La muchacha que regresó a morir a su “Villa Clara” natal Por.

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La muchacha que regresó a morir a su “Villa Clara” natal

Por. Henry Puente.

Doris de la Torre, la muchacha llena de tristeza que partió al exilio radicando en Los Estados Unidos, fue una cantante de feeling muy popular en los clubes habaneros de finales de los años cincuenta y principios de los sesenta. Cantó y fue la diva absoluta en la agrupación de Felipe Dulzaides en Los Armónicos, hizo un pequeño papel en una famosa telenovela y tuvo una brillante carrera de solista, de la cual, injustamente, ya casi nadie se acuerda, era una mujer valiente, controvertida y complicada, como casi todas las que animaron la vida nocturna del Vedado en aquella época. A pesar de haber tenido gran entusiasmo revolucionario, muy pronto se desencantó, resultando inapropiada e incómoda para las autoridades, quizás debido a su carácter y modo de ser, entonces se exilió en la Florida, aunque anteriormente había residido algunos años en New York, llegando a tener en esa ciudad una librería, así vivió casi toda su vida (excepto una breve estancia por España), pero ya no volvió a cantar –en parte porque fue perdiendo la voz que la había hecho célebre. Enferma y anciana, cuando supo que iba a morir, pidió que la dejaran regresar, y murió en su Villa Clara natal, discretamente, hace dieciocho años atrás, sin halagos, reconocimiento, prensa, ruidos ni música.
Lo único sucedido fue, que Sigfredo Ariel le dedicará un poema y Alexis Castañeda escribió una bonita nota con motivo de su muerte. En la actualidad, para muchos continúa siendo una gran desconocida,
la única grabación suya que se conoce, es una que data de 1959 y está sin remasterizar, pero ha servido al menos para darle algo de difusión. En los últimos tiempos ha sonado de vez en cuando en la radio como elemento de nostalgia, por ejemplo, de las cuatro canciones, una (“Don’t blame me”) está en inglés y otra (“Ada”) en hebreo. Esta última es una canción folklórica, que la cubana debió haber aprendido de oído con algún judío del este de Europa. A su manera tiene también algo de feeling (esa perversión criolla del lied); es una canción de “borrachera”, del estilo de las que cantaban los pioneros en esa misma época en Israel, que describe a un grupo de gente sentado alrededor de una hoguera, bebiendo alegremente. “Ada, ven a sentarte con nosotros”, dice el estribillo.
Yo la conoci en esa Habana de los 60, donde se estrujaban las noches en espera y despedida con certidumbre de regreso.
Vivía en el Country Club, una casa de arquitectura moderna, con quién amaba en ese momento, la había comprado durante los años 50 y era su hogar. En la época, su acostumbrado collar de perlas, su enorme guitarra andaluza y su voz de terciopelo eran su trade mark. También por ese entonces, bebía demasiado, y había cierto caos vital en ella, que la obligaba a llamarme a deshoras, pidiendo consejos, o simple companía. No lo supe nunca, pero me impresionó como un ser humano de ascendencia en el Medio Oriente. Su tez, pelo negro, voz grave, sensualidad y personalidad, así lo apuntaban.
Tengo un buen y gran recuerdo de ella, asociado a una epoca de “transición”.
Me ha gustado saber de un final, y cómo fue. Al menos regresó a morir al pedazo de tierra que tanto amó…

PD: Un amigo que se hace llamar , escribió en forma muy hermosa algo sobre ella, que incluiré a continuación en mi reseña, diciéndole:
¡ Muchas gracias !
Recuerdo perfectamente a Doris de la Torre en sus años con Los Armónicos de Felipe Dulzaides: oírla de nueva cuenta ha sido el mejor momento de este domingo demasiado frío. Felipe tocaba el piano “de oído”. Nunca estudió el instrumento. Hijo de una pianista notable, Josefina Badía, y medio hermano de la poeta Fina García-Marruz, fue un gran hacedor de músicos cubanos, un animador incansable de la noche habanera. La playa de Varadero le debe un monumento. Por las distintas versiones de su grupo pasaron instrumentistas de la talla de Changuito, Rembert Egües, Pablo Cano, Armandito Romeu, Armandito Zequeira, Luis Quiñones, Carlos del Puerto, Ahmed Barroso, Tony Valdés, Ignacio Berroa, su hijo Eddy, su sobrino Sergio Vitier, Regino Tellechea y la insuperable Elsa Rivero, que anda por Barcelona –esbelta y afinada, como siempre….