a componer, le sugerí que existía este poema de Martí y le propuse retomar la canción que yo ya tenía compuesta y trabajarla entre los dos. Luego me olvidé del asunto pero Carmen no, y al mes o así me llamó desde La Habana para decirme que le había puesto música al poema. Así que tendremos dos canciones a partir del mismo texto. ¿Querías sopa?…»

¿Sabías que el libertador cubano José Martí paso parte de su infancia en Valencia?

José Martí fue hijo de una familia de pocos recursos económicos. Su madre era la tinerfeña Leonor Antonia de la Concepción Pérez y Cabrera, conocida como Leonor Pérez Cabrera, de La Orotava, siendo nieto de grancanario. Según palabras del artículo nacionyemigracion.cu, el propio Martí siempre decía que era mitad cubano y mitad canario –al ser cuna de su madre-, algo que destaca Ulises Barquín, cónsul de Cuba en Canarias.

Los valencianos pueden presumir de cierta relación con nuestra tierra, puesto que su padre era Mariano de los Santos Martí y Navarro (Valencia, España, 31 de octubre de 1815 – La Habana, Cuba, 2 de febrero de 1887), conocido como Marià Martí Navarro -hijo de Vicente Martí Guillot y Manuela Navarro Beltrán-, un militar valenciano destinado en Cuba desde 1850, el cual ingresó en el Cuerpo de Artillería de su ciudad natal, Valencia, en la década de los cuarenta (1844), pasando con destino a La Habana con el grado de sargento primero al ser trasladada a la capital de la colonia la compañía de que formaba parte. Establecido en la capital, contrajo matrimonio con Leonor Pérez Cabrera el 7 de febrero de 1852 -a la que conoció en un baile-, donde justo un año después nace su hijo, el único varón, casualidades de la vida, de sus ocho hijos.

Los padres de José Julián Martí Pérez

Mencionar, además, que el valenciano, padre del libertador cubano, tiene una escuela, bajo el nombre de Escuela Primaria de Don Mariano Martí Navarro, en la calle Paula, entre Egido y Picota, en el municipio de La Habana Vieja, considerado como Patrimonio de la Humanidad. En ese mismo municipio, estaría la casa donde nació el libertado cubano, hoy conocida como “La Casita de Martí” o Museo Casa Natal de José Martí, ubicada en la calle Leonor Pérez Nº 314. Esta casita de dos plantas con patio interior, construida a principios del siglo XIX con paredes de argamasa y techo de tejas a dos aguas, fue alquilada en el año en el que contraen matrimonio los padres de José Martí, recién casados en 1852, quienes ocuparon la planta alta del inmueble hasta 1856. Durante el período en que habitaron la vivienda nacieron en ella sus tres primeros hijos: el propio José Martí, Leonor Petrona y Mariana Matilde, donde más tarde deciden mudarse a otra casa, en la calle Merced, por la necesidad de ampliar el espacio porque la familia crecía.

Justo un año después del traslado, tienen que viajar a Valencia. El motivo de traslado y viaje a nuestra ciudad, de la familia al completo, fue por motivos de salud del padre de José Martí (entre 1857-1859), momento en el cual se establecen en una casa de la plaza del Miracle del Mocadoret -donde nace una de sus hermanas durante la estancia en la capital del Turia, María del Carmen Martí y Pérez, el 2 de diciembre de 1857-, que por entonces era conocida como calle del Milagro de San Vicente hasta el 4 de septiembre de 1940. Según también texto extraído de mcnbiografias.com, fue causa del traslado el trabajo de celador de policía, mal retribuido, además de la recuperación de la salud del padre e intentar mejorar la situación económica familiar. Dos años después, en 1859, retornaron a La Habana solicitando el padre ser readmitido en la administración colonial en la que desempeñó distintos empleos.

Hoy, aquel lugar que fue casa de la familia Martí-Pérez, es la parte trasera (cocina) del Restaurante Tapineria, ubicado en carrer de la Tapineria nº16. Fue en este rincón de la ciudad de Valencia, en la propia plaza del Miracle del Mocadoret y en la casa donde vivió el héroe cubano, donde desde enero de 2003 -tal y como se lee en la propia placa-, se le recuerda gracias a un pequeño homenaje y a la colocación de una placa conmemorativa.





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