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La historia de María Calvo Nodarse “La Macorina “ Una sencilla campesina pinar

La historia de María Calvo Nodarse ❤️ “La Macorina “

Una sencilla campesina pinareña conmocionó La Habana en 1917 cuando al timón de un convertible rojo, se cree que de la marca Hispo-Suiza, recorrió Prado y Malecón, convirtiéndose en la primera dama chofer en la historia cubana. Sin embargo, su mayor relevancia, en este caso mundial, no fue por ese hecho insólito, sino porque una composición popularizada por la conocida cantante mexicana Chavela Vargas, con versos del poeta asturiano Alfonso Camín dedicados a la cubanita, se hiciera famosa internacionalmente. Necesario es señalar que antes de que Chavela cantara su versión, esta canción fue un hit en Cuba en la voz de Abelardo Barroso, aunque con una letra muy diferente.

La vida alegre de La Macorina,
Un testigo de esos tiempos, el señor Segundo Curti, quien después fuera ministro durante los llamados gobiernos “auténticos” de Grau y de Carlos Prío (1944 – 1952); rememoró en una conferencia cómo la atrevida chica de manera casi diaria, solía pasear en su carro, a partir de las cinco de la tarde por una amplia y populosa zona habanera. El periplo iniciaba en Malecón y continuaba por Galiano, después tomaba Dragones, Prado y Zanja hasta la calle Infanta y allí, frente a un árbol frondoso, daba la vuelta y tomaba la trayectoria inversa.

El número musical lleva el título de La Macorina, mote que le fuera puesto a la joven de quien hablamos, de nombre María Calvo Nodarse, según algunos por un equívoco verbal. Una tarde en que paseaba oronda en su carro frente al Hotel Inglaterra, alguien exclamó: « ¡Ahí va La Macorina…! » La lengua tropelosa de un admirador que había bebido más de la cuenta, traicionó al sujeto; que en verdad quiso decir La Fornarina, (1884-1915), por entonces destacada cupletista española y popular por sus discos grabados.

Los datos de Calvo Nodarse están envueltos en el misterio que destilan las figuras míticas de cualquier época, aunque la versión más divulgada es que su arribo a La Habana fue del brazo de un galán del que luego se separó. A partir de ese momento la joven tuvo que abrirse paso gracias a su belleza.

Con mucha chispa y gracejo, ella no fue una vulgar trotacalles, sino una prostituta de altura, al estilo de las damas acompañantes de la antigua Grecia, y en el desempeño de ese viejo oficio, se codeó en el lecho con encumbrados personajes de la sociedad. Llegó a ser amante de José Miguel Gómez, antes y después que fuera presidente de la República.

«Más de una docena de hombres permanecían rendidos a mis pies, anegados de dinero y suplicantes de amor», confesaría al periodista Guillermo Villarronda, en una entrevista publicada en 1958 en la revista Bohemia.

Y la verdad de su anterior afirmación es, que según amigos, llegó a tener cuatro mansiones: en Calzada y B, en Línea y B, en Habana y Compostela y en San Miguel entre Belascoaín y Gervasio, todas ubicadas en céntricas zonas de la ciudad de La Habana. Además era dueña de varios caballos de carrera, tenía pieles carísimas, joyas valiosas y dinero en el banco, independientemente de la mesada que solía pasar a sus familiares que vivían en el interior del país.

La muerte de José Miguel Gómez en 1921 y la crisis económica mundial de 1929, fueron anuncios de su bancarrota, cuando la ruina de sus protectores y la competencia de figuras más jóvenes, la obligaron a vender todas sus propiedades.

De ella se enamoraban todos
La primera canción dedicada al personaje de La Macorina la cantó Abelardo Barroso; como ya explicamos, con letra de Antonio Torruella y Pérez, acompañado por la Orquesta Sensación, y donde se habla del mítico café Los Parados, de la calle Neptuno:

«Yo conozco una vecina
que me tiene alborota’o,
me enteré que en Los Parados
la llaman La Macorina.
(Estribillo)

Ponme la mano aquí, Macorina,
que me muero, Macorina,
ponme la mano aquí, Macorina,
que estoy loco, Macorina.
Ella gasta gasolina
en su carro colora’o,
y sigue con el tumba’o
que ella es la gran Macorina».

Localmente el número fue un éxito y trascendió un poco las fronteras.

Un tiempo después llegó de Asturias Alfonso Camín y quedó prendado de tal forma de La Macorina, que le dedicó un poema de eróticos y encendidos versos:

Tus pies dejaban la estera
y se escapaba tu saya
buscando la guardarraya
que al ver tu talle tan fino
las cañas azucareras
se echaban por el camino
para que tú las molieras
como si fueras molino.

Tus senos, carne de anón,
tu boca una bendición
de guanábana madura,
y era tu fina cintura
la misma de aquel danzón.
Después el amanecer

que de mis brazos te lleva

y yo sin saber qué hacer

de aquel olor a mujer

a mango y a caña nueva

con que me llevaste al son

caliente de aquel danzón.

La visita de la mexicana Chavela Vargas a Cuba, fue ocasión propicia para que ambas mujeres establecieran una estrecha amistad. Queriendo hacer un homenaje a la belleza de la joven, la intérprete usó los versos de Camín con el mismo estribillo de la canción que ya fuera un éxito en la voz de Barroso. Esta vez la canción se volvió un hit internacional. Resulta sorprendente que la cantante haya aseverado durante mucho tiempo que la letra había sido tomada del folklore cuando era totalmente incierto. Enterado de este embuste, el poeta Camín en cuanto tuvo la oportunidad de encontrarse con Chavela, le propinó un par de bastonazos en las costillas para que ella reconociera su mérito, y esta así lo hizo durante un tiempo, hasta que al bardo le alcanzó la muerte en 1982. A partir de ahí Chavela volvió de nuevo a las andadas desconociendo al verdadero creador del texto.

Como dato curioso te decimos que los censores de la España franquista prohibieron la famosísima canción, al entender que se trataba de una canción erótica que una mujer dedicaba a otra.

La Macorina por Chavela Vargas:
«Macorina te voy a llevar conmigo alrededor del mundo. Vas a recorrer de mi mano muchos mares y tierras lejanas. Se lo dije así y ella sonrió. Quién sabe si en ese momento me había creído, seguro que no, pero vivió el tiempo suficiente como para darse cuenta de que cumplí mi promesa. Cuando ella murió, en 1977, ya mi Macorina había ido y venido alrededor del mundo».

La Macorina, apodo que ella murió detestando, cerró sus ojos un 15 de junio de 1977, sola, pobre, casi olvidada en un humilde barrio de La Habana.





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