Cinco curiosidades que sucedieron en Matanzas.

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Cinco curiosidades que sucedieron en Matanzas.

Matanzas, como toda ciudad de Cuba, tiene sus hechos curiosos que han sido recogidos aquí y allá por los cronistas a través de los tiempos. Aquí compartimos cinco de ellos que conocimos gracias al retrato exquisito que de la urbe hiciera Adolfo Dollero en su “Cultura Cubana: La provincia de Matanzas y su evolución”.

1 – Los cabildos de antaño se ocupaban de reflejar en sus actas cualquier bobería y en uno de los legajos del matancero se habla de un tal Nicolás Naranjo que, a finales del siglo XVIII, permutó un solar por un caballo viejo, tuerto y retobado (eso era lo que valía entonces la tierra en Cuba). Pero lo más increíble del asunto es que el terreno se encontraba en la misma Plaza de Armas.

2 – En 1828 el Gobernador de la Plaza prohibió so pena de multa que se le arrojaran monedas a los muchachos durante los bautizos, como era costumbre en la época, para evitar los desordenes y peleas que se formaban cada vez que sucedía esto.

3 – Cuando las calles en Matanzas todavía no tenían números la gente las encontraba por señas como las que se daban en este anuncio: “Se vende una casa en Pueblo Nuevo, la cuadra más arriba de la llave grande, doblando a la derecha, pegada al solar de la esquina”.

4 – El reglamento del alumbrado de la ciudad de Matanzas, a inicios del siglo XIX, exigía que se colocara un farol de reverbero en cada cuatro esquinas y uno en el centro de cada cuadra a la acera opuesta a la esquina donde se ponía el primer farol. Se encendía al anochecer y se apagaban a la media noche; pero cuando había buena luna no se encendían para ahorrar combustible.

5 – Al parecer algunos consideraban que los matanceros eran demasiado pacíficos para los tiempos que corrían en la centuria decimonónica y publicaron un exhorto en un periódico local que decía así: “Pueblo querido de Matanzas que aún vives en estado de inocencia y de pureza de costumbres… déjate de eso y procura formar espíritus belicosos que emprendan excursiones atrevidas…”