HOLA amig@s saludos aquí les regalo la historia de el espectacular jugador

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HOLA amig@s saludos ūüôč‚Äć‚ôāÔłŹaqu√≠ les regalo la historia de el espectacular jugador de billar Orgullo CUBANO ūüĎĆūüí™ūüá®ūüáļ
Alfredo de Oro, campeon del mundo 25 vecesūüė≤ūüí™ y quien se encuentra entre los mejores jugadores de billar en la historia
La revista especializada Billiards Digest seleccionaría al cubano como el cuarto mejor exponente de esa disciplina en el siglo pasado.
LES ADJUNTE LA ESPECTACULAR DESCRIPCION DE AQUEL QUE Para la revista Pearson‚Äôs Magazine fue uno de los partidos de billar m√°s incre√≠bles de la historia. As√≠ lo rese√Īa en su n√ļmero de mayo de 1905, poco tiempo despu√©s del c√©lebre encuentro. A m√°s de un siglo de aquellos hechos, todav√≠a muchos lo creen as√≠. LEER ABAJO.

En los albores del siglo XX Alfredo de Oro, una gloria del billar cubano y del planeta, obtuvo el campeonato mundial…¬° 25 veces!

Su nombre estuvo ligado por esos a√Īos a los del ajedrecista Jos√© Ra√ļl Capablanca y el esgrimista Ram√≥n Fonst, √©mulos en lauros y virtuosismo. Un tr√≠o de ases, cuyos talentos hicieron historia y atrajeron las miradas del mundo hacia esta peque√Īa isla.

Oriundo del municipio de Manzanillo, en la provincia de Oriente, en la actual Granma, nace el 28 de abril de 1863. a fines del 77 lo llevó su hermano Joaquín a un salón de billar y puso un taco en sus manos. Alfredo quedó maravillado y enamorado a la vez de la compleja actividad, pero cursaba interno el bachillerato, lo que limitaba su participación en los juegos. No obstante, en enero de 1881, ya son noticias en los corrillos de jugadores sus victorias frente a billaristas reconocidos en La Habana de entonces.

Seis a√Īos despu√©s interviene por vez primera en un campeonato mundial y empata en la cima con los favoritos, pero queda tercero en la discusi√≥n de los lugares. Otra vuelta de almanaque y en 1888 el cubano se proclama campe√≥n en un juego re√Īid√≠simo que lo favoreci√≥ 16 mesas por 15.

Al a√Īo siguiente De Oro pierde el campeonato contra Albert G. Powers, en juego de "pi√Īa continua" (se cuentan el n√ļmero de bolas y no el de las mesas), pero en 1891 va al desquite y lo vence 600 por 527, para iniciar su incre√≠ble leyenda al adjudicarse el t√≠tulo mundial en 18 ocasiones consecutivas.

En este per√≠odo destaca su triunfo en la justa del orbe que se realiz√≥ en el marco de la Exposici√≥n Mundial de San Luis ‚ÄĒal un√≠sono de los Juegos Ol√≠mpicos de 1904‚ÄĒ, donde triunf√≥ el esgrimista Fonst abrumadoramente.

En su n√ļmero de mayo de 1905, la revista norteamericana Pearson's Magazine bajo el t√≠tulo de: Como De Oro gan√≥ el campeonato de pi√Īa describi√≥ su c√©lebre desaf√≠o con Keogh, en que al norteamericano le faltaban nueve bolas para ganar y a De Oro 63, las que fue descontando lentamente ante los ojos at√≥nitos de su rival: ¬°Faltaba una! Y esa una estaba a un pie de la tronera, y la tiradora a un pie m√°s de distancia, en l√≠nea recta. No hab√≠a un solo hombre en la desbordante concurrencia que no se sintiese capaz de colarla. Y no hab√≠a uno tampoco que no hubieses dado lo mejor en el mundo por tener ese honor. Con toda su calma estuvo apuntando, para que la delicia del momento se prolongase, momento del que no volver√≠a a gozar, y finalmente cuando la anhelante multitud no quiso esperar m√°s y expres√≥ su intensa emoci√≥n en inmenso y entusi√°stico vocer√≠o, tir√≥ acertando, al mismo tiempo que todos los que se hallaban en el sal√≥n lo estrujaban en una ola de congratulaciones por el final de torneo m√°s hermoso que se ha jugado jam√°s en una mesa de pi√Īa.

