Home NostalgiaCuba Algunos cubanos famosos y a la vez algo desconocidos.

Algunos cubanos famosos y a la vez algo desconocidos.

Algunos cubanos famosos y a la vez algo desconocidos.
  • Manuel del Socorro Rodríguez de la Victoria nació el 3 de abril de 1758 en Bayamo, Cuba. Sus padres fueron Manuel Baltasar Rodríguez y María Antonia de la Victoria, pero su padre murió cuando aún era un niño. Rodríguez fue monaguillo de la iglesia de San Juan Evangelista en Bayamo, lo que le permitió asistir a la escuela de la Iglesia y recibir una dotación económica para su familia.
A lo largo de su vida, Manuel de Socorro fue víctima de discriminación. Pese a ser un destacado intelectual, sus contrarios no discutía sus ideas, sino que sólo lo descalificaban diciendo que era indígena, afrodescendiente y/o cubano, cuando vivió en Nueva Granada.
Por su condición social y económica, Rodríguez no pudo continuar con sus estudios en una escuela o universidad colonial. Por lo que comenzó una formación autodidacta en la que aprendió el magisterio, la carpintería, la talla de madera, el dibujo, la pintura, la caligrafía y las humanidades.
Rodríguez consiguió formar una biblioteca personal de 170 libros con la que hizo su formación autodidacta. En octubre de 1778, obtuvo el título de aptitud en humanidades por del Real Colegio de San Carlos de la Habana, gracias al cual pudo trasladarse a Santiago de Cuba en 1784.
En 1780 comenzó a dirigir a la Corona española memoriales y oficios para una pensión que le permitiera dar estabilidad a sus hermanas jóvenes y su anciana madre y financiar su viaje a España para continuar con sus estudios literarios.
En 1789, consiguió una pensión anual de 180 pesos por un empleo literario en la Corte, después de aprobar un riguroso examen de ciencias, literatura y bellas artes por parte del Real Colegio de San Carlos de la Habana.
Ezpeleta fue nombrado virrey de la Nueva Granada y se trasladó hacia Bogotá con Manuel de Socorro Rodríguez. Llegaron a Santafé de Bogotá el 18 de octubre de 1790 e inmediatamente Rodríguez fue nombrado bibliotecario público de la Real Biblioteca de Santafé de Bogotá, cargo que ocupó hasta su muerte.
El 9 de febrero de 1791, Manuel del Socorro fundó el Papel Periódico de Santafé de Bogotá, con el auspicio del Virrey Ezpeleta para construir una sociedad ilustrada, patriota y feliz. Con este periódico se inició formalmente el periodismo en Colombia. La dirección y edición siempre estuvo a cargo de Rodríguez. Pese a las dificultades técnicas, económicas y de distribución, funcionó sin interrupción hasta el 6 de enero de 1797, consiguiendo publicar 265 números.
En 1802, Rodríguez escribió “Fundación del monasterio de la Enseñanza, de monjas benitas, llamadas esclavas de la Virgen, establecidas en la ciudad de Santafé de Bogotá, el año de MDCCLXXXIII” obra que contiene datos sobre la educación y el estado social de la mujer durante la colonia.
Desde el 6 de diciembre de 1806 hasta el 4 de noviembre de 1809, Socorro de Rodríguez fundó ‘El Redactor Americana’, por solicitud del virrey Antonio Amar y Borbón. Desde el 27 de enero de 1807 hasta el 27 de noviembre de 1809, Rodríguez publicó ‘El Alternativo al Redactor Americano’, suplemento mensual de ‘El Redactor Americana’.
Rodríguez publicó “últimas noticias” desde el 24 de septiembre de 1809 y posterior cambio el nombre del periódico a “Los Crepúsculos de España y Europa”. El periódico fue publicado hasta el 1 de diciembre de 1809, según Espinosa (2016).
Luego del grito de Independencia, el 20 de julio de 1810, el nuevo gobierno dejó de pagarle el sueldo de bibliotecario. Sin embargo, Rodríguez fue miembro del Colegio Electoral de Cundinamarca y colaboró activamente en el gobierno de Antonio Nariño. El 22 de junio de 1812, Manuel del Socorro Rodríguez fue nombrado redactor de la Gazeta Ministerial de Cundinamarca.
En 1816, con la reconquista española, Pablo Morillo ordenó que Manuel de Socorro fuera arrestado en su pieza de habitación y que no se le entregara alimentos. Después de dos días de encierro y ayuno forzosos, el jefe español se presentó a interrogar Rodríguez, pensando en fusilarlo por su participación en los gobiernos rebeldes. Sin embargo, Morillo vio el retrato de Fernando VII en el salón y ordenó la libertad de Rodríguez.
A partir de ese momento y hasta su muerte, Rodríguez se dedicó a su trabajo cómo bibliotecario. En sus últimos días tuvo que vivir de la ayuda económica de la familia de Manuel de Bernardo Álvarez y de Jorge Tadeo Lozano y de la venta dibujos que elaboraba.
Manuel del Socorro Rodríguez murió el 3 de junio de 1819 en Santafé de Bogotá. Socorro Rodríguez murió en la absoluta pobreza, los habitantes de la capital tuvieron que hacer colecta para pagar su entierro y finalmente fue sepultado en la iglesia La Candelaria.
Durante la batalla de Campeche, un mulato fuerte, guía de la expedición, buscó afanosamente al capitán español Domingo Rodríguez Calvo para cortarle la nariz y las orejas en la plaza pública, porque lo había maltratado por su condición de negro esclavo y había causado su huida a una vida azarosa y rebelde en el mar, despertándole un sentimiento de odio hacia los españoles y todo lo español.
Apresado por el famoso corsario Francis Drake en su primer viaje a bordo del galeón donde se había hecho a la mar en ese año de 1572, cuando al mando de la "Persea" y la "Swan" éste asaltó y saqueó a Nombre de Dios, Campeche y Veracruz, sintió gran afecto por este famoso hombre de mar, quien lo llevó a Inglaterra y se convirtió de hecho en su primer maestro en piratería.
