Historia del niño de la bota Infortunada.

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Historia del niño de la bota Infortunada. Santa Clara, Villa Clara. 👱👢😊

Si preguntamos a los santaclareños sobre cuántas variantes del Niño de la Bota han pasado por nuestro parque Leoncio Vidal Caro a través de su historia, unos le responderán “uno” otros “dos”, tal vez alguno mejor informado conteste “tres”, pero de seguro, por muy bien enterado que esté el interrogado, se le ocurrirá decir “cinco”, y sin embargo, ese ha sido el número de cambios adoptados por nuestro querido Niño, devenido hoy símbolo de la ciudad.

EL PRIMERO

El Niño hace su aparición en la historia local con motivo de la remodelación del parque comenzada en 1923 y concluida en 1925, se cuenta que su figura apareció en un catálogo de sugerencias de una famosa casa de venta de objetos de artes, la J. L. Mott Company, de New York donde la encontró y seleccionó el coronel Francisco López Leiva para que se instalara en una fuente diseñada por él, se compró e hizo trasladar a Santa Clara.

Ya el 15 de julio de 1925, cuando se inaugura el parque Vidal remodelado, con el monumento a Marta Abreu, la pérgola y las noventa farolas que lo iluminaban, el Niño de la Bota, construido con una mezcla de calamina, estaba ahí.[1] Su compra, traslado e instalación se afirma costaron $ 731.83.

Según el investigador Ariel Lemes Batista: «Han sido varias anécdotas alrededor de esta estatua. Unos plantean que representa un golfillo con rasgos afrancesados; otros, un chico harapiento jugando con su botica rota. Pero, la realidad es muy diferente: el monolito reproduce a los chicos que acompañaban las tropas del ejército norteño en la guerra civil entre el norte y el sur de los Estados Unidos. Estos chicuelos marchaban tocando tambores, por lo que se les llamaba “drummer boys”, o sea, niños tamborileros.

«Al terminar las batallas, llevaban el preciado líquido a los heridos. La mayoría de las veces, en sus botines. En recordación a ellos se manda a fabricar una estatuilla a Italia y a partir de ella la ya mencionada casa J. L. Mott hace alrededor de 23 copias a una escala mayor y las comercializa».[2]

portada catalogo
Portada del catálogo de la casa J. L. Mott.

Todavía no sabemos si ya el niño era “de la bota infortunada” cuando se instala en 1925, esto hoy es muy difícil de precisar dado lo escasa de las fuentes de consulta, pero pronto ocurriría un suceso que bien pudo caracterizar a la Bota de esta forma si aún no lo estaba.

EL SEGUNDO

El 1ro de febrero de 1926 se publica el primer número de la revista Villaclara y escoge como diseño de cubierta una foto del Niño de la Bota, pero en ella la bota tiene otra posición con respecto a la original, ahora está hacia adentro. ¿qué le habrá sucedido a la original? En la referida publicación aparece un artículo titulado “El Chico de la Bota” firmado por Crescencio Rodríguez Rivero en noviembre del año anterior, en él celebra tener tan tierna imagen en el parque, aunque confiesa no saber lo que significa y en ningún momento califica la bota como infortunada[3]

El chicuelo esta viviendo una época de esplendor, un mes más tarde, en el número correspondiente al 15 de marzo de 1926 otra vez la revista Villaclara hace alusión a él, ahora en una sección titulada “Nuestras Portadas”:

“La portada del primer número representa un asunto de nuestro elegante Parque Vidal: la fuente con su símbolo de la “Bota Infortunada” y el Palacio Provincial de fondo”[4]

Como observamos se omite al niño y ahora la bota y su infortunio pasan a darle nombre a la estatuilla ¿Cuál infortunio? ¿el de estar averiada o el del percance ocurrido entre finales 1925 y principios de 1926 que como muestran las imágenes le hizo cambiar su orientación?, no nos ha sido posible precisarlo con certeza. Pero…dos números más tarde la propia revista publica una poesia titulada: “El Chico de la Bota Infortunada” con el subtitulo de “En la Fuente del Vidal”, de la autoría de Fabio Martinez Ramirez, donde utiliza las dos denominaciones entrecomilladas, el chico de la bota y el chico de la bota infortunada, refiriendose tambien a la “botica remendada” :

Con un gesto de pillete de lejanos arrabales
Hay un chico encaramado en la fuente del Vidal,
Sujetando en su manita; ignorante de los males;
Una bota que derrama tenues hilos de cristal.