Con fecha seis de enero de 1918 (Alfredo ten√≠a 56 a√Īos de edad), el libro Cr√≥nica Cubana recoge en sus p√°ginas…"El campe√≥n mundial de carambolas por tres bandas, Alfredo de Oro, lleg√≥ despu√©s de 20 a√Īos de ausencia y triunf√≥ en match contra Charles Otis celebrado en el teatro Payret, reteniendo el campeonato.

Era el asombro de todos. El periodista Jos√© Sixto Sola en la revista Cuba Contempor√°nea, de gran prestigio en esa √©poca, describe al estelar jugador: "a√ļn con la edad que cuenta, conserva su maravillosa habilidad, serenidad imperturbable, pulso fijo como si fuera de acero, ideaci√≥n r√°pida y original, que ha hecho de √©l, el m√°s grande de los billaristas modernos."
En 1922, con 60 a√Īos de edad, de Oro cay√≥ derrotado por el estadounidense Johnny Layton. Muchos pensaron entonces que ese ser√≠a el final de su carrera. Pero once a√Īos despu√©s regres√≥ para vencer a Layton y recuperar su corona. Al a√Īo siguiente anunciar√≠a su retiro. Era el fin de una era.

Radicado en los Estados Unidos,se retir√≥ oficialmente en 1934 .Alfredo de Oro falleci√≥ el 2 de junio de 1948, Estados Unidos a los 85 a√Īos de edad . Dos d√©cadas despu√©s fue exaltado p√≥stumamente al Sal√≥n de la Fama del billar estadounidense y en 1999 la revista especializada Billiards Digest lo situ√≥ en el cuarto puesto entre los 50 mejores jugadores del siglo XX.

((( OJO ūüď£Espectacular descripci√≥n de los momentos finales del campeonato por el t√≠tulo mundial de Billar)))) ūüĎĆūüĎŹūüĎŹūüĎŹūüĎŹūüĎŹūüĎŹ

El p√ļblico rodea la mesa expectante. Jerome Keogh acaricia la punta de su taco mientras observa con atenci√≥n el turno de su rival. Solo 9 bolas lo separan del t√≠tulo mundial de billar en la modalidad de pi√Īa continua, mientras su contrincante necesita embocar 63. Pero su contrincante es Alfredo de Oro.

Con asombrosa tranquilidad, casi con displicencia, de Oro acierta una bola tras otras. Sus movimientos son seguros y elegantes. El flem√°tico Keogh hinca el palo de billar en el suelo mientras los espectadores ahogan sus exclamaciones.

Cuando resta una bola, una sola bola, el billarista cubano se recrea. Demora el golpe, se regodea en los gestos, detiene el tiempo como un maestro del suspense.

El p√ļblico se impacienta. Los periodistas, que hab√≠an escrito ya el titular del d√≠a, se apresuran a borrar su sentencia: ‚ÄúCae el campe√≥n‚ÄĚ. Keogh, at√≥nito, no aparta los ojos de la tronera.

La bola decisiva está a un pie del agujero y la bola tiradora a un pie más de distancia, en línea recta. De Oro, aupado por un creciente murmullo, lanza de una vez el golpe. La bola blanca embiste de lleno a la otra, que se precipita tronera adentro. La multitud estalla en un grito.

Para la revista Pearson‚Äôs Magazine no hay dudas: se trata de uno de los partidos de billar m√°s incre√≠bles de la historia. As√≠ lo rese√Īa en su n√ļmero de mayo de 1905, poco tiempo despu√©s del c√©lebre encuentro. A m√°s de un siglo de aquellos hechos, todav√≠a muchos lo creen as√≠.

Esta no es, sin embargo, la √ļnica an√©cdota memorable de Alfredo de Oro. Su trayectoria, exitosa y longeva, fue rica en juegos tensos, temerarios, asombrosos, deslumbrantes. Y, m√°s que nada, en victorias.