Fulgencio Batista frente a la maqueta del hotel “Habana Hilton”, hoy “Habana Li

21
Fulgencio Batista frente a la maqueta del hotel “Habana Hilton”, hoy “Habana Libre”.
Earl E. T. Smith, último embajador norteamericano en La Habana, antes del triunfo revolucionario en 1959, confesó que: “El gobierno de Batista es dictatorial y pensamos que no tiene el apoyo de la mayoría del pueblo de Cuba. Pero el gobierno de Cuba ha sido un gobierno amistoso hacia Estados Unidos y ha seguido una política económica generalmente sana que ha beneficiado a los inversionistas estadounidenses. Ha sido un partidario leal de las políticas de Estados Unidos en los foros internacionales”
¿Política económica sana para quién? La respuesta está en las propias palabras de aquel embajador, que para ese entonces funcionaba como en la actualidad funcionan sus “homólogos” destacados en los distintos países de nuestra América, cuya injerencia en los asuntos internos es permanente y siempre para el beneficio imperial.
La entrada de la quinta década del siglo XX en Cuba, expuso la existencia de varias crisis que se manifestaban en la escena política y económica del país. Por un lado estaba el agotamiento estructural del sistema económico impuesto por Estados Unidos y el relativo a su funcionabilidad como la sobreproducción y estancamiento del mercado del país. Por otro lado, el desgaste y desprestigio de los partidos políticos de entonces, que obligaron a hombres honrados como Eduardo Chivás, al frente del Partido Ortodoxo, a enfrentar el sistema impuesto.
📷