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Lo prometido es deuda. Esto lo dedico a los manzanilleros sobre todo. Aquí los d

Lo prometido es deuda. Esto lo dedico a los manzanilleros sobre todo. Aquí los dejo con un pedacito de su rica historia.

La Marcha de Manzanillo

Unos de los episodios menos conocidos en la vida de Carlos Manuel de Céspedes es la autoría de una marcha de guerra. El 4 de octubre de 1868, en su ingenio la Demajagua escribía las notas de la Marcha de Manzanillo. Céspedes y los patriotas nucleados en Manzanillo se habían convertido en el ala más radical de la conspiración. Unas de las grandes contradicciones era la fecha del alzamiento, la propuesta de Aguilera y del Camagüey era para el 24 de diciembre, a fin de terminar la zafra azucarera y recoger las ganancias para la inversión en la guerra. La impaciencia y la sombría sospecha de una posible delación y la represión continua de las libertades de España a los criollos eran las principales razones de Céspedes.

En la zona de Santa Gertrudis, el 2 de octubre Francisco Vicente Aguilera se reúne con Céspedes, ante la eminente precipitación que se gestaba en la Demajagua. Aguilera, hombre prudente y reflexivo, que era el presidente del Comité Revolucionario y aceptado como líder de la conspiración en Oriente y Camagüey, intentó disuadir a Céspedes, logrando solo una endeble promesa para el 14 de octubre. El alzamiento estaba concebido para que fuera masivo y simultáneo, asumiendo Céspedes y sus allegados la tarea de tomar Manzanillo.

Hombre de vasta cultura, sabía la importancia de los elementos simbólicos. Hasta este momento pensaba adoptar la bandera de Narciso López, sin embargo varios avatares troncharon la decisión que dio paso a una nueva bandera confeccionada el 9 de octubre. Sin embargo necesitaba una marcha de guerra. Siendo su principal amigo personal Perucho Figueredo y además suegro de unas de sus hijas, es innegable que sabía de la composición “La bayamesa”, más se sentía en la obligación de dotar al alzamiento local de un clamor de guerra propio y enardecido.

Escritor de decenas de poemas y canciones, el mismo 4 de octubre redactaba una marcha de dos estrofas y un estribillo. Vigoroso y patriótico escribe los versos, resalta que introduce el machete como arma de guerra, muchísimo antes que se pensara que esta arma sería la regular del Ejercito Libertador. Los acontecimientos posteriores son bien conocidos la precipitación del alzamiento y la derrota en Yara.

Obsesionado Céspedes por triunfar se disponía armar las tropas de nuevo y seguir hacia Manzanillo, buscando el levantamiento masivo de la ciudad. Convocado Luis Marcano en su auxilio, un dominicano que tenía vasta experiencia como militar y con trecientos hombres, le aconsejó que el plan del ataque a Manzanillo no era prudente. La posibilidad de ser atacados desde el mar por la marina española, la presencia de fortificaciones, la incertidumbre del apoyo local ante la gran presencia de peninsulares adeptos a la corona. Marcano aconsejó que Bayamo fuera la ciudad elegida, por ser más estratégica, tener menos fortalezas militares y gran núcleo de conspiradores. Céspedes fue persuadido y aceptó el ataque a Bayamo y a palabras de los presentes la Revolución fue salvada.

Fue entonces como perdió utilidad la marcha (aún no tenía orquestación musical) y se especula que de tomarse la ciudad, tendría hoy la suerte de ser el himno nacional. En una página del Cubano Libre, en su número 30 y fechado el 26 de noviembre se publicó la Marcha. Sin embargo dormitó en el olvido un siglo, hasta que en 1974 los enjundiosos investigadores cespedianos Hortensia Pichardo y Fernando Portuondo lo rescataron de aquellas páginas del Cubano Libre.

MARCHA DE MANZANILLO

Letra: Carlos Manuel de Céspedes

Estribillo

Ese astro bello que rutilante

En la ruisenha mañana asoma

Sobre la cima de la alta loma

Ese es el sol de la libertad

El con su fuego inflama los pechos,

Por nuestra patria y ley combatamos,

Antes que esclavos muramos

Bajo el pendón de la libertad

Primera Estrofa

Vuestros Machetes blandid con fuerza

Manzanilleros, id al combate

De miedo nunca, más brioso late

El corazón por la libertad

Sólo en la fuga inútil amparo

Buscan sin glorias viles tiranos

¿Cómo podrá caer a sus manos

El que defiende la libertad?

Segunda Estrofa

Y brilla el día que deseabais:

Nuestros verdugos tenéis delante

Que desaparezcan en un instante

De este suelo de libertad

¡Libertad! Santo nombre que impera

Haz tu que Cuba venza la España

Con solo el grito de libertad.

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