Es el “Chico de la Bota”, que alejado de la vida
Y de tanto drama burdo que se trama junto a él,
Sonriente y resignado, tiene siempre suspendida
La botica remendada que le dio el destino cruel.

Cuando cruza la negrura de la noche pueblerina
De la Luna un rayo leve, vaporoso, hasta fugaz,
Tal parece que es la novia, que entre gasas y neblina,
Manda un beso, enamorada, a su cándido rapaz.

Y es feliz este “Chico de la Bota Infortunada”,
Porque su alma —que es de bronce— permanece acariciada
Por las cálidas ternuras de su novia: la Ilusión.
Mientras cerca de su dicha, cuánta pena hay escondida
En las fibras tormentosas del humano corazón.[5]

Lo del remiendo de la botica “que le dio el destino cruel” ¿se referirá a algún accidente ocurrido entre las fechas de las imágenes observadas o sería por estar averiada en los sitios por donde sale el agua?

En junio del 26 aparece la composición poética “El Parque Provinciano” de José Antonio Pascual y en su primera cuarteta dice:

El parque provinciano en noche de retreta.
Lo mismo visto siempre, los mismos decorados.
El Niño de la Bota, la fuente, la glorieta,
Conyedo y Marta, bronces y mármoles sagrados.[6]

Aquí ya es el Niño de la Bota no el “Chico”. A finales de 1926 se deja de publicar la revista Villaclara y cuando reinicia sus ediciones el 15 de junio de 1928 reproduce la portada de su primera edición, al comentar este hecho refiere:

“Al reaparecer VILLACLARA, ha tenido la buena idea de escoger entre las bellas portadas que usó en su primera época, la que figura en su número inicial. Esto es, EL CHICO DE LA BOTA INFORTUNADA.

“Y hemos elegido esa portada, primero, porque ella es un trozo admirable de nuestro parque Vidal, orgullo de los villaclareños y admiración de extraños […]”[7]

En otra fotografía[8] de la época podemos observar lo cierto de los criterios emitidos por la revista.

niño bota finales de años 20
El Niño de la Bota, finales de los años 20.

El Chico de la Bota, La Bota Infortunada, El Chico de la Bota Infortunada o el Niño de la Bota, caló profundo en el sentir de los santaclareños de los años veinte, así sería por varios años hasta que a finales de los treinta:

“[…] por méritos bastardos amparados por la política, se convino, se logró con vistas a mejor modificación, que fuera suprimida “La Bota Infortunada” por el busto del Apóstol que debía colocarse allá por el Parque de los Mártires en una nueva construcción o ensanchamiento…internándose ilimitadamente al rapazuelo con su bota deteriorada en un rincón del Municipio […]”[9]

El busto de Martí, como se puede apreciar en la imagen,[10] se colocó sobre la misma fuente donde había estado la estatuilla.

EL TERCERO

El Niño se guardó en la casa del Ayuntamiento. En 1941 se publica “El Álbum de las Villas” y en el ya se habla del busto a Martí en el parque Leoncio Vidal Caro y por ningún lugar se menciona al Niño de la Bota.[11] Pasarían varios años hasta que en 1951 las autoridades municipales toman el acuerdo de reponer al Niño en el parque, el periódico “El Pueblo” se hace eco del suceso, y en su edición del 19 de febrero de ese año presenta el siguiente titular a todo lo ancho de la primera página: «Restituye el Ayuntamiento al Parque Vidal, “El Niño de la Bota Infortunada”» y en un artículo en la sección “Ahora”, firmado por Tomás Pedrosa Raimundo, comenta lo acertado de la decisión:

«[…] que hace regresar a ese sitio prominente de nuestra ciudad la figura escultórica del “Niño de la Bota Infortunada” la fuente preciosa, risueña, de arte convencional que acostumbró a los villaclareños a contemplarla con sus aguas cantarinas llenas de poesía pueblerina […]»[12]

El articulista además manifiesta que el Niño había sido retirado desde hacía más de una década y que el busto a Martí sería instalado en el parque infantil de la Sociedad Leones Rotarios.

