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“EL GRAN CASINO NACIONAL” Con un nombre que infundía confianza y respeto, construido con todos los requerimientos para competir con los mejores de su tipo en el mundo, conocido como el Montecarlo de América, fue este casino destino común para el turismo norteamericano que visitaba la Habana en las temporadas de invierno durante una larga etapa que duró hasta mediados de los cincuenta. Ya para esos tiempos, el arribo al poder de Fulgencio Batista trajo una nueva etapa de distensión en la política restrictiva a la actividad que había imperado hasta entonces, motivando el surgimiento de varios establecimientos del mismo género que lo fueron dejando atrás hasta motivar su desaparición.

Respecto al tema que nos ocupa, debido a la época en que surgió y a la seriedad con que fue operado, las fichas que emitió, aunque escasas, resultan de gran interés por su antigüedad, sus altos valores, su singular diseño y su magnífica confección. Es este el único centro cubano que llegó a emitir sus fichas numeradas para evitar falsificaciones o confusiones.

Veamos a continuación un poco de su historia y quehacer:

Surge este casino como parte de una gran inversión realizada por la llamada “Compañía Urbanizadora del Parque y Playa de Marianao”, integrada por varias personalidades importantes de la época, con marcadas influencias en el gobierno reinante, entre las cuales se destacaban Manuel de la Cruz, antiguo secretario de Estrada Palma y presidente de la Comisión Nacional para el Fomento del Turismo, José Manuel Cortina, Representante a la Cámara, acaudalado hombre de negocios, dueño de la Hacienda Cortina y de varias propiedades más, Carlos Miguel de Céspedes, José Gómez Mena y otros.

Debido a las grandes posibilidades turísticas y habitacionales de la zona del litoral oeste habanero y a las condiciones insalubres en que se encontraba, cubierta de manglares y terrenos baldíos, obtuvo esta compañía una concesión del Ayuntamiento del Municipio de Marianao mediante la cual, después de comprar fincas y parcelas entre Enero de 1917 y Marzo de 1919 por un valor cercano a ochocientos mil pesos, emprendió la urbanización de la zona, construyendo parcelaciones, viales, redes de alcantarillado, etc. a un costo superior a dos millones de pesos.

A cambio de ello, además de la posibilidad futura de ir vendiendo solares que en corto tiempo alcanzaron altos pecios, obtuvo la compañía permiso para establecer y explotar diversos géneros de espectáculos y centros de diversión tales como teatros, cines, hipódromos, juegos de azar, montañas rusas, bases de yates, etc. O sea la idea era convertir a la zona del litoral oeste de la ciudad, conocida como “la playa” en un gran conglomerado turístico que llegara a competir por la calidad de sus instalaciones con las grandes playas europeas.

Una explicación detallada de este asunto puede verse claramente en un folleto publicado en 1948 por el “Sindicato Territorial de la Habana”, entidad continuadora de la inicial “Compañía Urbanizadora del Parque y Playa de Marianao”, con motivo de la querella que estableció contra las autoridades del municipio debido a divergencias sobre la interpretación de dicha concesión que surgieron al término de los treinta años estipulados como plazo. Varias de sus páginas las incluiremos en nuestra galería por lo interesantes que resultan a pesar de ir más allá del tema particular del casino que nos ocupa en esta página.

Otro hecho importante derivado de esta asunto fue es la promulgación de la llamada “Ley de Turismo del 8 de Agosto de 1919”, que firmada por el presidente de la Republica Mario García Menocal establecía en su artículo primero: “Desde la promulgación de la presente Ley, no podrán establecerse espectáculos de habilidad, fuerza o destreza en los que medien o se crucen apuestas mutuas o de cualesquiera otra clase, sino mediante las condiciones y requisitos que se expresan a continuación:”. Se oficializaban en ellas las normas que regirían las actividades del ramo en las décadas republicanas, reglamentando la operación y funcionamiento de los controvertidos “juegos de azar” de forma tal que se aplacaran en algo las protestas de ciertas capas de la población opuestas a ellos y a la vez se cumplieran los objetivos de los poderosos inversionistas.

El Gran Casino Nacional, limitado por dicha ley en su funcionamiento a la llamada temporada de invierno, que se extendía de Diciembre a Marzo de cada año, se inauguró oficialmente a principios de 1922, convirtiéndose con el paso de los años en el sitio obligado de los turistas interesados en los juegos de azar y en los buenos espectáculos musicales o la buena cocina, factores que contribuyeron a que fuera también visitado por una gran parte de la burguesía nacional. El edificio usado para ello fue el antiguo “Casino de la Playa”, situado cerca del litoral y limítrofe con el “Habana Yatch Club”, que había sido remozado para adaptarlo a las necesidades de la actividad, dotándolo de una gran entrada para coches en su parte delantera, de grandes terrazas y de lujosos salones. Además se le incorporó la famosa “fuente de las musas”, mandada a construir expresamente para adornar sus jardines y que con el paso del tiempo se convirtió en el símbolo del juego en el país.

Sin embargo ya para fines de esa misma década surge un nuevo edificio diseñado expresamente para albergar un casino, situado más lejos de la costa, en los terrenos del naciente Country Club, con varios salones separados, unos para juegos y otros para espectáculos y restaurantes. La fuente original fue también trasladada para su entrada ubicándola en esta ocasión en un hermoso lago artificial construido con tal fin. Las vistas de este nuevo establecimiento y sus dependencias son las que más se repiten en las publicaciones de la época, donde lo podremos ver en infinidad de postales, anuncios comerciales, etc.

Ya en el año 1953, debido a la competencia que comenzaron a ofrecer establecimientos del mismo género, más céntricos o mejor concebidos, como Tropicana, Sans Souci, Montmartre, etc., que con sus grandes espectáculos atraían a la mayor parte de los potenciales clientes, afrontó diversas dificultades entre las cuales las mayores fueron las pérdidas que comenzó a producir. Por ello fue demolido para usar sus terrenos como parte de un nuevo campo de golf que sería operado por el Country Club. Aun después de desaparecido el edificio, se mantuvo el Casino Nacional como órgano rector de la actividad en el país. Así hemos vista gran cantidad de contratos, expedientes de croupiers, etc. en los que aparece su razón social encabezando el documento.

Muy ligado a la historia de este casino se encuentra el llamado “Summer Casino” o Casino de Verano. Aunque sobre dicho establecimiento hemos encontrado varias propagandas y referencias nunca hemos visto una ficha con su nombre. La versión más generalizada es que en realidad estaba dirigido por la misma empresa, operando en los meses que el Gran Casino se mantenía cerrado y usando incluso sus mismas existencias cubriendo con ello la llamada temporada de verano y dedicado más bien a clientes nacionales.

Es interesante remarcar que la circunstancia de que el Gran Casino Nacional haya existido con autorización gubernamental hizo que aparecieran gran cantidad de referencias a éste en los medios de comunicación de la época lo que nos ha permitido conformar una extensa galería de imágenes que podremos ver a continuación de sus fichas. En ella abundan tarjetas postales, fotos, artículos periodísticos, propagandas, etc., todos los cuales resultan de gran ayuda para los interesados en la historia de este emblemático casino.
Localizado en Calle 120 entre 11 y 11A

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