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Los fantasmas que viven dentro de esa famosa sede para siempre.


Los fantasmas que viven dentro de esa famosa sede para siempre…

Por. Henry Puente.

Desde muy pequeño, Armadito, era llevado por Candita al teatro donde el elenco se maravillaba al ver lo tranquilo que permanecía viendo las funciones. Así creció y se convirtió en parte de aquella familia que fue la compañía de Pous y Sanabria.

Cuenta él, que las “apariciones” del Martí, datan de principios del siglo pasado. Se decía que Irijoa solía dejarse ver sentado en uno de los Grillé de la derecha, y que su viuda también aparecía llorando en el portón del teatro.

Pero el fantasma más notorio era el de la bailarina Carmita Ortiz, fallecida en marso de 1944. Se le veía atravesar el escenario vistiendo una bata de gasa transparente. Los serenos, entre ellos Manolo -al que Alicia Rico le llamaba “ave tonta” porque era medio entretenido- se negaba a subir al escenario y poner la luz de guardia, decía ver a esa figura salir del camerino y pasearse por el escenario. Carmita había sido una excelente bailarina que hizo pareja durante muchos años con el bailarín Julio Richard.

Entre todas las grandes figuras que pasaron por el escenario de Zulueta y Dragones, una hubo, la más pintoresca y exitosa: Alicia Rico.

Debuta en el teatro Payret con la obra de Agustín Rodríguez “De guardia a motorista”, es en ese teatro donde se produce la famosa anécdota en la que Gonzalo Roig al escucharla le dice que no le agrada su voz chillona, a lo que Alicia responde “A mí tampoco me gusta su Quiéreme mucho de mierda”, sería esta respuesta de Alicia la que los convertiría en grandes amigos para toda la vida.

Alicia Rico, fue la cómica cubana que más viajó por América y Europa. Trabajó con Carlos Gardel en New York, donde quedó contratada para filmar la película “La Tabernera del Puerto”, que finalmente se malogra por el trágico accidente del cantante argentino-uruguayo. En el cine cubano filmó varias películas: Sucedió en la Habana, Romance del Palmar, Estampas Habaneras, Mi tía de América, entre otras. Famosa por sus caracterizaciones de gallega, chismosa y en particular su creación de “la gaga”

En el año 1957, Alicia, regresa de España después de cosechar un rotundo éxito interpretando parodias de cuplés muy populares. Se le hace un homenaje en el Teatro y en medio de ovaciones que según cuentan fueron interminables, salió de la concha Antonio Valdivia, apuntador del teatro y esposo de Alicia, a darle un beso y un ramo de flores, ahí delante de todos, cayó muerto de un infarto masivo.
Al pasar el tiempo, contaban que se le veía con los libretos dentro de la concha del teatro otras veces por los laterales del escenario, y hasta en la puerta del camerino de Alicia, ella aseguraba sentirlo y con esa lengua incomparable decía: “Ya ese mari… viene a erizarme, voy a tener que darle una misa pa´que se eleve.

La tarde del 30 de diciembre de 1966, Alicia, llegó al teatro como siempre, a las seis de la tarde, no había tomado una gota de ron, quería esperar el año clara, alguien le llevó unas buganvilias y le dijo a Candita: “Pónselas ahí a Sta. Bárbara, no sea que me muera yo esta noche”.

Se ponía en escena las obras Gracias Doctor y Yo soy aquella, ambas de Núñez Rodríguez. En el cuadro de la rumba, Núñez le dijo: “Ve suave y no bailes mucho”, ella le respondió “No jodas chico, a la gente le gusta”.

Esa función fue apoteósica, Emilito Peñalver -director de la orquesta que conocía de la patología cardíaca de Alicia-, le ordenaba una y otra vez que hiciese mutis, pero ella ante aquel teatro de pie pidiendo vis, no hacía caso. Tres veces bajó y subió el telón ante aquel show de Candita y Alicia bailando rumba.

Terminó la obra y como siempre, saludos, risas, felicitaciones por el nuevo año y hasta abrazó a Cuca Tellechea, después de años sin dirigirle la palabra.
Candita le pidió a Armando que la acompañara hasta la puerta del teatro, él, cuenta que junto a Carlos Montezuma y Castellano se dirigieron hacia la entrada del teatro por el lateral de la platea y que al llegar al vestíbulo Alicia cayó muerta de un infarto. Murió como ella quería, en su teatro.

A los 3 años se comenzó a comentar que la veían sentada en la luneta donde acostumbraba en ocasiones descansar.

Cierto o no, estas historias solo atestiguan cuán importante fue el Martí para todas estas grande figuras que hicieron de nuestro teatro vernáculo, uno de los más importantes de Latinoamérica.

Gracias a Armando Ibarra por regalarme estas anécdotas, estoy seguro que, cuando él parta irá a formar parte de esa “compañía de esencias” que cuida celosamente nuestro teatro Martí. Me gustaría ganarme un lugarcito entre esos telones que tantos momentos significativos me han propiciado, ¡Cundo llegue el momento, no ahora!

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