En 1954 se publica por el Ayuntamiento: “Santa Clara. La ciudad de Marta. Libro de Oro”[13] donde incluye en la página “Monumentos” una fotografía del “Niño de la Bota”, en la cual se puede observar que el Chico se encuentra en la misma fuente y nuevamente la bota está hacía delante, como en la original de 1925. De esta forma permanecería hasta 1959.

EL CUARTO

Al triunfo de la Revolución se decide rediseñar el parque, desaparecen las oprobiosas barreras que separaban los paseos para las personas blancas y negras, la pérgola; se cambia de lugar el busto del coronel Leoncio Vidal Caro, que señalaba el sitio donde el mismo había caído. El Niño de la Bota se traslada unos metros más al oeste, frente al teatro La Caridad, y se colocó en una especie de botecito de granito gris y verde que para ese efecto se construyó.

Como se aprecia en la fotografía[14], El niño es bastante parecido al anterior y al de 1925, aunque puede ser que la bota haya sufrido pequeños cambios. Pero…la alegría no duraría mucho.

EL QUINTO

Según el investigador Ariel Lemes: “En 1969 desaparece aquel lindo manadero y su primorosa imagen central: el niño tamborilero, tras serle arrancado y perdido el botín y poco después, destruido ambos pies. Así, al no poder sostenerse y quedar yacente, sin funciones como magnífico ornamento público, fue retirado del lugar. Sus restos fueron donados al Museo Provincial, el 7 de octubre de 1970, por el ciudadano Jesús Velazco Fernández.”[15]

Veinte años después con motivo del tricentenario de la ciudad, en 1989, y en medio de un renacer de las tradiciones, es colocado nuevamente en el parque, en el lugar tradicional, él nunca olvidado Niño de la Bota Infortunada, esta vez en una réplica de bronce. Obra, según se dice, del escultor José Delarra. Ahora la punta de la bota no está ni hacia delante ni hacia atrás sino paralela al niño un poco inclinada hacia delante.

MÁS NIÑOS DE LA BOTA…

Pero no en Santa Clara. Recordemos que la casa J. L. Mott hace alrededor de 23 copias gemelas del Niño, varios cronistas se han preguntado por el destino de las mismas, un investigador santaclareño, Ángel Cristóbal García, ha seguido la pista y encontrado varias:

“Actualmente —sin contar por supuesto las colecciones privadas—, se encuentran estatuas del chiquillo en: Sandusky, Ohio; Winnipeg, Canadá; Houlton, Maine; Helena, Montana; Cleethorpes, Inglaterra (en el memorial de la Princesa Diana); Caracas, Venezuela; Santa Clara, Cuba; Estocolmo, Suecia; Stevens Points, Wisconsin; y posiblemente otras 20 localidades del mundo […]”[16] A continuación mostramos algunas de ellas.

Cuenta también Ángel Cristóbal, que aparecieron a fines del siglo XIX y principios del XX, la mayoría ha sufrido transformaciones, se pueden encontrar en calamina, hierro, bronce, yeso, cerámica y cemento; de algunos se conoce que los originales fueron comprados a la misma casa J. L. Mott. Todos son considerados patrimonio local, alrededor del cual, como aquí, se tejen diversas historias.

EL NUESTRO ¿LLEGÓ PARA QUEDARSE?

Sí, sin duda, pues hoy es todo un símbolo de la ciudad y por doquier se le puede ver como logotipo en los anuncios del comercio particular, estampado en aluminio en bancos de los parques, cubiertas de libros referidos a la ciudad, hasta se publicó uno de ellos dedicado a los niños con el título de “Con el Niño de la Bota” del escritor Luis Cabrera Delgado y en la “Síntesis Histórica de Santa Clara” (2010) se reproduce su imagen a todo color y se le da el tratamiento de “icono de la ciudad”.

