En Guantánamo, hasta 1871, existían focos guerrilleros, pero no se había consoli

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En Guantánamo, hasta 1871, existían focos guerrilleros, pero no se había consolidado la insurrección. Y hacia allá fue Máximo Gómez con su tropa, que incluía a jefes capaces y valerosos soldados como Antonio Maceo y sus hermanos, Paquito Borrero, Guillemón Moncada y Mayía Rodríguez.
Existía en la región más oriental de Cuba un cafetal fortificado, al que llamaban La Indiana, que servía como campamento militar y almacén de todo tipo para las tropas españolas que operaban en la zona. En toda la hacienda se hallaban unos 200 hombres entre los cuales había criollos blancos, negros y mulatos, dedicados a diferentes faenas, algunos franceses y 45 antiguos rancheadores, montañeses expertos en la caza de esclavos fugitivos y de venados, que ahora se encargaban de la seguridad y protección de la propiedad, armados de fusiles Peabody y escopetas de dos cañones,

El combate se inició en las primeras horas de la mañana y ya pasado el mediodía era alarmante la cantidad de bajas de las tropas cubanas. Gómez iba a ordenar retirada pero Antonio Maceo lo detuvo: “General, tengo a mi hermano muerto o herido grave y no lo abandono en poder del enemigo”. La respuesta de Gómez no se hizo esperar: “Si usted cae herido o muerto, yo iré a ocupar su puesto. O nos cazan a todos como ciervos, o nos apoderamos del fuerte”.

Todos los mambises dieron el paso al frente y encabezados por el hijo de Mariana, atacaron el cafetal fortificado. Mientras dos insurrectos rescataban el cuerpo exánime pero aún con vida de José Maceo, el resto con el Maceo mayor cortaba alambradas, destruía reductos y parapetos, siempre desafiando las constantes descargas de fusilería enemiga, y prendieron fuego a las instalaciones, que quedaron reducidas a cenizas.