ESCRITURA SIGNADA Hace ya muchos años el periodista Federico Torres, del periód

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ESCRITURA SIGNADA

Hace ya muchos años el periodista Federico Torres, del periódico habanero El Triunfo, debió entrevistar al doctor Juan José de la Masa y Artola, líder del Partido Conservador en el Senado, sobre una candente cuestión política entre conservadores y liberales. Torres puso el cuestionario en manos de su entrevistado con antelación y el día de la entrevista tomó taquigráficamente sus respuestas. Lo hizo con la mayor fidelidad, pero como las declaraciones levantaron ronchas entre los incondicionales del general Menocal, entonces en la presidencia de la República, Masa y Artola trató de desmentir al periodista y hubo hasta un conato de duelo entre ambos. La sangre no llegó al río porque un jurado de peritos taquígrafos analizó el taquigrama y dio la razón al entrevistador.

La taquigrafía entró en desuso cuando proliferaron las grabadoras manuables, que van quedando también atrás con la aparición de otros medios de reproducción más manuables aun y más prácticos, pues hasta para tomar fotos sirven. En la antigua Roma, el esclavo Marco Tulio Tirón tomó en taquigrafía las Catilinarias de su amo Cicerón. Aun así, ya era en ese tiempo un invento viejo, porque algunos aseguran que nació mucho antes en Egipto.

En la Edad Media, la taquigrafía pareció extinguirse. Resurgió en Inglaterra cuando, en 1786, Samuel Taylor, profesor de la Universidad de Oxford, ideó un sistema de escritura signada. Pasó a Italia, Suecia, Alemania… hasta que en 1800, el valenciano Francisco de Paula Martí dio a conocer el primer tratado de taquigrafía española, del que se derivaron numerosos métodos.

En Cuba se conoció la taquigrafía casi al mismo tiempo que en España. En 1804 el catalán Jaime Florit estableció en La Habana una academia para enseñarla, y tuvo entre sus discípulos nada menos que al Obispo Espada. En 1900 se creó una academia de taquigrafía y mecanografía en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana y se le confió al doctor Frank Betancourt, que diez años antes había introducido la mecanografía en la Isla.