San Miguel De Los Baños.

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San Miguel De Los Baños.

Cuentan que por la época de las plantaciones, un esclavo de nombre Miguel quedó a su suerte en tierras de nadie para padecer de las dolorosas llagas que lo aquejaban.

El enfermo, decidido a vivir, hizo su hogar en una cueva cercana, alimentándose de lo que podía encontrar y tomando agua de los numerosos manantiales existentes, donde también se bañaba.
Poco a poco sus llagas fueron cicatrizando, y su salud mejoró notablemente, permitiéndole incluso regresar con su amo y dar cuenta de su hallazgo que posteriormente sería llamado San Miguel de los Baños.

El milagro se esparció rápidamente entre los dueños de las dotaciones vecinas, y fue confirmado en 1868, mediante varios exámenes que demostraron que las aguas, de composición magnésico-cálcica, con ácido metasilícico, sílice y azufre en estado coloidal, resultaban ideales para los tratamientos gastrointestinales y dermatológicos.
A partir de ese momento fueron muchas las personas que acudían a buscar un poco de agua tanto para beber como para lavarse. Poetas, arquitectos, artistas y hasta la familia del millonario Henry Ford, visitaron la zona. Otros, buscando un tratamiento permanente, establecieron su hogar en las inmediaciones.
Una de estas sería el abogado Manuel Abril Ochoa, el doctor Abril, como le conocían, había encontrado alivio entre los manantiales y viendo potencial en las propiedades terapéuticas de las aguas y las condiciones del clima, emprendió la construcción de un estación termal.
La construcción, iniciada en 1929, se realizó en tiempo récord, con un estilo ecléctico semejante al casino de Montecarlo y al palacio de Sans Succi, en Alemania, ambos muy conocido en la época. Surge así el Gran Hotel Balneario como una joya arquitectónica dentro del valle de Guamacaro y la única estación termal hidromineral y climaterapéutica del continente y, por las próximas tres décadas, la ciudad balneario más popular de Cuba.
La edificación principal contenía en sus tres plantas un salón principal y recepción, restaurante, bar-cafetería, numerosas habitaciones, cocina, almacén de víveres, cámara fría, consultorio médico, laboratorio y otros locales de servicios. Tampoco faltaban las cámaras de baños para aquellos que no desearan hospedarse, amplios jardines exteriores, de estilo francés, para acoger al público y un gran salón de baile adornado con vitrales.
Estas condiciones, junto al abasto de agua proveniente de varios manantiales, permitieron que tras su inauguración en 1935 el lugar se estableciera como la villa de descanso preferida de la burguesía habanera y de varias personalidades.

De esta manera, y junto a la comercialización de sus aguas, el lugar alcanzó fama mundial, recibiendo como promedio casi 300 turistas semanales de todos los lugares del planeta.

A pesar de su abandono hoy en día, San Miguel poseía y posee aguas mineromedicinales únicas en su tipo en Cuba, los paisajes naturales y las zonas de conservación de la biodiversidad junto a sus valores arquitectónicos presentes en el Gran Hotel del Balneario, la Iglesia, la avenida Abril, y la Ermita del Cristo de Jacán, son solo algunos de los valores tangibles del que fue llamado Paraíso de Cuba.