Entonces el joven Diego tenía quince años de edad. El mulato habanero se transformó en un experimentado aventurero del mar, aprendió perfectamente el inglés y continuó sus correrías en la nave de Drake.
Más tarde, después que su maestro pirata fue nombrado Almirante de Inglaterra, el criollo se dedicó a mandar su propio barco, con una tripulación compuesta por franceses, ingleses y holandeses, convirtiéndose en el azote de las naves de la metrópoli que navegaban en los mares cubanos, lo que se ha conocido por la constancia histórica de la campaña que realizó el gobernador de Cuba, Don Juan de Maldonado Barnuevo para capturar a Diego Grillo.
En el año 1603, cuando contaba con 45 años de edad aproximadamente, se asoció a otro no menos famoso: el corsario holandés Cornelis Cornelizon Jol, alias "Pie de Palo", con el que reconoció gran parte de la cayería cubana a principios del siglo XVII.
Hijo de negra habanera y de español, fue bautizado en La Habana, siendo su padrino el capitán español Domingo Galván Romero.
Finalizada la famosa batalla de Campeche (donde junto a "Pie de Palo" atacó la plaza con diez navíos y 500 ingleses, franceses y portugueses), cuando pasaba entre un impresionante número de cadáveres vio por causalidad el de su padrino y según testimonios de la época, mostró gran sentimiento por el cuerpo de aquel que lo había sostenido en la pila bautismal.
Su fama de sanguinario aventurero no se vio afectada por el trato caballeresco que ofrecía a las mujeres. Un episodio relacionado con Doña Isabel de Caraveo, viuda del Gobernador de Campeche, Centeno de Maldonado, lo demuestra: posterior al saqueo de ese lugar y para evitar los ultrajes a los que se veía expuesta la bella española por sus compañeros piratas, le situó una guardia personal para su protección, que le brindó un cuidado especial, desembarcándola sana y salva en las cercanías de Campeche.
Diego Grillo debió su fama también a numerosos hechos de armas. Fueron notorias las dos veces que se batió a sangre y fuego con el también famoso por su valentía, el capitán español Monasterio, aunque también se le acreditan muchos desmanes cometidos por otros aventureros del mar, cuando el odio hacia lo español vertía la sangre sin asomo de perdón.
Poco se conoce del final de este avezado pirata; su historia se perdió en el tiempo y no todos los historiadores coinciden en cuanto a los datos sobre este extraordinario salteador de los mares.
Unos plantean que Diego Grillo fue capturado y ahorcado por los españoles en el año 1673, pero al parecer fue otro de igual nombre y no menos sanguinario el que corrió esa suerte, ya que en esa fecha el mulato habanero había dejado de existir hacía tiempo, si se toma en cuenta su nacimiento en 1558, lo que hace suponer que existieron dos piratas con el mismo nombre, aunque el primero se hacía llamar Dieguillo, Diego El Mulato y Diego Lucifer.
Es posible que éste le dejara como herencia al segundo no sólo su nombre, sino su legendaria hoja de servicios, que le hizo notar en la historia naval nacional como el más famoso e intrépido pirata cubano en el largo camino del corso y la piratería en el Caribe.
  • Ramón Roa (1844-1912) nació en Las Villas. Desde su etapa estudiantil tuvo arrojos libertarios. Tanto, que a los 16 años de edad las autoridades coloniales lo forzaron al exilio. Al despedirse de sus padres rumbo a Nueva York les aseveró: «No volveré a Cuba sino con el rifle al hombro».
Rebelde contumaz, en Estados Unidos se enroló para ir a pelear en la guerra que los dominicanos libraban contra la reconquista española. Lo hizo como si se tratara de su propia Patria. Y con ardor tal que, con solo 20 primaveras, colgaron sobre sus hombros los entorchados de coronel.
Dos años después, Domingo Faustino Sarmientos -ilustre pedagogo, quien fuera luego presidente de Argentina- fue investido como embajador de su país en Washington. Allí el diplomático tuvo entre sus más cercanos colaboradores a Ramón Roa quien, para entonces, estaba de regreso en EE.UU. y trabajaba en la sede diplomática sudamericana en calidad de attaché (agregado).
A pesar de la diferencia de edades, hicieron tan buenas migas que el autor de Facundo invitó más de una vez a Roa a que lo acompañara en sus conferencias por universidades e instituciones norteamericanas. El cubano, incluso, le tradujo al inglés varios de sus textos y discursos.
Residiendo aún en Washington, Sarmiento fue informado del triunfo arrollador de su candidatura presidencial en Argentina, y el 23 de julio de 1868 embarcó hacia Buenos Aires, llevando consigo a Ramón Roa en calidad de secretario privado.
Sarmiento -el verdadero fundador de la República Argentina, según Martí- apreció mucho a nuestro compatriota. En su libro Pluma y machete, Roa cuenta que, al morir en la batalla de Curupayti el vástago de Sarmiento, el gran hombre le propuso adoptarlo como hijo en su sustitución. «Y correspondiendo a ese tierno arranque, le quise siempre como a un padre».
Enterado del alzamiento, Ramón Roa regresó a Cuba para unirse a la lucha. Obtuvo el grado de teniente coronel. Fue ayudante de los generales Ignacio Agramonte, Julio Sanguily y Máximo Gómez. También secretario de Relaciones Exteriores y Hacienda de la República en Armas.



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