Los Pregoneros antes del 1959. Si recuerdas tu pregonero de tu barrio, escribe

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Los Pregoneros antes del 1959.

Si recuerdas tu pregonero de tu barrio, escribe su historia, es bonito recordar .

"Maní, maní. Si te quieres por el pico divertir, cómete un cucuruchito de maní. Qué calentito y rico está. Ya no se puede pedir más. Ay, caserita no me dejes ir, porque después te vas a arrepentir, y va a ser muy tarde ya (…)"

Es común levantarnos con los anuncios de ventas cerca de nuestros hogares, los pregoneros se asoman, con su pan calientico, su cebollón, sus palitos de tender, cambiando botellas por pirulí ,el tamarero que decía “tamalitos calientes , con picantes y sin picantes a 3 kilos y a medio(5c)de todo para resolver nuestros problemas de casa y de los niños que ansiosos esperábamos al vendedor de durofrios , al heladero al granizadero en fin a todo aquel que dignamente buscaba sus kilos para mantener a su familia.

Eso me hizo pensar en cómo comenzó esta costumbre y aquí va lo que encontré. Dicen los estudiosos que son el resultado del anuncio de servicios y productos al público. Era una herramienta necesaria entre los comerciantes ambulantes, que así anunciaban su paso y la mercancía de la que disponían.

Así el pregonero tuvo su auge al final del siglo diecinueve y comienzos del siglo veinte, para ir desapareciendo de las ciudades poco a poco.

En Cuba el pregón adquiere perfiles propios. Cada vendedor de acuerdo con su imaginación y su musicalidad puede improvisar pregones de mayor o menor virtuosismo. No hay uno solo de esos comerciantes que no tenga su pregón de empuje, peculiar con el que reclama la acogida a su mercancía.

Anunciar a viva voz lo que se quiere vender fue y es además, una manera de subsistencia. Ese pregonero, parte del pueblo, puede ser a la vez el músico, el artista, el profesor u otros. Así nació el pregón, canto de los vendedores ambulantes.

Con el tiempo, la entonación de los cantos que anuncian una mercancía y se perfilan hasta construir verdaderos períodos musicales. Despertemos así, con el sabor de la cubanía en nuestras calles, otra tradición que se transforma, pero no muere y quién lo duda, si así ha sido siempre.