Esperamos, aunque tal vez nunca podamos conocer si ya desde los inicios era de la Bota Infortunada o sencillamente de la Bota, hayan cesado todos sus infortunios y aunque no a la tercera, a la quinta haya sido la vencida. Ojalá, este que hoy adorna nuestro parque central, perdure mientras exista Santa Clara, convirtiéndosenos en el Afortunado Niño de la Bota Infortunada.

La tarjeta postal que mostramos, archivo de los autores, está firmada y enviada el 16 de junio de 1925.

[2]Ariel Lemes Batista. El niño de la bota infortunada: mitos y realidades en Cartacuba, boletín cultural, No 35. Julio de 2002. Santa Clara. Pág. 7. Otro trabajo que también aporta sobre la historia del niño de la bota es el de Alexis Castañeda Pérez de Alejo titulado “Del pueblecito de Santa Clara” Revista Signos No 48. Santa Clara.2003. Pág. 49. La foto de la portada del catálogo es cortesía de Rafael Pérez González

[3]Ver Crescencio Rodríguez Rivero. El Chico de la Bota. Revista Villaclara. Santa Clara 1 de febrero de 1926. Año 1. No 1. Sin números de páginas. Colección del Archivo Provincial.

[4]Revista Villaclara. Santa Clara 15 de marzo de 1926. Año 1. No 4. Sin números de páginas. Colección de Rafael Pérez González.

[5]Revista Villaclara. Santa Clara 15 de abril de 1926. Año 1. No 6. Sin números de páginas. Colección de Rafael Pérez González. Las palabras entrecomilladas aparecen así en el original.

[6]Revista Villaclara. Santa Clara 1 de junio de 1926. Año 1. No 9.Pág. 10. Colección de Rafael Pérez González.

[7]Revista Villaclara. Santa Clara 15 de junio de 1928. Año 1. No 9. Sin números de páginas. Colección de Rafael Pérez González.

[8]Tomada del Blog de Carlos Alberto Casanova. http://casanovacarlos.blogspot.com/…/la-plaza-parqueel-parq…

[9]El Pueblo, periódico villareño de noticias. Año XVIII. Santa Clara, Lunes 19 de febrero de 1951. No 246. Pág. 1. Colección de Rafael Pérez González.

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[10]La fotografía es cortesía de Juan Manuel Fernández Triana.

[11]Ver: Villas Las: Álbum Resumen Ilustrado. Imp. Milagrosa. Habana. (Sin números de página).1941.

[12] El Pueblo, periódico villareño de noticias. Año XVIII. Santa Clara, Lunes 19 de febrero de 1951. No 246. Pág. 1. Colección de Rafael Pérez González.

[13]Ver: Santa Clara. La ciudad de Marta. Libro de Oro. Talleres Gráficos del Colegio de las Antillas. Santa Clara. 1954. Sin números de página.

[14]En la foto aparecen, de izquierda a derecha Claritza Águila Roque, Rosa Ana Roque Martínez, y por último Ana Rosa Águila Roque, actualmente especialista de la Sala de Fondos Raros y Valiosos de la Biblioteca Provincial Martí, quien gentilmente nos la proporcionó de su archivo particular, cuando ya habíamos perdido casi la esperanza de encontrar una. Muchos investigadores manifiestan que el Niño de la Bota desapareció del parque en 1959. La foto en el reverso tiene escrito 1960.

[15]Ariel Lemes Batista. El niño de la bota infortunada: mitos y realidades en Cartacuba, boletín cultural, No 35. Julio de 2002. Santa Clara. Pág. 7.

[16]http://letraslatinas.blogspot.com/…/una-compania-de-ninos-d…. También se puede consultar otro trabajo del mismo autor en: http://letraslatinas.blogspot.com/…/la-verdadera-historia-d…

Por Francisco A. Ramos García y José M. Dorta Suárez